Los socialistas franceses competirán por mantenerse en el Elíseo con Benoît Hamon, ex ministro de Educación crítico con el quinquenato de François Hollande, como cabeza de cartel. Hamon, nacido en Bretaña hace 49 años, ganó con el 58,87% de los votos al ex primer ministro Manuel Valls, de 54 años, de origen español, que logró un 41,13% en la segunda vuelta de las primarias socialistas en Francia, según los primeros resultados parciales con el recuento del 98% de las urnas.

El socialismo utópico de Hamon se impuso al pragmatismo patriota de Valls, si bien los socialistas apenas cuentan con posibilidades de pasar a la segunda vuelta en las presidenciales. A Hamon le late el corazón a la izquierda y golpea con fuerza. Lo demostró en sus primeras palabras, que pronunció sin esperar a que Valls terminara el discurso en el que aceptaba su derrota.

«Esta noche, la izquierda levanta la cabeza, una izquierda viva y vibrante», señaló Hamon, que apeló a la unidad de los socialistas, hizo un llamamiento al ecologista Yannick Jadot y a Jean-Luc Mélenchon para hacer frente común, y evocó a Michel Rocard y François Mitterrand. El candidato socialista al Elíseo se dirigió a los jóvenes especialmente para «vencer al candidato del miedo», en alusión clara a Marine Le Pen, y añadió: «Sois vosotros, los jóvenes, los que tenéis que decidir en qué Francia queréis vivir».

Sois vosotros, los jóvenes, los que tenéis que decidir en qué Francia queréis vivir»

Pero la izquierda se presenta más dividida que nunca en estas elecciones, y eso le puede costar no contar con representante en la segunda vuelta. Valls reconoció la victoria de Hamon y le felicitó «calurosamente» y le deseó «mucha suerte». Valls dijo con elegancia: «Las derrotas forman parte de la vida política. No hay rencor». Dio a entender que daba un paso atrás a partir de ahora. «Es momento de pasar página», añadió Valls. La duda es si los seguidores de Valls, y quienes defienden su visión en el partido, respaldarán a Hamon, o preferirán al centrista Emmanuel Macron, ex ministro de Economía.

Hamon ha hecho bandera de la renta mínima universal -750 euros mensuales para los mayores de 18 años- que se aplicaría de forma progresiva empezando por los jóvenes. En las últimas semanas ha ido matizando la propuesta y retrasando la fecha de aplicación, debido a que resulta difícil explicar cómo poner en marcha la medida.

Defiende la semana laboral de 32 horas y el impuesto a los robots, quiere derogar la reforma laboral y limitar los sueldos de los ejecutivos. Es un ecologista convencido que también aboga por legalizar la marihuana. Asegura, para quienes le tildan de soñador, que las ideas de progreso siempre han empezado siendo utópicas.

En esta ocasión la participación ha rondado los dos millones, superior a la del domingo pasado, cuando parece que finalmente no se llegó al millón y medio. La cifra se falseó por encima de 1,6 millones y luego se atribuyó a un error informático. La realidad es que no se quería transmitir la imagen de falta de entusiasmo y se había repetido que por debajo de millón y medio de votantes sería un fracaso. Los resultados no se cuestionaron en ningún caso, sino la afluencia a las urnas.

Hace una semana, en la primera vuelta, Hamon dio la sorpresa al lograr más votos, un 36,35%, que Valls, que quedó segundo, y que el ex ministro de Economía, Arnaud Montebourg, que quedó desbancado. Montebourg, que también dejó el gobierno socialista en 2014, brindó su apoyo de inmediato a Hamon. También está en las filas de Hamon la ex ministra de Trabajo Martine Aubry.

Es curioso que Hamon haya contado con el apoyo mayoritario de la militancia, pero apenas tenga respaldo entre los ministros y tan sólo 88 de los 288 diputados socialistas comparten su ideario. Si algo demuestran estas primarias es la división profunda en la izquierda francesa.

El aspirante socialista parte en quinta posición en los sondeos de la primera vuelta de las presidenciales

A ello hay que sumar que en la carrera al Elíseo estarán otros dos candidatos que se disputarán el voto de los franceses de izquierdas: Emmanuel Macron, de centroizquierda, y el comunista Jean-Luc Mélenchon, más cercano a los postulados de Hamon. Esta atomización explica que el candidato del Partido Socialista figure en el quinto puesto en la primera vuelta de las presidenciales del 23 de abril.

La baja popularidad del presidente François Hollande es un peso difícil de llevar. Lo ha pagado su ex primer ministro, Manuel Valls, defensor de una «Francia fuerte y justa» que los votantes no han visto representada en este quinquentato. Los franceses responsabilizan a los socialistas del fracaso a la hora de combatir el paro del gobierno y de su oscilante política económica, cada vez más inclinada a la derecha.

Hollande disfrutó el domingo de la final del mundial de balonmano, que ganó Francia frente a Noruega, ajeno a las primarias socialistas. En la primera vuelta estaba de viaje por Chile y Colombia. Su ex pareja, la ministra Ségolène Royal, es partidaria de Emmanuel Macron, que puede dar la sorpresa en la primera vuelta.

Macron lidera un movimiento que ha llamado En Marcha, que presenta como una opción «ni de izquierdas ni de derechas». Con apenas 39 años en un auténtico niño prodigio de la política y defiende un socialismo pragmático cercano a las tesis de Valls.

El ex ministro, alumno de la ENA como gran parte de la élite francesa, podría poner en dificultades las aspiraciones del ex jefe del gobierno conservador François Filllon, candidato de los Republicanos. Fillon era el gran favorito para relevar a Hollande en el Elíseo hasta que ha estallado el escándalo del Penelopegate esta semana.

El semanario Le Canaird Enchaìné reveló que Penelope Kathryn Fillon, la discreta esposa galesa del ex primer ministro, ha cobrado 600.000 euros, la mayor parte de dinero público, por labores como ayudante de su marido y colaboradora de una revista literaria, entre 2001 y 2013. Fillon también reconoció haber empleado a dos de sus hijos como abogados.

Fillon dice que ni él ni su esposa, a la que habría contratado como asesora durante años, tienen «nada que esconder»

La justicia ha abierto una investigación por «desvío de fondos públicos» y «abuso de bienes sociales». Fillon puede emplearla pero siempre que desempeñara realmente esa labor. Penelope Fillon había reconocido hasta ahora públicamente que nunca había estado implicada en la vida pública de su marido. Su popularidad cayó del 54% de finales de noviembre, tras su victoria en las primarias de los Republicanos, a un 38% tras estallar el Penelopegate.

En un mitin en La Villette, Fillon declaró su amor a su esposa, aseguró que no tenían «nada que esconder» y arremetió contra Hollande, que ha «reducido el sueño francés y nos ha dejado el caos francés». Abogó por «una Francia productiva» y prometió reducir los impuestos a los asalariados unos 250 euros al año.

Fillon defiende el fin de la semana de 35 horas y quiere suprimir medio millón de puestos de funcionarios. También se mostró firme con la inmigración, que aseguró que reduciría a mínimos y se organizaría por cuotas, en un claro guiño a los votantes del Frente Nacional. Su líder, Marine Le Pen, sigue encabezando los sondeos. Es la trumpista europea con más posibilidades de tocar poder hoy por hoy.