Visten ropa de calle como cualquier trabajador de oficina, pero su labor va más allá de hacer informes. Visualizan horas y horas de vídeos donde los protagonistas, menores de edad, están siendo víctimas de abusos, para identificar a los autores e ir en su busca. “Lo más aberrante son las imágenes de bebés. Es lo que más puede afectar, le das vueltas a la historia porque todos somos humanos”, reconoce uno de los agentes que lucha contra la pornografía infantil. Las imágenes son de tal crudeza que muchos apenas duran unos meses. Los que aguantan lo hacen con una motivación muy clara: “El mayor aliciente es capturar a algún capullo de estos”.

Según el anuario estadístico del Ministerio del Interior, 473 personas fueron detenidas por delitos de pornografía infantil en 2015 -último año registrado-, un 3,7% más que en el periodo anterior. Desde el año 2013 se ha producido un incremento considerable de casos, ya que han pasado de 508 ese año a 748 en 2015. Los delitos sexuales ya suponen el 3% de los que se producen en la red, según el informe de cibercriminalidad publicado por Interior.

Muchos de los agentes que trabajan contra la pornografía infantil son padres de familia, por lo que las imágenes que ven cada día no se borran fácilmente de su mente. “Es muy duro. Cuando ves este tipo de cosas te afecta sin duda”, reconoce José María Martín, subinspector de la sección dos de la Brigada de Investigación Tecnológica de la Policía Nacional. Tras muchos años de lucha contra la pedofilia, reconoce haber “hecho callo”, pero la crudeza de las imágenes, asegura “es muy impactante y según tu entorno te pueden quedar más o menos secuelas”.

José María Martín, subinspector del grupo dos de menores de la Brigada de Investigación Tecnológica de la Policía Nacional.

José María Martín, subinspector del grupo dos de menores de la Brigada de Investigación Tecnológica de la Policía Nacional. Mario Viciosa

Su trabajo consiste en encontrar y detener a los delincuentes, pero su objetivo prioritario son las víctimas. “Es tan importante detener a las personas como acabar con los abusos”, apunta Ángel Sánchez, jefe del grupo dos de la BIT. “No hay que olvidar que son menores que están desarrollándose y todo lo que les ocurre en la infancia tiene una grave repercusión, porque las secuelas que les deja necesita tratamiento especializado”.

Sánchez participó el pasado mes de abril en el desmantelamiento de la mayor red internacional de distribución de pornografía infantil a través de WhatsApp, en el marco de la Operación Tantalio. En ella se analizaron un total de 96 grupos de exclusiva temática pedófila e identificado a 136 usuarios de 18 países de Europa, Centroamérica y Sudamérica que habían distribuido más de 360.000 archivos de fotografías y vídeos. La facilidad para compartir contenidos que permiten las nuevas tecnologías hace que este fenómeno esté cada vez más extendido.

Denuncias e investigaciones propias

La Policía Nacional trabaja contra la pedofilia a través de investigaciones propias y a partir de las denuncias que los ciudadanos registran a través de su portal, que al igual que la Guardia Civil, recibe información sobre posibles páginas con contenido ilegal. El pasado año, de las más de 25.000 avisos por actividades ilegales recibidos en el portal de la UCO, 1.052 fueron casos de pornografía infantil comprobados. “Hay muchos que están denunciados pero descartados”, apunta Juan Sotomayor, teniente coronel responsable de la Unidad de Delitos Telemáticos. Esta unidad se encarga de los casos más graves que afectan a redes o grupos, mientras que los casos individuales los tratan las delegaciones territoriales.

Juan Sotomayor, teniente coronel responsable de la Unidad de Delitos Telemáticos de la UCO.

Juan Sotomayor, teniente coronel responsable de la Unidad de Delitos Telemáticos de la UCO. Mario Viciosa

Las investigaciones son lentas y requieren un alto nivel de esfuerzo, pero si hay una dificultad añadida a la que se enfrentan estos cuerpos, es la vigilancia de foros de pornografía infantil. “Hay jueces que interpretan que en un foro, cada uno de los que participa comete un delito, por lo tanto se hace cargo de uno de ellos y los demás se inhiben porque la ley no lo deja claro”, explica el teniente coronel.

A su juicio, estos delitos que tienen lugar en la red y que multiplican a los que suceden en la vida real requieren de una jurisdicción propia que ayude a agilizar el proceso. Como ejemplo, utiliza los casos de estafas en internet, que suponen el 80% de los delitos que tienen lugar en la red: “Nos estamos encontrando con gente que vende productos en internet y lo hace a 40.000 sitios. Son 40.000 estafados a 40.000 juzgados y tenemos a un montón de jueces que están investigando sobre el mismo tema sin saberlo”.

Dada la dificultad que supone analizar las imágenes, que suelen estar editadas, Europol ha comenzado a colgar en su web imágenes de objetos que aparecen en los vídeos incautados por si pueden ser identificados por los ciudadanos. A esta dificultad se añade el hecho de que los pedófilos actúan a través de plataformas que no muestran la IP, garantizando el anonimato de los delincuentes.

Un perfil muy marcado del pedófilo

Si bien no hay un perfil definido del pedófilo, Sotomayor destaca uno muy marcado que describe a “una persona que se ha quedado estancada en la juventud, vive con los padres, tiene problemas para relacionarse y se ha quedado en los 12 años y no ha querido evolucionar, por lo que hace un uso de las redes buscando pornografía infantil y la comparte”. Si bien son conscientes de que están cometiendo un delito, ambos cuerpos consultados coinciden en la reincidencia de los pedófilos pese a recibir tratamiento psicológico una vez detenidos: “No deja de ser una filia”, puntualiza el jefe de grupo de la BIT.

Existe una fina línea que separa la pedofilia de la pederastia. Si bien la primera define el deseo de una persona por los menores, la pederastia aparece cuando pasa a convertirse en un hecho consumado y en abuso. “Es como una droga. La persona va accediendo a escalas superiores para saciarse y desde luego, si tiene acceso a un niño, puede cometer abuso”, explica José María Martín. Por eso es imprescindible localizar a la víctima.

Para intentar agilizar el proceso y evitar el trauma de ver las imágenes, la Guardia Civil trabaja con una universidad en el desarrollo de un programa que, mediante un algoritmo matemático, permita reconocer desde un punto de vista informático imágenes de pornografía infantil de menores de 12 años. “Así nos permite manipular las fotos sin tener que verlas, porque es un problema, la gente acaba tocada”, explica el teniente coronel Sotomayor. Hasta el momento, el trabajo humano es el gran protagonista en la lucha contra la pedofilia.