La más brillante y la más peligrosa de las naciones de Europa, en palabras de Alexis de Tocqueville. Francia, cuna revolucionaria, elige hoy domingo quién guiará su destino desde el Palacio del Elíseo entre dos candidatos antagónicos, que encarnan dos visiones del mundo contrapuestas. Representan dos Francias, frente a frente. La Francia abierta y cosmopolita de Emmanuel Macron y la Francia replegada y ultranacionalista de Marine Le Pen.

La “Francia primero” de Marine Le Pen es la Francia proteccionista, que echa el candado a las fronteras para controlar la inmigración y luchar contra el terrorismo, y que recupera su soberanía perdida en las anquilosadas instituciones europeas. Admira a Donald Trump y a Vladimir Putin y acusa a Macron de ser una marioneta de Merkel. Es la Francia “de los olvidados”, como le gusta repetir a la líder del Frente Nacional. Según Macron, sería la Francia pesimista que se ve derrotada.

La “Francia unida” de Emmanuel Macron es la Francia que acepta la globalización y la combina con la solidaridad, que apuesta por la innovación y las reformas económicas, y por recuperar su liderazgo internacional con un papel fuerte en Europa junto a Alemania. Es la Francia de los optimistas, como suele argumentar el fundador de En Marcha. A ojos de Le Pen, sería la Francia que impone la globalización salvaje.

Los dos harán historia con su triunfo. El ex ministro de Economía, fundador de En Marcha, sería a sus 39 años el más joven presidente de la V República. La líder del Frente Nacional se convertiría en la primera mujer que accede al trono del general De Gaulle. Ninguno de los dos encabeza un partido tradicional ni ha ocupado cargo electo en Francia. Son dos outsiders, que se presentan como la esencia de la renovación en un momento de crisis de los partidos tradicionales.

El país está muy dividido, muy radicalizado, porque el derrumbe de los partidos tradicionales ha hecho que avancen los extremos”

“El país está muy dividido, muy radicalizado. En Francia no sólo se ha derrumbado el Partido Socialista, también los Republicanos, lo que ha hecho que ganen terreno los extremos. Es un fracaso de la clase política, que no ha sabido regenerarse”, explica Pierre Rousselin, ex director adjunto de Le Figaro. En ese sentido, Macron destaca por su juventud, un símbolo de la renovación de las élites, a juicio de Rousselin.

La campaña se ha convertido en un combate sin reglas en esta segunda vuelta. En las últimas horas, el equipo de Macron ha denunciado un pirateo masivo de documentos, un intento de “desestabilización democrática”. Los documentos se publicaron en la plataforma Pastebin y se sospecha de un grupo próximo a la inteligencia militar rusa. La comisión nacional electoral prohibió la difusión de su contenido en Francia, en plena jornada de reflexión. El presidente, François Hollande, en un gesto insólito, advirtió de que esta injerencia no quedaría “sin respuesta”. En el debate del miércoles, Le Pen había insinuado que Macron tenía cuentas en paraísos fiscales sin aportar pruebas.

La líder del Frente Nacional fracasó a la hora de defender sus argumentos frente a un Macron profesoral en ese único cara a cara en televisión. Su fallida argumentación sobre el euro, un discurso que ha ido suavizando debido a que el 80% de los franceses está a favor de la moneda única, puso en evidencia sus debilidades de cara al ejercicio del poder. Lo ha tratado de compensar con la alianza de última hora con Nicolas Dupont-Aignac, a quien haría primer ministro, un guiño también a la derecha más clásica.

La segunda vuelta arrancó con un momento estelar en una fábrica de Whirlpool en Amiens, donde quedaron retratados los dos candidatos. Le Pen prometió a estos afectados por la deslocalización que si ganaba, conservarían sus empleos. Macron les explicó que no podía echar atrás esa decisión, pero que buscarían alternativas como la reubicación. En el debate Macron acusó a Le Pen de jugar electoralmente con la desesperación de estos obreros.

Le Pen, que según el último sondeo será derrotada por más de 20 puntos por Macron (38,5% frente a 61,5%), ha logrado, sin embargo, expandir el Frente Nacional más allá de su bastión originario del sur y ya consiguió en la primera vuelta un resultado histórico con 7,7 millones de votos.

“Con Le Pen el Frente Nacional se moviliza hacia el norte, las regiones que sufren la desindustrialización, los damnificados de la metalurgia, antes socialistas o comunistas. Quieren que el Estado les proteja. Geográficamente el país se divide por una línea que pasaría por París -macroniano a ultranza- y con una fractura que va del oeste (Macron) al este (Le Pen)”, afirma Didac Gutiérrez-Peris, investigador en el instituto ViaVoice de París.

Guillermo Graíño, profesor de Políticas en la Universidad Francisco de Vitoria, lo explica aludiendo a las tesis de Christophe Guiluy sobre la Francia periférica. “Por un lado, tenemos a la Francia de las metrópolis, clases medias y altas de las grandes ciudades, e inmigrantes que viven en los suburbios, con más movilidad social y mejor trato del que la gente cree. Por otro lado, la Francia periférica, el país rural o las pequeñas ciudades, que encarnaría a los perdedores del proceso de globalización de los últimos 50 años, los que votan al Frente Nacional”, señala. Congrega Le Pen el voto obrero socialista desencantado (40% de apoyo entre los obreros) y el voto rural gaullista.

