Sin apenas una alusión a la corrupción, el discurso de Mariano Rajoy con el que ha clausurado el XVIII congreso de su partido ha girado en torno a dos ejes: la gobernabilidad de España y el desafío independentista de la Generalitat. Ante un auditorio entregado, el presidente del Gobierno ha prometido que no «tratará ni comerciará» con un proceso secesionista «que conduce a la fractura de España».

Antes de entrar en materia catalana, Rajoy ha rememorado los hitos de su gobierno y se ha centrado en la legislatura actual, en la que pide «sensatez» a los partidos de los que depende la «gobernabilidad». «Necesitamos ayuda, pero no será fácil lograrla», ha subrayado. «Tenemos un acuerdo decisivo con Ciudadanos y Coalición Canaria para formar gobierno. De las demás fuerzas políticas no sabemos nada en concreto y no es fácil saberlo», ha añadido. «No dijeron sí en la investidura para no dar un paso más de lo indispensable. Pudimos formar gobierno pero sin garantías de gobernabilidad, que se supeditó a nuestra capacidad de diálogo. Confío en que se imponga la sensatez, necesitamos estabilidad y certidumbre, que el gobierno pueda gobernar», ha dicho en presencia de Begoña Villacís y Miguel Gutiérrez, dirigentes de Ciudadanos, y de la diputada de Coalición Canarias, Ana Oramas. En cambio, no ha acudido ningún representantes del PSOE.

Las palabras del presidente popular, que el sábado fue reforzado por abrumadora mayoría, han sido un canto al diálogo. «Sabemos gobernar a las duras y a las maduras. Hemos recibido un mandato para el el entendimiento. Pero éste no solo se dirige al partido en el gobierno, sino a todos, todos. España es responsabilidad de todos», ha sostenido el presidente popular, que ha reconocido que el PP está obligado a gobernar de otra manera, adaptándose a las circunstancias, analizando qué acuerdos son posibles y cuáles no lo son. Aunque con un límite: «Un dialogo que exigirá concesiones, algunas no serán posibles, será una insensatez tirar por la borda los sacrificios. Queremos un dialogo para mejorar, no desandar lo ya andado».

Ese diálogo, ha reiterado, «no puede tomarse como una oportunidad para el desmantelamiento, sino como una herramienta para asegurar la recuperación económica y la creación de empleo. El peor error, es dar marcha atrás en las reformas». Y es más, ha asegurado no tomarse su explícita voluntad de diálogo «como un peaje» sino como la esencia, la raíz, de lo que debe ser la política.

Rajoy: del entendimiento a la cuestión catalana

Rajoy ha asegurado que no va a «tratar ni comerciar» sobre un proceso secesionista que «pasa por encima de la Constitución», conduce a la «fractura de España» y a la «liquidación de la soberanía nacional». «Nadie nos puede pedir que seamos cómplices de esa arbitrariedad y no lo vamos a hacer», ha remarcado el líder el PP en el discurso de clausura del XVIII congreso del partido, para subrayar que el proceso secesionista catalán «es un disparate».

Rajoy ha advertido además que «un proceso de secesión no es una poda agradable hecha por un amable jardinero, sino un amputación terrible y dolorosa que no hay cirujano que salve». Y ha incidido en que nadie puede reclamar al Gobierno, y menos un responsable político, que incumpla la Constitución y la ley, que es lo que supondría separar Cataluña de España cuando la soberanía corresponde a todos los españoles.

En definitiva, «España no dejará de ser España» y no permitirá «ningún referendum» que pretenda romperla.

Ya para terminar, y con alusiones frecuentes al cónclave de Sevilla de 2012, en plena crisis económica, ha recordado como entonces «pedía fe, porque teníamos las  manos vacías y los acreedores llamando a la puerta».  Ahora dice no necesitar de esa fe porque los españoles «tienen el futuro delante de sus ojos», de tal suerte que «vivimos una primavera tibia pero llena de promesas». Cada día será mejor que el anterior, ha dicho. Para ello es necesaria la «perseverancia», mantener el impulso «hasta que el barco esté amarrado al puerto, y lo estará».