“En el nombre del pueblo”. El eslogan de la campaña de la candidata del Frente Nacional, Marine Le Pen, es una declaración de fe. “En Marche!” se llama el movimiento, “ni de izquierdas ni de derechas”, creado por el ex ministro Emmanuel Macron (no es casual que coincida con sus iniciales) para conquistar la Presidencia de la República. Son los dos outsiders con más posibilidades en la actualidad de suceder al socialista François Hollande. Representan el proteccionismo patriótico y el liberalismo internacionalista. Europa mira a Francia, donde el tsunami populista puede contenerse, o bien inundar los pasillos del Elíseo.

“Estamos ante una ola que viene tomando posiciones desde el Brexit, una oleada populista contestataria al orden liberal. La victoria de Le Pen sería un cambio tectónico, pero es muy difícil que suceda debido al sistema de doble vuelta”, afirma Pol Morillas, investigador especializado en temas europeos en el CIDOB de Barcelona.

“Las divisiones ideológicas están cambiando profundamente. Francia fue pionera en esta transición. Lo importante es ver si los populistas son capaces de ganar elecciones, pero está claro que los partidos tradicionales están debilitados”, añade Guillermo Graiño, profesor de Teoría Política en la Universidad Francisco de Vitoria.

Esa fragilidad es tan clara en el caso francés que es muy probable que ninguno de los dos partidos que han sido protagonistas de la V República, los conservadores ahora llamados Republicanos, y los socialistas, superen la primera vuelta electoral, que se celebra el 23 de abril.

Las primarias de los dos partidos se saldaron con resultados inesperados: François Fillon ganó frente al favorito Alain Juppé, y Nicolas Sarkozy sufrió una sonada derrota. Curiosamente, Fillon se presentó como el candidato inmaculado frente a los líos judiciales de Sarko. También fue una sorpresa la victoria de Benoît Hamon, un outsider dentro del aparato socialista clásico.

Son las elecciones más imprevisibles y sorprendentes de la V República, en las que el presidente no opta a la reelección

Son las elecciones más imprevisibles y sorprendentes de la V República con el hecho añadido de que el presidente, el socialista François Hollande, no opta a la reelección. La popularidad de Hollande es tan baja -ha llegado al 4%- que dio un  paso atrás y tampoco respaldó a ningún candidato en las primarias. De hecho, ganó el rebelde Hamon con un programa en defensa del salario mínimo universal que jamás apoyaría su rival, el ex primer ministro Manuel Valls.

Laureline Dupont, redactora jefe adjunta en la sección política de Le Point, señala: “Contábamos con una elección tranquila con candidatos conocidos desde hace tiempo (Alain Juppé, François Hollande), pero ahora estamos ante unas elecciones de outsiders”. A juicio de Dupont, los primeros sorprendidos parecen los propios candidatos. “Da la impresión de que no estaban preparados. Por ejemplo, Fillon, si hubiera anticipado su victoria, habría desminado de alguna manera el Penelopegate y lo habría controlado”.

Un ‘affaire’ llamado Penelope

Hasta el pasado 25 de enero el favorito para ganar la carrera al Elíseo era François Fillon, que se había impuesto en primarias de forma no prevista. Ex primer ministro del presidente Sarkozy, se había vengado de su antiguo jefe, ahora de nuevo empantanado en los tribunales por los excesivos gastos de su campaña electoral en 2012. A sus rivales les había recordado que no se imaginaba a Charles de Gaulle con causas pendientes ante la Justicia.

En ese momento las encuestas apuntaban a que en la segunda vuelta Fillon se impondría a Le Pen. Pero un semanario satírico, Le Canard Enchaîné, con una tirada de 400.000 ejemplares, sacó los colores al candidato conservador al desvelar que Penelope Kathryn Fillon, devota ama de casa y madre de cinco hijos, habría recibido 831.440 euros brutos como asistente parlamentaria, posiblemente desde 1988, de su marido.

También dos de los hijos de la pareja habrían ayudado a sus padre como asistentes en el Senado cuando eran estudiantes de Derecho; Marie, a escribir un libro, y Charles a redactar el programa electoral. Habrían recibido unos 100.000 euros por estas tareas. No es ilegal contratar a miembros de la familia pero sí tienen que realizar el trabajo por el que reciben esa remuneración.

La semana pasada los medios franceses recuperaron una entrevista que concedió Penelope Fillon a un periódico británico (ella es galesa) en 2007 donde aseguraba que ella no desempeñaba ningún papel. “Nunca he sido su asistente ni nada de ese tipo”, afirmaba entonces la esposa de Fillon.

A su vez Le Monde publicaba el lunes que un amigo de Fillon, el magnate Marc Ladreit de Lacharriere, dueño de La Revue de deux Mondes, habría recibido la Legión de Honor, gracias a sus aportaciones a Penelope Fillon, que habría colaborado con la revista, si bien nadie en la publicación sabía de su cometido.

No tengo nada que ocultar”, repite Fillon, aunque pide “perdón” por favorecer a su familia, según él, de forma legal

Aunque dos de cada tres franceses creen que Fillon debería retirarse, el candidato de los Republicanos ha optado por una huida hacia delante. “No tengo nada que ocultar”, repite incesantemente, y se planta ante los franceses para “pedir perdón” y asegurar que actuó de acuerdo a la legalidad. Su partido le ha querido creer. O no ha visto otra salida.

Según Mathieu de Taillac, corresponsal freelance de Le Figaro y Radio France, “Fillon ha limitado los daños y ha conseguido que su partido le respalde. Es posible que su electorado más fiel le apoye, pero será difícil que seduzca más allá. Ha convencido a su partido de que no hay plan B, que sería una batalla perdida”. Realmente sería difícil buscar un sustituto, que sería un perdedor de las primarias en todo caso, como por ejemplo Juppé, que de momento ha cerrado filas con Fillon.