Coinciden los expertos en que la localización geográfica está explicando con claridad el voto, así como la lejanía o cercanía de los centros de decisión. Según ha publicado Le Monde, desde 1995 en las 588 localidades de más de 15.000 habitantes, que representan un 37% del cuerpo electoral, se vota menos al Frente Nacional que en el total de Francia. Cuanto mayor es la ciudad y más cercana al poder, más se aleja de las tesis de Marine Le Pen.

Según Ángel Rivero, profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid, es también “el partido de los menos formados, los menos preparados para competir en un mundo global, mientras que la Francia de Macron es la cara opuesta, la de los grupos liberales, clases medias con una visión cosmopolita y europeísta”.

El discurso de Le Pen busca enfrentar a las dos Francias, mientras que Macron quiere restablecer la confianza”

En esta dicotomía Le Pen convierte a la Francia satisfecha en el enemigo del pueblo, en palabras de Rivero. “El discurso del Frente Nacional establece el antagonismo pueblo/oligarquía como motor de su programa político y es divisivo. El discurso de Macron es integrador, posibilista y defiende la política del consenso. El Frente Nacional busca enfrentar a las dos Francias mientras que Macron quiere restablecer la confianza”, afirma Rivero, autor del capítulo sobre el Frente Nacional en una obra de inminente publicación titulada Geografía del populismo. Un viaje por el origen del populismo desde sus orígenes hasta Trump.

Frente a la Francia cerrada proteccionista Macron se presenta como el renovador, pese a su experiencia como ministro en el gabinete de Manuel Valls con el presidente Hollande, que rompe con el esquema derecha/izquierda y lo sustituye por la defensa de una sociedad abierta, plural y eficaz. “Es la Francia de la eficacia, que ya evocó Nicolas Sarkozy en 2007, la Francia de las reformas que no se han puesto en práctica, la Francia de la alternancia y del liderazgo internacional”, señala Gutiérrez-Peris.

Pero Macron, en caso de victoria, necesitará para aplicar su programa una Asamblea Nacional que le apoye y va a encontrar serios problemas para lograr la mayoría en las legislativas, dado que su movimiento En Marcha apenas cuenta un año y tanto los partidos tradicionales como la Francia insumisa de Jean-Luc Mélenchon y el Frente Nacional van a movilizarse al máximo para recuperar terreno.

“Lo más probable es que sea presidente Macron, pero sin mayoría parlamentaria con lo que no podrá poner en marcha mucho de lo que propone. Parte de cero y tendrá el freno de los radicales”, señala Pierre Rousselin, quien apunta que el frente republicano (la alianza de las fuerzas políticas para impedir que llegue la ultraderecha al poder) ya no funciona como en 2002, cuando fue candidato Jean-Marie Le Pen frente a Jacques Chirac. “Ahora entramos en campaña de las legislativas. Los radicales harán oposición y será muy dura”, agrega.

La abstención y el voto blanco o nulo puede ser mayor de lo habitual en las presidenciales debido a que muchos votantes, por ejemplo esa juventud formada y descontenta que apoyó a Mélenchon, no se ve representada en ninguno de los dos candidatos. La mayoría de los que apoyaron a Mélenchon en la primera vuelta se decantaron por la abstención o el voto en blanco en una consulta reciente a las bases. “Ni Le Pen, ni Macron, nous méritons mieux que ça (Ni Le Pen, ni Macron, nos merecemos algo mejor)” es un lema que se ha coreado en las manifestaciones muy concurridas por los jóvenes.

No puedo votar a Le Pen por su programa económico y anti UE, y tampoco a Macron porque no me parece fiable”

Para Loic Fauvet, que se estrenó votando al conservador François Fillon en la primera vuelta, esta elección entre Le Pen y Macron le lleva al callejón sin salida del voto en blanco o la abstención. “No puedo votar a Le Pen por su programa económico y su política anti UE, pero tampoco a Macron porque un día es de derechas, otro de izquierdas, y otro centrista, lo que no me parece fiable”, comenta este estudiante de Derecho, quien anticipa que, de seguir así la situación, Le Pen sí que lo conseguirá en 2022.

Si bien en esta segunda vuelta de las elecciones presidenciales, se presentan al electorado dos Francias, con dos representantes tan antagónicos que parecen caricaturas -la madre del pueblo frente al niño prodigio de la casta, o bien la populista a ultranza frente al neoliberal de libro-, emergen más Francias en el horizonte.

“Hay cuatro Francias que quedaron retratadas en la primera vuelta: los precarios sin formación que apoyan al Frente Nacional; los precarios con formación que están con Mélenchon, ambos grupos antiglobalización; y el voto racional más clásico, o más renovado, que apoya a Macron, los favorecidos por la globalización”, señala Yves Harté, editorialista del diario Sud-Ouest. A su juicio, será probablemente la última vez que vencerá la razón.

Le Pen ha apurado hasta el último minuto para llamar a que los airados se pronuncien en las urnas contra el establishment y Macron ha pasado a librar la batalla de los valores al referirse a que “está en juego el futuro de la sociedad, del pueblo francés, de nuestra vida en común”. Es el voto de la cólera contra el voto del pragmatismo. El país de la Ilustración tiene la palabra.