El 30 mayo de 1982 España entraba oficialmente en la OTAN después de un largo proceso de negociación con los vértices de la Alianza Atlántica. Para el ingreso en el club militar más potente del planeta, España tuvo que vencer la resistencia de muchos de los quince países que entonces conformaban la coalición. Corrían los 80, el Pacto de Varsovia seguía aún vigente y a la Guerra Fría le quedaban muchos coletazos.

La decisión del presidente Calvo Sotelo provocó protestas entre socialistas y comunistas. De hecho, hasta el referéndum de 1986, cuando fue defendido por Felipe González, la permanencia de España quedó en entredicho. Para el recuerdo, dos míticas frases: «OTAN de entrada NO» y «El que quiera votar que NO, que piense antes qué fuerza política gestionará ese voto». Ambas en boca de González con una diferencia de cuatro años. Actualmente, el número de naciones adscritas al Pacto Atlántico ha crecido hasta alcanzar las 28.

Tres décadas después, el terrorismo es la principal amenaza a la seguridad colectiva y de hecho la OTAN ha decidido invertir más esfuerzos para combatir la amenaza yihadista. Sin embargo la guerra tradicional nunca ha dejado de tocar las puertas de Europa. Los conflictos en Ucrania, Siria y Libia dejan pocas dudas sobre el papel que siguen jugando las alianzas internacionales.

Ante esta situación, «las fuerzas armadas españolas contribuyen a cuatro grandes organizaciones», explica Dionisio Urteaga, Coronel del Ejército y del Mando de Operaciones del Estado Mayor de la Defensa. «La ONU y la OSCE tienen carácter de prevención de los conflictos y mantenimiento de la paz, mientras la OTAN y la UE tienen también carácter de alianzas defensivas, aunque con grados diferentes. Las obligaciones que tenemos hacia los socios europeos son más exigentes». La Unión Europea proporcionó en 1992 un sistema de defensa paralelo y exclusivo para los miembros comunitarios.

El camino de la defensa europea

La Unión está preparada para rescatar un Estado al borde de la quiebra, «pero como organización de defensa colectiva sigue siendo un proyecto en construcción», afirma Félix Arteaga, investigador del Real Instituto Elcano.

El Artículo 42 del Tratado de Lisboa establece que, en caso de agresión, los estados miembros se deben asistencia mutua, según los medios que dispongan. Para Alfredo Rodríguez Gómez, Director del Máster Universitario en Políticas Públicas de Seguridad y Defensa de la Universidad José Cela, se trata de una formulación que deja lugar a muchas interpretaciones. «No aclara qué medios ni cuál es la línea de comando. Deja las decisiones en mano del Consejo Europeo, formado por los jefes de Estado y de gobierno, con todas las dificultades que suele tener a la hora de alcanzar una decisión consensuada”.

La Agencia de Defensa Europea, liderada por el Alto Representante Federica Mogherini, realiza funciones de coordinación intergubernamental. Aquí se deciden las misiones operativas para la gestión de crisis civiles y militares específicas, como la operación Sophia contra la trata de seres humanos en el Mediterráneo.

Crear unas fuerzas armadas europeas implicaría ceder soberanía

Existen 18 Grupos de Batalla operativos, formados por unidades prestadas por los 27 miembros de forma rotatoria. Constituyen la fuerza de respuesta rápida de la UE pero según Rodríguez Gómez son insuficientes para un escenario de crisis: «Crear unas fuerzas armadas europeas implicaría ceder unidades a un ejército común, unificar doctrinas, personal, academias militares. Sobretodo una cesión de soberanía», afirma.

Algo podría cambiar con la salida de Reino Unido de la UE. La creación de la «Europa a dos velocidades» podría permitir el desarrollo de una cooperación reforzada entre los países que quieren avanzar más rápidamente en temas de seguridad. «Las bases de una integración más estrecha ya están puestas, sólo falta implementarlas», explica el comandante Vicente Díaz de Villegas del Mando de Operaciones.

