Juantxo López de Uralde (San Sebastián, 1963) saltó del activismo al Congreso de los Diputados por convicción. Después de 10 años al frente de la organización Greenpeace, dio el paso hacia la política y en 2010 fundó Equo, el partido ecologista que cinco años más tarde se alió con Podemos para concurrir juntos a las generales. Con tres diputados, Uralde cuenta ya con varias victorias parlamentarias, después de que la Cámara aprobara la prohibición de cortar el rabo a los perros o que saliera adelante la iniciativa para la protección del lobo en España. La transición energética ha sido una de las banderas de Equo, que pese a su tamaño ha conseguido «impregnar de verde el discurso de Unidos Podemos».

Pregunta.– Un año y medio después de concurrir con Podemos a las elecciones, ¿qué ha ganado Equo y qué ha perdido?

Respuesta.- Hemos ganado influencia política. Primero, dentro del propio grupo. Se está avanzando en la percepción de que la crisis ecológica es un tema que tiene que tener relevancia política y cada vez está más reconocido. Y de cara al público, estamos introduciendo cuestiones que si no hubiéramos estado seguramente no estarían ahí, como el cierre nuclear de Garoña, la defensa de derechos de los animales, la apuesta por las renovables o la defensa del lobo. Hemos conseguido que la ecología política esté en la política española

P.- ¿Y qué han perdido?

R.- Para nosotros tiene un coste de imagen. Equo como tal aparece muy pocas veces en los medios porque aparece sumergido en la marca poderosa de Podemos. Nos cuesta  mucho explicar que somos Equo, que estamos dentro de la coalición. Con todo, el balance es positivo. Siendo muy poquitos, a lo mejor me equivoco, pero creo que somos respetados y se tiene bastante consideración cuando planteamos cosas. Cualitativamente, nuestro peso es mucho mayor que el numérico.

P.- ¿Qué cambia que esté Equo en el Congreso?

R.- Rompe la inercia que había. Hasta ahora el medio ambiente se podía tratar superficialmente pero las decisiones no se acababan de afrontar. Ahora los cambios empiezan a ser reales, ya no vale esconderse detrás de un discurso y no hacer medidas. Ya no vale. Es el principal cambio, que se acabaron las medias tintas, haces política ecologista o no la haces, pero no vale un discurso ecologista y no traducirlo en medidas.

P.- ¿Cómo ha sido la evolución hacia estos temas en el grupo parlamentario Unidos Podemos?

Al principio había nerviosismo en Unidos Podemos porque podía generar cierto rechazo

R.- Venimos de culturas diferentes, Podemos viene de una cultura mucho más social y nosotros en el Europarlamento, por ejemplo, estamos con los Verdes, en un grupo distinto. Cuando proponíamos iniciativas contra el maltrato animal o contra el Toro de la Vega creaba cierto nerviosismo en el grupo, de que podía dar problemas o generar cierto rechazo. Cada vez se asume más el discurso ecologista como parte del grupo. El mejor ejemplo de eso fue cuando Pablo Iglesias me llamó y me dijo que él quería defender la iniciativa para prohibir cortarle el rabo a los perros. Al principio había cierta percepción de miedo a salir a defender algo así, pero Pablo dijo ‘quiero salir porque creo en esto’. Este cambio lo he visto en ámbitos como la convicción antinuclear, o en la percepción del cambio climático como problema. Mi idea es que hemos cambiado muchísimo en ese sentido, y hemos conseguido impregnar de verde el discurso de Unidos Podemos.

P.- Estos asuntos estaban hasta ahora abanderados por partidos clásicos de izquierda.

R.- La realidad es que la izquierda nunca lo ha abanderado. El PSOE no concretaba en medidas. Uno de los elementos frustrantes que me hizo dar el salto a la política es que desde los movimientos sociales no nos sentíamos escuchados, costaba mucho reunirse con ellos. Yo fui diez años director de Greanpeace, que era una organización fuerte, y costaba mucho venir al Congreso a reunirse con alguien. El PSOE tenía cierto discurso pero no lo concretaba, e IU nunca tuvo la fuerza realmente; ha habido personas que han llevado eso al Congreso pero nunca con la fuerza de Unidos Podemos.

P.- Estando dentro de Unidos Podemos, con esa marca, también hay más exposición a las críticas.

