Por primera vez desde su elección Donald Trump ha dejado atrás el tono mitinero  para dirigirse a los estadounidenses como su presidente. En la primera sesión conjunta del Congreso desde su llegada a la Casa Blanca, Trump expuso «su visión» y su agenda para América. «Ha terminado el tiempo de pensar en pequeño. Dejamos atrás el tiempo de luchas triviales… Pido a todos los ciudadanos que se unan a esta renovación del espíritu americano. Pido a los miembros del Congreso que me acompañen y se unan para soñar a lo grande, y hagan posible lo mejor para nuestro país», proclamó un Trump presidencial y firme en sus convicciones.

«Mantenemos nuestras promesas con el pueblo americano», señaló con firmeza. En su discurso, de factura mucho más cuidada y con novedosos guiños a la unidad de demócratas y republicanos, insistió en defender su agenda proteccionista y nacionalista, aludió a la desastrosa herencia recibida y volvió a justificar sus decisiones anti inmigración, como el muro en la frontera con México o el veto a los originarios de siete países de mayoría musulmana, en defensa de la seguridad y del empleo. A su vez reconoció que era necesario reformar el sistema de inmigración y se mostró favorable a un programa de méritos.

Después de 40 días caóticos en la Casa Blanca, Trump compareció ante los congresistas de las dos cámaras en son de paz. O casi. Su objetivo es inaugurar «un nuevo capítulo de la grandeza de América», y para ello el país ha de recuperar la fortaleza económica y la militar. «Somos testigos de la renovación del espíritu americano. Nuestros aliados sabrán que América está preparada de nuevo para ejercer el liderazgo», dijo Trump, después de condenar los ataques a centros judíos y un tiroteo en Kansas, hechos que «nos recuerdan que somos una nación que puede estar dividida en política, pero permanece unida en la condena del odio y el mal en todas sus formas».

Nuestros aliados sabrán que América está de nuevo preparada para ejercer el liderazgo»

El Trump más narcisista se vanaglorió de sus primeros 40 días en el cargo, en los que aseguró que ha conseguido millones en inversiones y promesas de decenas de miles de puestos de trabajos, ha propiciado que la bolsa gane casi tres billones de dólares y ha logrado ahorro sustanciales al renegociar la compra de nuevos F-35. También ha empezado a luchar contra la corrupción al imponer límites a los lobbys. Y, sobre todo, ha impulsado la desregularización en todas las agencias estatales.

Entre sus logros sorprendió que incluyera el acuerdo con el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, para ayudar a las mujeres emprendedoras. También se refirió a Canadá en otro momento del discurso para poner como modelo su sistema de méritos para aceptar inmigrantes, aunque olvidó mencionar que el vecino del norte se mostró dispuesto a acoger a los inmigrantes afectados por el veto a los siete países de mayoría musulmana que pretende imponer.

Defendió una vez más la necesidad de reforzar las leyes migratorias y la seguridad en las fronteras. Aseguró que, al hacerlo, «elevaremos los salarios, ayudaremos a los desempleados, ahorraremos miles de millones de dólares, y haremos nuestras comunidades más seguras para todos».

Y volvió a aludir a la construcción del muro en la frontera sur. «Lo empezaremos a hacer pronto, y cuando esté concluido será un arma muy efectiva contra las drogas y el crimen», afirmó, si bien no aclaró quién lo pagaría. EEUU y México viven la peor de sus crisis por esta razón hasta el punto de que el presidente Enrique Peña Nieto canceló una visita prevista a la Casa Blanca por la insistencia de Trump con que el muro se hará y lo pagarían los mexicanos.

El muro se empezará a construir pronto y será un arma efectiva contra las drogas y el crimen»

Quiso hacerse entender ante los congresistas más críticos sobre estas medidas anti inmigración planteándoles una cuestión retórica: «¿Qué le dirían a una familia americana que ha perdido sus empleos, sus ingresos, o incluso a un ser querido porque América no ha cambiado sus leyes y ha defendido sus fronteras? Nuestra obligación es defender a los ciudadanos de EEUU». A su vez, anunció la creación de una oficina llamada Voice (Víctimas del compromiso con el crimen migratorio) para la atención a quienes han resultado afectados por delincuentes indocumentados.

Así pues, Trump sigue equiparando inmigrantes con delincuentes. o bien en el mejor de los casos son empleados de baja cualificación que ponen en peligro los empleos de los americanos. Sobre los derechos de los mejor cualificados estaría dispuesto a hablar con los demócratas en un pacto sobre inmigración que ha empezado a esbozar.

