Aseguran no haber seguido la comparecencia de Luis Bárcenas en la comisión parlamentaria que investigará la supuesta financiación ilegal popular. Ni en Moncloa ni en el PP. Al menos, sus principales dirigentes. En Moncloa, salvo el paréntesis de la reunión de la ejecutiva popular, «esta mañana nos hemos dedicado a gobernar. Nos afecta cero patatero» la declaración, aseveran. Recuerdan que hoy se aprobaban en el Senado los Presupuestos Generales del Estado para este año y que el próximo lunes debe pasar por la mesa del Gobierno el techo de gasto de las cuentas de 2018. Además, la reunión del Consejo de Ministros se adelanta un día, pues el viernes hay cumbre hispano-polaca. En fin, demasiado ocupados para escuchar los silencios del ex tesorero que, finalmente, no han sido tales pues ha dejado una serie de aportaciones no menores, que diría el mismísimo Mariano Rajoy.

Ni siquiera que haya salido en defensa del PP en un par de ocasiones ha llamado la atención en Moncloa. Ni para lo bueno ni para lo malo. «Nosotros a lo nuestro, nos da igual, sinceramente», señalan fuentes gubernamentales que insisten con cierto hastío en que «lo de Bárcenas no es nuevo» y que si hay algo que todavía no ha aclarado es el origen de su fortuna en Suiza, esa que el ex tesorero ha atribuido a una «cuantiosa actividad profesional», que no deja de ser curioso el término empleado para definirla.

Ciudadanos «o habla de corrupción o no gana votos», critican en Moncloa

Tampoco les ha sorprendido el tono del portavoz de Ciudadanos, Toni Cantó, el más duro de todos, el único en acabar incluso enfrentado al presidente de la comisión, el diputado de Nueva Canarias , Pedro Quevedo. Pero es que la formación de Rivera, aducen, «o habla de corrupción o no gana votos», al tiempo que advierten de que esa estrategia «tiene un techo», aún siendo evidente que los últimos sondeos de voto les auguran un cierto desgaste en beneficio de la formación naranja. Interrogado el portavoz del PP, Pablo Casado, al respecto, ha pedido a Ciudadanos no entrar «en esa escalada de descalificaciones, que son irresponsables», pasando de puntillas sobre las supuestas amenazas que dice Cantó le lanzó la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, este fin de semana para que no citara su nombre en la comisión.

La versión que ofrece Cantó difiere considerablemente de la que dan en el entorno de la también secretaria general del PP.  El dirigente naranja afirmó el pasado viernes que Cospedal cobró sobresueldos, que participó en reuniones con Bárcenas o que lo de los 200.000 euros de comisión por el contrato de basuras de Toledo «estaba contrastado». El equipo de la ministra decidió responderle vía tuit de que todos esos casos se los ha ganado Cospedal a Bárcenas en los tribunales, pero ésta prefirió avisarle telefónicamente y sí, en los tuits del viernes alertaba de que saldría en defensa de su honor si se la difamaba en la comisión.

La ministra también ha desmentido hoy las supuestas amenazas.

Otra cosa es que la nueva estrategia de Rivera de endurecer el tono con el PP para ganar los votos socialistas moderados que se le escapen a Pedro Sánchez pueda afectar a la colaboración de Ciudadanos en otras cuestiones. No parece que vaya a ser así ni para Cataluña ni para techo de gasto o Presupuestos. Rajoy sigue intentado agotar la legislatura aunque ayer afirmara en el comité ejecutivo de su partido que es necesario que «me dejen gobernar». De hecho, es previsible que ya se hayan producido contactos entre Rajoy y Rivera para hablar, otra vez, del desafío independentista, aunque sea a costa de tragarse el sapo de la corrupción.

«Relaciones normales»

Rajoy ha dicho hoy a los suyos que si una cosa dejó clara la fallida moción de censura es que «no hay una alternativa creíble al PP» con una oposición que no tiene nada que ofrecer salvo confiar «en que las cosas vayan mal». Capítulo aparte ha merecido el nuevo PSOE de Sánchez, con el que no acaba de cerrar cita, aunque le gustaría, ha confesado, «tener relaciones normales», de momento cortocircuitadas.