Su trabajo se suele hacer en silencio. No hay interlocutor que pueda dar réplica. Está muerto. Ni en castellano, ni en euskera. Ser enterrador siempre ha sido una labor necesaria e ingrata y que nunca ha generado demandas masivas para ejercerlo. Pero un empleo, es un empleo, y en tiempos de crisis laboral no puede ser desdeñado. Pero la cuestión es qué nivel de formación se debe reclamar en una oposición pública para ejercer de sepulturero municipal. En Euskadi el debate radica en si debe ser exigible acreditar conocimientos de euskera para optar al puesto.

En el PP consideran que es un exceso. En la localidad vizcaína de Basauri, en cambio, los responsables municipales creen que quien vaya a enterrar a los muertos en su cementerio debe ser bilingüe. “No parece que su labor vaya a estar ligada a su capacidad lingüística”, asegura Gabriel Rodrigo, el único concejal del PP en el municipio.  Los populares recuerdan que pese a ser perfectamente legal reclamar a los candidatos a sepultureros tener acreditado un nivel PL1 (el más bajo) de euskera, este tipo de exigencias para puestos en los que no es necesario “nos puede llevar a situaciones ridículas”. Más aún cuando en Basauri apenas un 25% de sus 42.000 vecinos habla euskera. Para Rodrigo es “exagerado y discriminatorio” fijar saber euskera en una oferta de empleo de este tipo. Añade que se han producido casos como el de exigir el perfil más elevado, el PL3, para un puesto de bombero.

También para el peón de sepulturero

Desde el PP de Basauri se asegura que incluso para el puesto de peón de sepulturero se exije saber euskera «o incluso para un soldador», asegura Rodrigo. Actualmente, de los 379 empleos públicos que dependen del consistorio de este municipio 179 tienen requerimientos de euskera, lo que representa el 35,6%, un porcentaje que los populares creen elevado. «Vamos a pedir que se revise a la baja, en Basauri sólo un 20% o 25% de la población es bilingüe y no tiene sentido que más de un tercio del empleo público lo exija», afirma el concejal popular.

Los requisitos para contratar al sepulturero que releve al enterrador recién jubilado los aprobó el pasado 30 de marzo mediante un decreto el alcalde del municipio, del PNV, Andoni Busquet y fueron publicados en el Boletín oficial de Vizcaya el 18 de abril pasado. En el consistorio aseguran que la exigencia de un conocimiento básico de euskera está justificada por las labores que se le encomiendan al sepulturero. Recuerdan que más allá de su tarea específica también tendrá asignadas otras funciones que requerirán tratar con los vecinos y clientes que demanden los servicios del cementerio, lo que obliga a poder garantizar un servicio en las dos lenguas oficiales en el País Vasco.  Entre ellas se incluyen evaluar a los ayudantes y personal del taller del cementerio, dirigir, ejecutar y coordinar los servicios y actuaciones del cementerio y “atender e informar a las personas”.

La demanda de conocimiento de euskera para ocupar puestos en la Administración pública ha sido siempre un punto de fractura entre las formaciones nacionalistas y no nacionalistas. El acuerdo de Gobierno firmado entre el PNV y el PSE ha permitido que el Ejecutivo de Iñigo Urkullu acceda a una vieja petición de los socialistas para rebajar la exigencia lingüística. El pasado mes de febrero el consejero de Cultura, Bingen Zupiria anuncio su intención de revisar “uno a uno” los puestos con requerimiento idiomático para adecuar su nivel de exigencia a las necesidades reales de los mismos. Zupiria reconoció que es excesivo casos como los de reclamar “EGA –el nivel más elevado- para un puesto de barrendero”.

La administración vasca acumula años con elevadas inversiones en formación lingüística para sus trabajadores sin que el nivel de acreditación de las plazas públicas haya mejorado de modo significativo. La situación es especialmente significativa en la sanidad pública, donde el nivel de liberalización del personal es más elevado y costoso y el uso del euskera apenas alcanza el 25%.