Los competidores de Pedro Sánchez y los que, desde su posiciones de poder, le ven como un peligro, creen haber encontrado el arma de destrucción masiva contra el candidato que amenaza el statu quo: «Con tal de llegar al poder es capaz de todo, incluso de poner en riesgo la unidad de España».

Algunos de los que agitan ese fantasma defienden al mismo tiempo los pactos de gobierno con Podemos en sus autonomías o la firma del acuerdo del PSE con el PNV, que va mucho más allá de lo establecido en la Declaración de Granada a la que todos, desde Susana Díaz al propio Sánchez, se agarran como si fueran las Tablas de la ley. Esa concurrencia argumental para atacar al ex secretario general socialista no es más que la manifestación de que, pese a afirmar que no tiene ninguna opción de ganar, le temen.

Desde luego, en el documento Por una nueva socialdemocracia, presentado el pasado lunes en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, no hay nada que apunte a una revisión sustancial de la posición que tradicionalmente ha mantenido el PSOE respecto de la estructura del Estado; es decir, respecto a la unidad de España. Dice el citado manifiesto: «Ante esta situación (las tensiones relacionadas con la organización territorial del Estado), los socialistas entendemos que el federalismo, con sus premisas de cooperación, colaboración y solidaridad, como se definen en nuestra Declaración de Granada, puede y debe ser la solución de una España orgullosa de su diversidad y comprometida con el autogobierno de las Comunidades que la integran. Una reforma constitucional federal, manteniendo que la soberanía reside en el conjunto del pueblo español, debe perfeccionar el reconocimiento del carácter plurinacional del Estado apuntado en el artículo 2 de la Constitución».

Los que atacan a Sánchez por ser un peligro para la unidad de España defienden los pactos con Podemos en sus autonomías

Ante las suspicacias del término «plurinacional», punto de apoyo de los que creen haber encontrado el talón de Aquiles de Sánchez, el equipo del ex secretario general desempolva un párrafo de la Ponencia Constitucional redactado por Gregorio Peces-Barba: «La existencia de diversas naciones o nacionalidades no excluye, sino todo lo contrario, hace mucho más real y más posible la existencia de esa Nación que para nosotros es fundamental, que es el conjunto y la absorción de todas las demás y que se llama España».

El otro argumento supuestamente demoledor de los que le ven como un peligro también para la unidad del PSOE (además de la de España) es que tiene en mente un plan para pactar con Podemos y así poder llegar a Moncloa. En el documento al que antes me he referido no se habla explícitamente de Podemos, pero sí hay alusiones a «otras formaciones de izquierda». Respecto a ellas -y es evidente que alude a la formación que lidera Pablo Iglesias-, el manifiesto del Bellas Artes señala que «no se puede entrar en colisiones frontales, ni mimetizarse con ellas». Y añade: «Lo fundamental son las alianzas que hagan las reformas realizables, alterando la correlación de fuerzas existente».

Está claro, por tanto, que Sánchez está abierto a pactos con Podemos con el fin de lograr reformas o acuerdos electorales que hagan posible un cambio de gobierno. Pero la realidad es que, como decía Eduardo Madina en estas mismas páginas, el PSOE, el PSOE de la Gestora, ha votado en esta legislatura más veces con Podemos que con el PP. Por tanto, ese no es un hecho diferencial entre el PSOE que comanda Javier Fernández y el que, si ganara, lideraría Sánchez.

Lo sustancial es si Sánchez está dispuesto a todo a cambio de alcanzar la Moncloa. En su día, cuando era todavía secretario general, Sánchez pudo ser investido presidente si hubiera accedido a la celebración de un referéndum en Cataluña, tal y como le pidió en diversas reuniones Joan Tardá y como exigían tanto Irene Montero como Íñigo Errejón en las reuniones mantenidas entre Podemos y el PSOE tras el fracaso del pacto con Ciudadanos de la pasada primavera.

Se puede seguir dudando de sus verdaderas intenciones, pero, al menos, lo que dice su entorno es inequívoco: «Pedro nunca cuestionará la unidad de España a cambio de ser presidente».