Ni el origen, ni la dimensión. Ni siquiera su final. Las diferencias son notables, las similitudes significativas. En el final del IRA, que se inició hace casi dos décadas, y el de ETA, aún por culminar, también existen. No en vano, ambos mundos, el terrorista que infligió dolor y el político que les dio aliento, siempre han mantenido vínculos fluidos. Históricamente lo han hecho con más intensidad desde Euskadi hacia Irlanda que viceversa, pero la complicidad ha sido y es aún hoy, innegable.

Hace apenas dos meses que el líder de la izquierda abertzale, Arnaldo Otegi, viajó hasta Irlanda para despedir al ex jefe militar del IRA y ex viceministro principal, Martin McGuinness, -“un amigo de los vascos”, dijo- fallecido el 21 de marzo pasado. Fue el espejo en el que se miró, el que mejor representó el paso de la violencia terrorista a abrazar la política. McGuinness lo hizo allá por abril de 1998 tras los “Acuerdos de Viernes Santo” poniendo fin al rastro de nada menos que 3.500 víctimas que dejó el IRA.

Un legado que el propio secretario general de Sortu quiso reproducir años después en el País Vasco para acabar con la violencia de ETA. Arrancó en la declaración de Anoeta de 2004. En aquel discurso Otegi reconoció que había llegado el tiempo de dejar las armas y hacer sólo política: “Hacer un proceso de paz y de superación del conflicto político y armado es más difícil que plantear una estrategia de confrontación, es más difícil hacer la paz que hacer la guerra”, aseguró ante miles de simpatizantes, muchos de ellos incrédulos ante lo que escuchaban.

El IRA y el Sinn Feinn han sido un referente para ETA y la izquierda abertzale. Otegi calificó a Martin McGuinness como un «amigo de los vascos»

El camino que el IRA y el Sin Fein empezaban a culminar no había hecho más que empezar en el caso de ETA y Batasuna. Otegi intentaba mover un ‘transatlántico abertzale’ gigante, acostumbrado al enfrentamiento, para hacerle entender que era momento de “sacar el conflicto político y armado de las calles y llevarlo a la mesa de negociación”. Incluso de entenderse con “el adversario” hasta logra “su complicidad”: “Estamos preparados”. Debía no sólo convencer de su discurso a ETA sino a gran parte de sus bases, reacias al cambio.

Aquella tarde de 2004 aún restaban siete años para que ETA anunciará su cese de la actividad armada y casi trece para que la banda criminal escenificara su desarme. Un ciclo que Otegi viviría y dirigiría en gran parte desde la cárcel, donde permaneció seis años y medio, desde mediados de 2009 a marzo de 2016. Como entonces, también hoy Otegi aspira a ser reconocido como el ‘McGuinness vasco’. Al ex líder del IRA reconvertido en político todas las instituciones del Reino Unido, desde la Cámara de los Lores hasta la primera ministra Theresa May o la mismísima Reina Isabel II, a quien estrechó la mano en más de una ocasión, reconocieron tras su muerte su labor por la paz en Irlanda del Norte.

Sin acuerdo de ‘Viernes Santo’ para ETA

Un ex jefemilitar del IRA recordado como el hombre de paz de Irlanda del norte. Es el sueño del líder de Sortu nunca se cumplió. Los mimbres con los que Otegi comenzó a construir la ruta en el velódromo de Anoeta no fueron suficientes. El discurso en favor de luchar sólo en la mesa de negociación y enfrentarse únicamente en busca de “complicidad” fue un inició prometedor para reproducir el camino irlandés, de las armas a la política, en Euskadi, pero sólo eso.

A ETA y a la izquierda abertzale no les esperaba nadie en la mesa. No habría acuerdo de ‘Viernes Santo a la vasca’, ni contrapartidas de Gobiernos accediendo a firmar la paz del conflicto, tampoco negociación para lograr medidas de gracia para sus presos. El camino sería unilateral. Ni siquiera el desarme se pactaría. Los intentos de reproducir el final irlandés en Euskadi fueron topándose, uno tras otro, con la negativa de los Ejecutivos de España y Francia, dispuestas a seguir derrotando a la banda con la acción policial.

Seis años después de dejar las armas y sin resultado alguno en sus intentos por rentabilizar su final, ETA accede a escenificar su desarme. Lo anuncia el 17 de marzo pasado. Uno de los primeros dirigentes internacionales en aplaudir el anuncio de desarme para el 8 de abril fue Jerry Adams, el líder del Sinn Feinn. Lo hizo para volver a reforzar la alianza que ambos mundos han alimentado estos años. Adams apeló a los Gobiernos de España y Francia a no “desaprovechar” el anuncio de ETA y ser “generosos” y tener un gesto con os presos de ETA “incluyendo el fin de la dispersión. El dirigente del Sinn Fein llegó incluso a reclamar la liberación progresiva de los etarras encarcelados “para construir confianza”.

