«Objetivo cumplido». Moncloa resume así el balance de la tercera moción de censura de la democracia. Opinan que el el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, «ha salido reforzado» y conseguido, con su discurso, «desenmascarar al populismo», que, a su  juicio, representa el líder de Podemos y aspirante presidencial en esta cita parlamentaria, Pablo Iglesias.

Pero lo cierto es que si bien han superado una moción de censura que podría haberles salido mal al poner los casos de corrupción en primer plano, no han exorcizado el riesgo de una nueva después de verano acorde con los guiños que, en este sentido, se han lanzado PSOE y Podemos. Ambas formaciones han quedado emplazadas para hablar más adelante, lo que abre un escenario indeseado por los populares que prefieren pensar que «Pedro Sánchez necesita tiempo para recomponer su partido», aunque sin descartar nada.

Iglesias ha conseguido enemistarse con casi todos los grupos de la Cámara

Mantienen que Iglesias «ha cosechado un fracaso» no ya solo en su afán por salir investido líder de la oposición en sustitución del PSOE y debilitar al partido de Pedro Sánchez, sino porque ni siquiera ha hecho mella en la unidad PP, PSOE y Ciudadanos en torno a Cataluña amén de «enemistarse con prácticamente toda la Cámara». Hasta el PNV y el PDcat fueron especialmente beligerantes ayer en su discurso, más acordes con un «no» rotundo a Iglesias que con una tibia abstención.Y no digamos con las dos fuerzas canarias, CC y Nueva Canarias, con las que prácticamente ha dinamitado todos los puentes de entendimiento.

Insultos a Rivera

Capítulo aparte merece el duelo entre Pablo Iglesias y Albert Rivera. El líder de Podemos ha bajado al insulto personal llegando a cuestionar el nivel intelectual del líder de Ciudadanos en un ataque estratégicamente sobreactuado.

Pero aún así, el riesgo de una nueva moción de censura antes de que acabe el año es una realidad, aunque, como ésta, esté condenada al fracaso. Dependerá, en buena medida, de las urgencias de Sánchez por relanzar a ese nuevo PSOE del que ha hablado este miércoles su portavoz parlamentario, José Luis Ábalos.

Rajoy ha desmontado el discurso de «atrincherarse» en el escaño y no dar la cara

Mariano Rajoy corrió este martes un riesgo calculado cuando decidió llevar en primera persona la voz del Ejecutivo al debate. Y ha salido bien parado. En su entorno afirman que «desde el principio» se decidió que fuera quien tomara la palabra, lo que se contradice con lo que dijo en los pasillos del Senado hace dos semanas respecto a que no replicaría a nadie en la moción.

De hecho, esa era la idea inicial de buena parte de su entorno y de no pocos dirigentes de su partido y Grupo Parlamentario. De minimizar el efecto de la moción, rebajando el nivel de respuesta para no dar lugar a un cara a cara con Iglesias, pasaron a que él replicara incluso a la portavoz podemita, Irene Montero. Sin medias tintas, sin dar lugar a acusaciones de atrincherarse en el escaño.

Moncloa prefiere el formato de debate elegido por Rajoy al que escogió Cifuentes

«Tenía que salir en defensa de su Gobierno», afirman fuentes cercanas a Rajoy que no quieren entrar a valorar el formato que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, eligió para responder a la moción que le presentó la diputada autonómica de Podemos Lorena Ruiz-Huerta la pasada semana. Cifuentes no intervino pero lanzó a su vicepresidente, consejeros y portavoz a replicar de manera muy bronca a Podemos.

En Moncloa se limitan a comentar que «a nosotros nos gusta más este formato» desligando que la decisión final sobre la intervención de Rajoy se tomara a raíz de lo que aconteció en la Asamblea de Madrid. Podemos quería, según interpreta el Gobierno, un modelo de debate como el madrileño. «Por eso Iglesias fue provocando uno por uno a todos los ministros», aducen. Pero la tranquilidad tampoco duró mucho. Conforme avanzó la cita Iglesias se fue despojando de sus ropajes presidenciables para adoptar su habitual tono destemplado, solo superado hoy por la intervención del portavoz parlamentario del PP, Rafa Hernando, de una extrema dureza en su intervención.

El duelo que no existió

Presidencia ocultó incluso a sus ministros que Rajoy cargaría con el peso del debate «para que la estrategia no trascendiera», admiten en su entorno. De hecho, hasta que no se levantó de su escaño para dar la réplica a Montero, se esperaba un duelo entre ésta y la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, que también hubiera sido, sin duda, muy intenso.