La corrupción no es obligatoria”, decía el escritor estadounidense Robinson Jeffers. Y esta sentencia la ha hecho suya el juez Eloy Velasco, que hasta el pasado jueves ha sido el titular del juzgado central de instrucción número seis de la Audiencia Nacional y que a partir del próximo 1 de junio estrenará destino en la sala de apelaciones de esta sede judicial.

Velasco llegó a la Audiencia Nacional en 2008 después de haberse reincorporado a la carrera judicial en 2003 tras su paso por la dirección general de Justicia de la Generalitat Valenciana desde 1995 bajo los mandatos de los populares Eduardo Zaplana y Francisco Camps. Tras obtener plaza en un juzgado de Madrid, recaló en la Audiencia Nacional cuando ETA había roto un alto el fuego en 2007 hasta que en 2010 declaró una tregua indefinida.

Desde su despacho, este bilbaíno de 54 años, casado y padre de dos hijos, ha sido partícipe del cambio de estrategia de este tribunal que durante años centró sus esfuerzos en la lucha contra el terrorismo etarra y ahora se ha erigido en uno de los elementos clave para combatir la corrupción y perseguir los atentados yihadistas.

Los años pesan

Fuentes de su entorno explican que Velasco ha optado por pedir una nueva plaza porque los años pesan y, tras estar tanto tiempo en el ojo del huracán, quiere recuperar la sensación de ser “un ciudadano anónimo” y el placer de la lectura, la música y la aventura de los viajes.

Su sustituto, cuyo nombre aún se desconoce, se encontrará con un juzgado sobrecargado de casos de corrupción que afectan principalmente al PP de Madrid. Los casos Púnica y Lezo aún están en fase de instrucción y han dejado en evidencia a una clase política que renunció a sus “principios tras sus primeros años en el poder para gratificarse con abultadas comisiones ilícitas cuando se convencieron de que se merecían un futuro mejor que buscar trabajo en otras actividades cuando su carrera terminara”, explican fuentes jurídicas.

Pocos arrepentidos

Velasco ha dedicado muchas horas a desentrañar estas mafias instaladas en las administraciones públicas y ha comprobado por sí mismo que las organizaciones criminales operan con los mismos mecanismos en todas las partes del mundo. En Italia solo un 1% de los mafiosos opta por el arrepentimiento, una cifra similar a la española.

En el caso de la trama Púnica, entre los más de 100 imputados sólo David Marjaliza, la mano derecha de Francisco Granados, ha decidido colaborar con la Justicia.

Además, estas investigaciones exigen que los jueces cuenten con una formación especializada. El conocimiento de idiomas, de economía y de nuevas tecnologías es imprescindible para desentrañar a estas organizaciones que usan estructuras cada vez más sofisticadas, por lo que se hace necesario que la justicia sea transnacional, ya que los delitos no tienen fronteras.

Nuevas tecnologías

Este cambio es ya una realidad en el blanqueo de capitales en el que sus autores han cometido sus delitos en sus países de origen, pero vienen a gastar sus ganancias a la Costa del Sol o en el Mediterráneo, como ocurre últimamente con las mafias china, rusa y la camorra napolitana.

Sin embargo, fuentes jurídicas sostienen que uno de los cambios más importantes en la investigación ha llegado de la mano de la tecnología. Ahora, los jueces, policías y guardias civiles usan sofisticados métodos para grabar no sólo las conversaciones telefónicas sino las privadas con aparatos que se activan únicamente cuando el magistrado de turno lo autoriza.

Así ha pasado, por ejemplo, con Ignacio González, al que le colocaron unos micrófonos en su despacho que una empresa especializada no pudo detectar porque sólo se activaban cuando se grababa una reunión que tuviera interés para la investigación. El resto del tiempo estaban apagados, por lo que era imposible que los micros pudieran ser rastreados.

Policías sin pistola

Otro cambio trascendente en esta lucha contra el crimen organizado ha sido la relación de camaradería que se ha establecido entre los jueces, fiscales y fuerzas del orden. Hasta hace solo unos años, las unidades especializadas de la Policía y de la Guardia Civil se limitaban a seguir las instrucciones de los magistrados y de la fiscalía.

Ahora, con sus informes y sus pesquisas impulsan las investigaciones porque  han pasado a ser “policías sin pistolas, pero con ordenadores y registros” que rompen los muros de estas organizaciones, según reconoce Velasco a estos agentes.

Este juez, de carácter impulsivo, no ha dudado en llamar a las cosas por su nombre y entre los abogados no se ha ganado su simpatía. El tono, en ocasiones, bronco de sus interrogatorios le ha provocado críticas, pero tanto éstas como las recriminaciones que le han hecho por las investigaciones que ha llevado a cabo no le han afectado. “Va en el sueldo”, explica a sus amigos, a los que también abruma con las muestras de respeto y cariño que les expresa por sus funcionarios que son los que mejor le conocen.

Ilusión ante una nueva etapa

Velasco, según fuentes de su entorno, está ilusionado con la nueva etapa que va a iniciar. “Dejo la acción para pasar a la reflexión”, explica a sus allegados. Y es que, por primera vez en su vida, va a dictar resoluciones judiciales con otros dos jueces cuando revise el trabajo de sus colegas en la Audiencia Nacional; es decir, después de ir por libre durante años, ahora va a trabajar “en equipo”.

En la sala de apelaciones lo que le va a sobrar es tiempo hasta que empiecen a llegar los casos a revisar, así que Velasco -el juez que ha vivido estos nueve años pegado a un móvil- se va a olvidar del teléfono.

Y podrá disfrutar de largas sesiones en la piscina, el único deporte que ahora practica después de que una lesión le apartase del fútbol. Y seguir como un aficionado más al Atlhetic de Bilbao y a la selección española, sus equipos del alma.