Podemos asume un alto riesgo con las denuncias para llamar la atención sobre los problemas

R.- Somos conscientes de que somos parte de un grupo muy expuesto y muy duramente criticado, pero nos está permitiendo tener una presencia que en ningún otro caso hubiéramos podido tener. Podemos es el Greenpeace de la política. Greenpeace ha asumido históricamente muchos riesgos para llamar la atención sobre los problemas, con el propio riesgo físico de sus activistas. Podemos asume también alto riesgo con las denuncias, las propuestas que se hacen para llamar la atención sobre los problemas que se quiere. Hay un hartazgo social en los casos de corrupción y más allá de las iniciativas esperables en política, es Podemos quien da un salto y dice ‘vamos a presentar una moción de censura’. Es un riesgo, pero hay que asumirlo. La política española estaba en zona de confort porque todos tenían mucho que esconder. Ese papel rompedor, arriesgado, es lo que tiene Podemos.

La moción de censura, adelante

P.- Compromís pidió el pasado jueves retirar la moción para esperar al PSOE, ¿qué cree que deben hacer?

R.- Debemos seguir adelante. La moción se presenta por un motivo de urgencia ante los casos de corrupción. Ese motivo no ha cambiado. No ha cambiado son las razones por las que presentamos la moción. Tengo serias dudas de que en el momento actual, Pedro Sánchez apoyara una moción nuestra. Hay que seguir y que cada partido se posicione.

P.- ¿Y una moción de censura con Pedro Sánchez?

R.- Nosotros hemos dicho por activa y por pasiva que estamos abiertos a una moción que haga salir al PP de las instituciones. Esa opción esta ahí y nos gustaría que se hiciera realidad.

P.- Hace semanas recibían una llamada de atención del Congreso por estas formas de llamar la atención, ¿no existe el riesgo de que las formas oculten el fondo?

R.- Decían que éramos indecorosos, y no estoy de acuerdo. Ir a un pleno con una camiseta solo intenta llamar la atención sobre le asunto del agua. Fíjate qué paradoja, que se nos acusó de indecoroso por llevar una camiseta por el agua pública y luego nos enteramos de que los supuestamente decorosos estaban desvalijando el canal de Isabel II, la empresa más importante de agua pública de España.

P.- Sobre la crisis ecológica, ¿qué proponen para solucionarla?

R.- Una cosa que me animó mucho es que el punto número uno de Unidos Podemos tras nuestro pacto era el plan de transición energética. Para afrontar la crisis ecológica, cambiar el modelo energético es lo primero. Ver que eso se asumía como una parte troncal del discurso de grupo es primordial. Esto es fomento del autoconsumo, impulso a la eficiencia energética y la generación de empleo que conlleva; el cambio en las ciudades que gobernamos en cuanto a movilidad… Son las cosas que planteamos y nos hace pensar que este espacio de cambio va a ser eficaz afrontando la crisis ecológica.

En materia de cambio climático, el Gobierno se va a gastar lo que cuesta un kilómetro de AVE

El cambio de modelo de energía es la pelea que determinaría un cambio de modelo. La crisis ecológica es muy acuciante, las cosas que están pasando: los aumentos de temperatura, la destrucción de biodiversidad, la crisis del agua… son cosas muy graves. El Gobierno en materia de cambio climático se va a gastar lo que cuesta un kilómetro de AVE. Es un tema gravísimo, nuestro país está en una región frontera entre los más áridos de África y los más húmedos de Europa, y si continúa el cambio y siguen aumentando las temperaturas quizá nuestro país dejará de ser atractivo para el turismo. Cuestiones que afectan a muchos sectores económicos y la gente no es consciente de esto.

Los logros de Equo

P.- ¿Uno de los logros de Equo en esta legislatura?

R.- Conseguimos que la comisión de Cambio Climático fuera legislativa, se aprobaron proposiciones contra la energía nuclear y el fracking, y hace unas semanas presentamos una proposición no de ley para la protección del lobo que fue aprobada en la Comisión de Agricultura. Ésta es especie emblemática de la fauna salvaje española y representa la naturaleza indomable, la naturaleza más rebelde. En ese sentido tiene muchos enemigos y a diferencia de otras especies como el lobo o lince no cuenta con protección. El hecho de que fuera aprobada es una victoria aprobada para el movimiento ecologista porque nunca en el congreso se había conseguido su protección por ese halo de especie maldita. Ahora lo que reclamamos es que el Ministerio de Medio Ambiente tome esas medias que el parlamento le reclama: que la protección del lobo se extienda en todo el territorio.

P.- ¿Se está apostando verdaderamente o se puede hacer más?

R.- Siempre se puede hacer más. Me gustaría que en las interpelaciones al Gobierno, en los plenos, estas cuestiones tuvieran mayor peso del que tiene. Podemos ir mucho más allá. Hasta ahora las cuestiones están asumidas, las posiciones son las correctas y ahora hay que dar un paso más y situar estos temas en primera línea de la política.