El inspector de la Policía Nacional José Ángel Fuentes Gago ha negado que «encubriera» al comisario jubilado José Manuel Villarejo en la investigación sobre la compatibilidad de sus negocios privados y su cargo en el Cuerpo y ha acusado al entonces jefe de Asuntos Internos, Marcelino Martín Blas, de propiciar la conocida como ‘guerra de comisarios’, a la vez que ha negado su responsabilidad en la organización de las reuniones entre el ex ministro de Interior Jorge Fernández Díaz y el ex director de la Oficina Antifraude de Cataluña, Daniel de Alfonso.

El inspector, también asesor de la Dirección Adjunta Operativa de la Policía dirigida entonces por Eugenio Pino, ha comparecido este miércoles en la comisión de investigación en el Congreso sobre el supuesto uso partidista del Ministerio del Interior en la etapa de Fernández Díaz por estas reuniones. La comisión ha llamado a Fuentes Gago y Pino para que aclaren si organizaron las reuniones, que fueron grabadas y que iban dirigidas a obtener munición informativa que pudiera utilizarse contra líderes soberanistas.

En su comparecencia en el Congreso de los Diputados el pasado 5 de abril tanto el exministro como el exdirector de la Oficina Antifraude catalana negaron haber pedido las reuniones que mantuvieron octubre del año 2014 y apuntaron directamente a miembros de la cúpula policial como los organizadores de esas reuniones. En concreto según explicó De Alfonso, la cita con el exministro se la propuso el inspector de la policía, José Ángel Fuentes Gago, jefe de gabinete de Eugenio Pino.

Sin embargo, Fuentes Gago ha negado este miércoles su responsabilidad en la organización de los encuentros, y ha admitido que sí participó en la organización pero que lo hizo por orden de un «superior» jerárquico. Al ser preguntado, el inspector policial se ha negado a dar el nombre de sus superiores y ha llamado a los partidos políticos que le interrogaban a pedir la información a través de los «canales oficiales de la Policía».

Fuentes Gago ha hecho referencia a la llamada ‘guerra de comisarios’ entre Martín Blas y Villarejo, y ha atribuido la mala relación entre ambos a un choque personal que surgió a raíz de una «traición» que impidió que siguieran trabajando juntos. El inspector ha atribuido a la responsabilidad a Martín Blas, al enviar al Juzgado un «informe a sabiendas de que era falso» que relacionaba a Villarejo con la investigación del caso del ‘pequeño Nicolás’. «En diciembre de 2014 va (Martín Blas) al DAO -Pino- con unas imágenes de un comisario. Se le advierte que tiene un problema de espalda, que no puede ser él por la postura; y el 28 de enero de 2015 se entera de que el informe está en el Juzgado identificando a ese comisario», ha explicado Fuentes Gago. Según este inspector, el entonces jefe de Asuntos Internos se remitió a un grupo de la Policía para desvincularse de aquella actuación.

«A sabiendas de esa actuación irregular, el DAO no podía mantenerle en su puesto en Asuntos Internos», ha comentado Fuentes Gago, defendiendo la actuación de su superior, el comisario Eugenio Pino. El inspector ha recordado que se perdió la confianza en Martín Blas y que fue destituido de Asuntos Internos al mantener que Villarejo era el responsable de la grabación de una conversación entre agentes del CNI y policías que investigaban al ‘pequeño Nicolás’. Según Fuentes Gago, el cese de Martín Blas vino motivado, además, porque éste no hacía caso a las órdenes de Pino para que dejara de hablar con la prensa, lo que desató lo que ha calificado como «tormenta perfecta».

Poco después, y precisamente a través de la prensa y a raíz de una información publicada en El País sobre el patrimonio de Villarejo, el ministerio del Interior ordenó en marzo de 2015 a Martín Blas que investigara este patrimonio. Fuentes Gago ha justificado que la investigación se cerrara sin ver incompatibilidad alguna entre sus negocios privados y su función pública como policía: «Lo que hice fueron unas actuaciones previas sin carácter legal», ha comentado. «No encubro a Villarejo, no lo vi claro», ha comentado. En otro momento de su comparecencia, Fuentes Gago ha dicho desconocer si Martín Blas tuvo algo que ver con las grabaciones en el despacho del exministro Fernández Díaz, pero sí ha reconocido que llegó a escuchar esa «hipótesis» en las conversaciones de sus superiores.

Intermediario en las reuniones de Fernández Díaz

Tras responder a preguntas de los portavoces en varias ocasiones con «lo desconozco totalmente» o «no lo sé», Fuentes Gago sí que ha afirmado que no ha formado parte de ninguna brigada política dentro del cuerpo y que se limitó a ser el intermediario de las reuniones que mantuvieron el ex ministro del Interior Jorge Fernández Díaz con el exdirector de la Oficina Antifraude catalana Daniel de Alfonso que fueron grabadas.

Fuentes Gago señala a Martín Blas como el superior que le ordenó la organización de la reunión

Sobre estas reuniones, el inspector jefe, actualmente destinado como agregado de Interior en La Haya, ha señalado al ex jefe de Asuntos Internos Marcelino Martín Blas como el superior que le ordenó que contactara con De Alfonso para que se reuniera con Fernández Díaz. Fuentes Gago ha dejado claro que «no manejaba» las agendas de estos dirigentes, pero ha reconocido que tenía una relación personal que luego derivó en «profesional» con De Alfonso y que por este motivo sus superiores le pidieron que contactara con él y le expresara la «conveniencia» de entrevistarse con Fernández Díaz.

Así se lo trasladó a De Alfonso después de recibir la orden de sus «superiores jerárquicos», el entonces jefe de Asuntos Internos Marcelino Martín Blas y después el ex director adjunto operativo Eugenio Pino, también citado a comparecer hoy en la comisión. Fuentes Gago ha detallado que en los dos encuentros en Interior acompañó a De Alfonso, pero en un primera cita ni siquiera entró en el ministerio y en la otra se quedó a la espera «en un hall».

Sobre la grabación de esas conversaciones, el inspector jefe ha dicho que no conoce ni cómo se hicieron ni quién las grabó, pero ha reprochado que se esté dando esas grabaciones filtradas «como dogma de fe», sin verificar si son originales o, por el contrario están «maquetadas» o «editadas».