«Piensan que estoy solo y quieren que esté solo. ¿Estamos solos? Gracias de corazón por vuestra presencia». Así ha saludado el candidato de los Republicanos, François Fillon, a la multitud que se ha concentrado el domingo en París en su apoyo en lo que supone una contraofensiva en las calles cuando más se estrecha el cerco judicial y se propagan las deserciones en su entorno. Fillon exhibe su fuerza ante los dirigentes de su partido para no renunciar al Elíseo.

Miles de sus seguidores ondearon banderas francesas y le aclamaron como su presidente con la Torre Eiffel de fondo. Fillon se presentó como «víctima de una campaña de difamación», de «una caza al hombre» que pretende «acabar» con la derecha, reconoció sus errores, y atemperó su tono sobre la Justicia.

Desde el entorno de Fillon se aseguraba que en el Trocadero se habían concentrado hasta 300.000 personas, una cifra «histórica», de la que dejaba constancia en Twitter el senador Bruno Retailleau. Sin embargo, la policía apuntaba a que serían en la plaza no puede haber más de 30.000 personas, si bien no ofreció datos oficiales. Los periodistas presentes en la plaza consideran exagerado el dato que manejan los leales al candidato, según la cadena francesa BFMTV.

«Gracias a vosotros que no renunciáis, que no escucháis las sirenas del desánimo… Sois la República, la República que si cae, se levanta y se levanta siempre», dijo, flanqueado por su esposa Penelope.

Piensan que estoy solo y quieren que esté solo. ¿Estamos solos?», saludó Fillon a sus fieles

Por primera vez desde que se revelara el caso de los empleos ficticios de Penelope Fillon, la esposa del candidato se confesó en las páginas de Le Journal du Dimanche: «Le he dicho que siga hasta al final. Será él quien decida, pero cada día le animo a que siga». Sobre las acusaciones que pesan sobre ella, señaló que realizó para su marido «tareas diversas». Entre ellas, «le representaba en las manifestaciones, elaboraba discursos, siempre estuvo asociado a decisiones políticas».

El llamado Penelopegate lo desveló el pasado 25 de enero Le Canard Enchaîné, una publicación satírica con 400.000 ejemplares de tirada. Reveló entonces que Penelope Kathryn Fillon, devota ama de casa y madre de cinco hijos, habría recibido 831.440 euros brutos como asistente parlamentaria, posiblemente desde 1988. Fillon podía legalmente contratar a miembros de su familia, pero la cuestión es que no había indicios de que ese trabajo se hubiera realizado realmente. La esposa de Fillon siempre había dicho que su papel estaba fuera de la política.

En su intervención en Trocadero, Fillon dijo a los miles de congregados: «Os digo la verdad: me atacan de todas partes….Me pregunto por los que dudan y abandonan el barco… La responsabilidad es inmensa. Soy un hombre público, pero no tengo una ambición política a toda costa… Me ha animado la posibilidad de rendir servicio a mi país».

Desde que se conociera que Fillon ha de comparecer ante el juez el día 15 por esta investigación sobre los empleos ficticios de su esposa, el candidato de los Republicanos ha visto cómo saltaban del barco desde su director de campaña, Patrick Stefanini, hasta el estratega que le llevó a la victoria en las primarias, Thierry Solère.

Fillon fue especialmente duro con los socialistas en el poder. «Nuestro país está en declive. Y sé de vuestra inquietud… Nuestro país no ha estado gobernado sino gestionado por el secretario general del Partido Socialista», señaló el todavía líder conservador.

Nuestro país no ha estado gobernado, sino gestionado por el secretario general del Partido Socialista», clamó Fillon

Reconoció el error de contratar a su esposa, pero lo justificó porque conocía el trabajo que debía hacer. Defendió a ultranza su honestidad. Aseguró que estaba convencido de que la  justicia le declararía inocente… «y entonces será demasiado tarde, y la elección habrá sido desvirtuada». También dijo: «He cometido un segundo error al dudar en la manera en la que debería hablaros».

Entonó varias veces lo que es su lema en los últimos mítines de campaña, un llamamiento a la resistencia. «La democracia os pertenece a vosotros. No debéis ceder. Resistid… No podemos perder la esperanza en Francia. No podemos perder la esperanza en los franceses. Me presento ante vosotros como representante de la derecha y del centro», dijo emocionado.

Terminó apelando a la unidad y con un inevitable «Viva Francia, Viva la República», que encontró la respuesta esperada: Fillon, presidente, mientras todos se unían a coro a cantar La Marsellesa.

Fillon ha contado para organizar esta concentración con la ayuda del movimiento Sens Commun. Su portavoz, Madeleine de Jessey, promovió un manifiesto a favor del candidato de los Republicanos. Sens Commun es el brazo político del ultracatólico Manif pour Tous, firme detractor del matrimonio homosexual.

En el manifiesto de Sens Commun se decía: «No permitiremos que ningún juez, ningún medio de comunicación, ni ningún encausamiento preelectoral a dos meses de una elección decisiva para el país, nuestras instituciones,  y nuestra civilización, nos impida la elección presidencial».

El lunes se reúne de urgencia el Consejo Político de Los Republicanos, convocado por el secretario general, Bernard Accoyer, y el presidente del Senado, Gérard Lacher. Queda por ver si esta demostración de fuerza les ha impresionado más que la espada judicial que pende sobre la cabeza de Fillon.

Las encuestas también son un grito a favor de la renuncia del actual candidato, que se impuso en las primarias sorprendentemente al alcalde de Burdeos, Alain Juppé, y al ex presidente Nicolas Sarkozy. Un 71% de los franceses se opone a que Fillon siga adelante, según un sondeo de Ifop que ha publicado el domingo Le Journal du Dimanche. Entre bambalinas, Alain Juppé espera ser llamado a escena. Con permiso de Nicolas Sarkozy.