La defensa europea podría mejorar con la salida de Reino Unido de la UE

La defensa colectiva europea se activó después de los atentados en la discoteca Bataclan. Francia pidió a los países europeos el relevo en algunas misiones de la UE para recuperar unidades y proteger sus infraestructuras sensibles.

Para el comandante Villegas, el proceso de toma de decisiones en la Unión Europea es más lento pero tiene una ventaja: el componente político y el componente militar tienen interacción más directa a la hora de decidir el tipo de respuesta adecuada. «A veces, las sanciones económicas son más efectivas que una intervención militar», afirma. Una opción que no tiene una alianza estrictamente militar como la OTAN.

OTAN, sin obligaciones en caso de conflicto

«La OTAN es, hoy por hoy, la principal organización de defensa y seguridad del mundo. Ninguna otra tiene las capacidades militares y la agilidad para desplegarlas», explica Manuel Badás Ramos, Teniente Coronel de Infantería y profesor asociado del Campus Internacional de Defensa (CISDE). Se entiende que  Trump siga instando a los aliados cumplir con las obligaciones económicas, como hizo en un agresivo discurso durante la última cumbre en Bruselas, donde se evidenciaron las discrepancias con los socios de Pacto Atlántico.

Si un Estado es atacado, toda la organización responde. Es el compromiso establecido en el Artículo 5 del Tratado de la OTAN. «Es un deber moral y político adquirido por los Aliados, no hay nada automático. Cada país determina voluntariamente cómo va a ayudar», explica Félix Arteaga, investigador del Real Instituto Elcano.

La participación en la OTAN supone un deber moral y político

Un ejemplo es el ataque a Afganistán después del atentado del 11-S. El presidente Bush invocó el Artículo 5, pero hasta 2003 la OTAN limitó su contribución al despliegue de una operación de apoyo en el Mediterráneo. “La única obligación adquirida es cuando España encuadra sus unidades militares en las fuerzas de respuesta rápida creadas en 2014 y de carácter rotatorio”, explica el Coronel Urteaga.

La OTAN tiene procedimientos establecidos que ha costado mucho alcanzar y que son muy claros. “En caso de activación del Artículo 5, -explica Urteaga- el Secretario General empieza los trámites políticos y el Jefe del Comité militar planifica la respuesta con los medios puestos a disposición por los Estados”.

El sueño de un ejército mundial

La idea de crear un ejército internacional para garantizar la paz y la estabilidad en el mundo se planteó a la hora de crear Naciones Unidas. Nunca se llevó a constituir, recuerda Badás Ramos. Fue por la Guerra Fría. A pesar de esto, el Consejo de Seguridad es el único organismo que puede otorgar legalidad a una acción militar.

España es un aliado fiable de sus aliados

Después de la participación en la guerra de Irak, se reformó la Ley de Defensa Nacional y desde 2005 el gobierno tiene que pedir la autorización del Congreso para enviar tropas al extranjero. Aún así, sigue siendo uno de los países que más aportan a los despliegues internacionales. «Nuestro esfuerzo en las operaciones de mantenimiento de la seguridad  está igualmente repartido entre las misiones de la ONU, de la OTAN y de la UE. España quiere demostrar que es un socio fiable». De hecho, en Europa es el segundo país por número de efectivos involucrados.

La ONU sigue siendo una herramienta necesaria

«Cuando hay acuerdo en el Consejo de seguridad, para España es muy fácil participar en misiones internacionales», explica Arteaga. El problema es que a menudo el poder de la ONU queda mermado por el poder de veto de uno de los cinco miembros permanentes. «Cuando el Consejo de Seguridad se equivoca hay mucho ruido en la prensa y se considera la organización obsoleta -dice el Teniente Coronel Badás Ramos-, pero sin ella muchos conflictos habrían degenerado en situaciones aún más graves».

Para Félix Arteaga los Estados más pequeños piden decisiones más inclusivas, pero su contribución al mantenimiento de la paz es inexistente: «Son casi siempre los países occidentales los que lideran las operaciones más complicadas, asumiendo el coste político, económico y las víctimas. Es comprensible que a cambio quieran controlar el proceso de decisión».