En esta misión de proteger América, explicó también las restricciones del veto a los siete países de mayoría musulmana. «No sería compasivo, sino imprudente, permitir una entrada incontrolada desde aquellos países donde no hay controles… No podemos permitir que nuestra nación se convierta en un santuario de extremistas», afirmó. En ese sentido, se refirió al plan que el Departamento de Defensa está poniendo en marcha «para demoler y destruir el autodenominado Estado Islámico», al que definió como «una red de salvajes sin ley que han masacrado a musulmanes y cristianos, hombres, mujeres y niños de todas confesiones y creencias». Con el propósito de destruir «a este vil enemigo» también incluyó a los aliados del mundo musulmán.

No podemos permitir que nuestra nación se convierta en un santuario de extremistas»

Justificó su anunciado aumento del presupuesto de Defensa, que se estimó previamente en unos 54.000 millones de dólares, para hacer América más segura. Con este fin, «hemos de proveer a los militares de EEUU de las herramientas que precisan para prevenir la guerra, y si es preciso, para combatir y ganar como ellos saben hacerlo», aseguró. Rindió homenaje al primer Navy Seal, William Ryan Owens, caído en combate en Yemen durante su Administración. Su viuda estaba entre el público. Sin embargo, el padre del oficial había cuestionado el operativo en el que murió Ryan y ha pedido una investigación.

A los aliados de la OTAN quiso hacerles llegar un mensaje de tranquilidad, en línea con lo que defendió su vicepresidente, Mike Pence, en su reciente viaje a Bruselas. «Apoyamos firmemente a la OTAN, una alianza forjada tras superar dos guerras mundiales que destronaron al fascismo, superó la guerra  fría y derrotó al comunismo», dijo, pero recordó que debían cumplir sus compromisos financieros y elevar el gasto en Defensa. Sólo cinco países de la OTAN contribuyen con un 2% del PIB. «Han de adoptar un papel directo y significativo en las operaciones militares y pagar su parte», remarcó con claridad. «Mi trabajo no es representar al mundo. Mi trabajo es representar América», subrayó. Y más tarde añadió su lema favorito: «Haremos América más grande».

En cuestión económica dibujó un panorama sombrío de la herencia recibida sin nombrar a su antecesor, Barack Obama. «Tenemos la peor recuperación financiera en 65 años. En los últimos ocho años hemos acumulado más deuda que en todas las otras presidencias… Nuestro déficit comercial en mercancías con el resto del mundo fue de casi 800.000 millones de dólares», aseguró en el momento más pesimista de su alocución.

En los últimos ocho años hemos acumulado más deuda que en todas las presidencias anteriores»

Prestó también especial atención a asegurar que el Obamacare era cosa del pasado, un «desastre», y que liberalizaría la intervención de las aseguradoras. A su vez, se mostró favorable a un sistema de protección por maternidad, algo que demandan los demócratas insistentemente.

Siguió fiel a su tono optimista y ensoñador para esbozar su alternativa al drama económico que describió. «Debemos volver a poner en marcha la maquinaria económica americana y hacer más fácil a las empresas hacer negocios en EEUU y más difícil que lo hagan fuera», dijo contundente. Anunció que su equipo económico estaba preparando «una reforma fiscal» histórica que favorecerá a las empresas y también a la clase media.

Se dijo defensor del libre comercio, siempre que sea «justo», porque, según su visión, ahora EEUU se ve seriamente perjudicado en los tratados comerciales porque paga aranceles altos y los cobra bajos. Y recurrió al presidente Abraham Lincoln, que argumentó que «el abandono de la política proteccionista por el gobierno americano arruinará a nuestra gente», para argumentar su política.

Igualmente recurrió a Dwight D. Einsehower para anunciar que ha llegado el momento de poner en marcha «un nuevo programa de reconstrucción nacional», como el que hiciera su antecesor republicano con las autopistas. Trump anticipó a los congresistas que pedirá que apruebe una legislación que genere «una inversión de un billón en infraestructuras», que financiaría de forma pública y privada, y según sus planes, permitirá la creación de miles de empleos.

Pediré una inversión de un billón de dólares en infraestructuras para un programa de reconstrucción nacional»

El plan económico es grandilocuente y ambicioso, pero no aclara cómo hará su Administración para aumentar el gasto, reducir los impuestos, fomentar el proteccionismo y ser competitivo a nivel global. Su fórmula Compra americano, contrata americano funciona como eslogan pero como postulado económico tiene fisuras.

Trump se mostró en todo momento esperanzado y repitió los llamamientos a la unidad, sorprendente después del tono combativo de los últimos 40 días. «Todo lo que está roto puede arreglarse. Todo problema puede solucionarse. Y toda familia herida puede encontrar cura y esperanza. Nuestros ciudadanos merecen esto, y mucho más. ¿Por qué no unimos fuerzas para conseguirlo finalmente?». Parecería una pregunta retórica si Estados Unidos no hubiera sufrido el arranque de mandato más divisivo que se recuerda.