Proteccionistas patriotas vs liberales globalizadores

Tras el resbalón del Penelopegate, y con la izquierda atomizada dentro y fuera del Partido Socialista, en los últimos sondeos suenan dos claros favoritos en la recta final de mayo: Marine Le Pen y Emmanuel Macron, que encarnan ese neopatriotismo populista que enraiza con los postulados del movimiento de Donald Trump, y el liberalismo tecnócrata en economía y aperturista en lo social, que tiene hoy como modelo al canadiense Justin Trudeau.

“Ha saltado por los aires el eje izquierda/derecha y ahora se trata de proteccionismo/liberalismo. Le Pen es proteccionista, pero también el socialista Hamon. Y liberales son Macron y Fillon, que se declara heredero de Thatcher”, señala Mathieu de Taillac.

Le Pen y Macron están en las antípodas, pero coinciden en que plantean propuestas transversales más allá de la izquierda y la derecha tradicional, son estandartes de la nueva política fuera de los partidos tradicionales y en que reclaman una conexión directa con el electorado. En el caso de Le Pen, está claro que es capaz de movilizar a gran parte de ese “pueblo”, pero está por ver cómo conecta Macron, que se presenta como antiestablishment, aunque ha sido ministro y directivo en la Banca Rothschild.

Le Pen -admiradora de Donald Trump y de Vladimir Putin– defiende a los “patriotas” frente a la “globalización sin raíces”. En su arranque de campaña presentó 144 medidas, destinadas a proteger a los franceses y defendió aplicar un impuesto a los trabajadores extranjeros, así como un referéndum sobre la salida de Francia de la UE.

Según Pol Morillas, “Le Pen pretende recuperar el estatismo como si las condiciones fueran las mismas de hace años, como si no se hubiera puesto en marcha la globalización. También estamos ante un choque de valores. La líder del Frente Nacional es anti inmigración, anti liberalismo anti política… Forma parte de la Internacional Nacionalista frente a los defensores del liberalismo internacionalista”.

Le Pen saludó el triunfo de Trump en EEUU como el inicio de una nueva era, la demostración de que “lo imposible es posible”. En su cartel electoral hay dibujada una rosa azul: rosa por lo femenino que encarna frente a todos los competidores varones, y azul por ese juego con hacer realidad la fantasía.

A Le Pen con Trump le puede pasar como a Podemos con Syriza. No le favoreció que vieran a Syriza en el poder”

“La victoria de Trump podría haber impulsado a Le Pen, pero queda mucho tiempo y eso puede jugar en su contra porque empezamos a ver sus primeras medidas. Hay gente que puede pensarse dos veces votar al Frente Nacional tras ver cómo actúa Trump. Es similar a lo que ocurrió con Syriza y Podemos. A Podemos no le favoreció que el elector español viera cómo actuaba al llegar al poder Syriza”, señala Mathieu de Taillac, buen conocedor de la realidad española y la francesa.

Frente a las fuerzas reaccionarias, Macron se presenta como “progresista”, un progresista que se cuida mucho de concretar su programa. Prueba de que la candidatura del ex ministro de Economía cobra peso es que ya ha salido a la luz un affaire, en este caso, sobre su supuesta relación con el presidente de Radio France, Mathieu Gallet, que el político ha desmentido. Macron, que no cumple 40 años hasta diciembre, está casado con quien fue su profesora en el instituto, Brigitte Trogneux, 20 años mayor.

Uno de los temores es que Macron se convierta en objetivo de una campaña de descrédito promovida por intereses foráneos y orquestada con hackers, como se investiga en EEUU.  La candidata de Rusia, quien está bajo serias sospechas en el caso estadounidense, es claramente Marine Le Pen. El gobierno francés ha anunciado que reforzará los controles.

“La posibilidad del triunfo de Macron tiene que ver con que encarna una combinación ideológica de más opciones: representa a la derecha de la izquierda, a los liberales en economía y progresistas en lo moral. Puede encontrar un espacio amplio en el centro izquierda y el centro derecha”, afirma el profesor Guillermo Graiño, de origen francés. En España se acercaría a Albert Rivera, líder de Ciudadanos, partido que ha empezado a tejer contactos con En Marche!, según ha publicado El Español.

El riesgo de Macron es que quiera hacer una síntesis a toda costa y acabe vaciándose de contenido”

Los postulados de Macron se contienen en un libro titulado Revolución, donde defiende que habría que reducir el gasto público sin debilitar el crecimiento. Aboga por medidas de flexibilización en el constreñido mercado laboral francés en línea con la ley que lleva su nombre. Sin embargo, en campaña intenta pasar de puntillas por estos detalles y presentarse como un candidato de síntesis.

Según Laureline Dupont, “lo cierto es que en Francia hay una necesidad de traspasar la línea de izquierda y derecha, que ya intentó incluso de alguna manera Sarkozy en 2012… El riesgo de Macron es que quiera hacer una síntesis a toda costa y acabe vaciándose de contenido”.

Cuenta con una excelente formación para evitarlo. Macron, un auténtico niño prodigio que toca el piano como un profesional, pasó por la ENA tras licenciarse en Políticas, especializarse en Maquiavelo, redactar su tesis sobre Hegel y ser discípulo del pensador Paul Ricoeur, uno de los impulsores de mayo del 68. “No se está realmente con los pobres, sino luchando contra la pobreza”, postulaba Ricoeur. Ahora diríamos clase media en vías de empobrecimiento y tendríamos a gran parte del electorado francés…y europeo. Ese “pueblo” al que habla en voz alta Marine Le Pen.