Jerry Adams pidió un proceso para acelerar el fin de la dispersión de presos de ETA y su liberalización, como se acordó con el IRA

Ocurrió en Irlanda del Norte. Los acuerdos de Stormont incluyeron clausulas para excarcelar de modo progresivo a los presos del IRA, algo similar a una amnistía encubierta para casi medio millar de presos, muchos de ellos con delitos de sangre. Cuando el IRA completó la entrega de armas ya no quedaba ni uno sólo en prisión. ETA tiene hoy, mes y medio después de su desarme oficial en Bayona, a cerca de 350 de sus militantes entre rejas y el Gobierno se mantiene firme en su política de dispersión.

El IRA logró cerrar un acuerdo y destruir sus armas con la supervisión de una comisión de desarme pactada. ETA, ninguneada por los Gobiernos, se ha visto forzada a buscar el apoyo de representantes de la sociedad civil y una comisión de verificadores. Sus armas no sólo no están destruidas sino que están siendo analizadas por la Justicia y Policías francesa y española. Más aún, se sigue buscando el resto del arsenal que se cree que la banda terrorista aún no ha entregado.

Hacer política como «traidores»

Pero mientras ETA se liquida, el camino por la política comienza a toparse con obstáculos. Tampoco en Irlanda todos los sectores afines al IRA y e Sinn Fein acataron la consigna de la paz. Las pugnas internas, las acusaciones de “traidores” y “chivatos” surgieron en Belfast y se reproducen casi una década después en el final de ETA. Del ‘IRA auténtico’ en Irlanda al Movimiento Pro Amnistía y Contra la Represión (ATA) en el País Vasco. En ambos casos los sectores más duros se mostraron críticos con la institucionalización tras décadas de clandestinidad y lucha armada.

La relación entre los mundos IRA-Sin Feinn y ETA-Sortu viene de lejos. No sólo acumulan un pasado de colaboración y apoyo recíproco. Incluso se apunta a que la propia ETA empleó material diseñado por el IRA en alguna de sus acciones en los años 80. Como el mortero “jo-ta-ke” empleado por la banda terrorista.

Los movimientos ATA y Eirigi, críticos de Sortu y el Sinn Feinn respectivamente, se reunieron en marzo en Tolosa para colaborar

El Sinn Feinn se ha significado en momentos relevantes de la historia reciente de la izquierda abertzale, no sólo condenando los sucesivos encarcelamientos de dirigentes abertzales, sino respaldando procesos como el ‘Pacto de Lizarra’ de 1998 o asesorando al entorno de Otegi en los pasos que casi con una década de antelación se han dado en Irlanda del Norte para implantar la paz.

Pero el camino de las pistolas a la política que recorren unos y otros tiene notables diferencias. Los acuerdos de ‘Viernes Santo’ obligan a las dos formaciones más votadas de Irlanda del Norte a gobernar en coalición. Así ha sido desde 1998. Hasta marzo de este año, el Partido Democrático Unionista (DUP) se ha impuesto con holgura al Sinn Feinn. Sin embargo, en las últimas elecciones autónómicas para renovar la Asamblea de Irlanda del Norte, el DUP ha caído diez escaños y venció por sólo un escaño más, 28 frente a los 27 del Sinn Feinn.

En Euskadi, en cambio, el pasado cómplice con ETA aún persigue a Sortu. Convertida en el líder de la oposición, su falta de sintonía con el PNV la ha dejado en una posición por ahora irrelevante en la política vasca. Una intrascendencia que empieza a ser cuestionada por los sectores más radicales que miran con nostalgia los tiempos del tensionamiento permanente con el Estado. Así, episodios como la ‘kala borroka’ o los ataques a lsa sedes de los partidos políticos han vuelto a aparecer.

Movimientos críticos con el paso dado hacia la política que afloran tanto en la izquierda abertzale, agrupados bajo el movimiento ATA y que se han mostrado muy críticos con Sortu, como en el propio Sin Feinn, agrupados bajo las siglas Eirigi. En ambos casos el grueso de sus bases lo integran ex militantes de ETA en un caso y del IRA en otro. A comienzos de marzo ambos movimientos se reunieron en Tolosa (Guipúzcoa) para intercambiar opiniones sobre el lugar en el que les han dejado sus respectivos procesos de paz y reforzar sus relaciones- Los irlandeses se mostraron críicos con los principios Mitchell que basaron la renuncia a las armas y la apuesta por la política hecha por el IRA en 1998. Y en ATA, se reprueba a Sortu haberse sometido a la legalidad y sistema institucional renunciando a parte de la lucha del pasado.