La frase no deja lugar a dudas: “Sabemos que volverá el invierno”. La pronuncia un estrecho colaborador de la dirección del PNV. Lo dice antes de augurar que tras el verano comenzará a cubrirse de nubes el cielo despejado que hoy ilumina la relación de los nacionalistas con el PP. Hace siete días que en Sabin Etxea no hacen sino escuchar con recelo un rosario de alabanzas de dirigentes populares. Reconocimientos públicos a su actitud de diálogo y pacto y buenas palabras por parte de las más altas personalidades del Estado. Desconfían, les suenan huecas y oportunistas.

El pasado sábado lo hizo el presidente Rajoy: “Hacen lo que se debe hacer y lo que da frutos”; el martes la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría: “Son un modelo a seguir”; y el un día después, el ministro Montoro: La relación es “leal, franca y colaborativa”. En el PNV están convencidos de que nada de eso sucedería si sus cinco votos en la Cámara Baja no fueran fundamentales. Tampoco si en Cataluña los vientos no fueran tan huracanados. Aún retienen con nitidez en su memoria los años de mayoría absoluta del PP en los que sus demandas ni siquiera eran atendidas.

El PP ha alabado la actitud del PNV, «en realidad es un arma arrojadiza contra Puigdemont», aseguran desde Sabin Etxea

Hoy, además del PP, el PNV se sabe querido, –más por necesidad que por voluntad– también por quienes aspiran a ganárselo a medio plazo: el PSOE. El pasado jueves el secretario general de los socialistas, Pedro Sánchez, visitó el País Vasco en un intento por reactivar una relación rota meses atrás y que se antoja necesaria para algunos de los proyectos estrella con los que quiere recuperar liderazgo político. Sin duda, la reforma territorial y su propuesta de nuevo encaje territorial para las “nacionalidades” del Estado a través de una reforma constitucional es el reto más espinoso y con el que más puede tentar al PNV.

Hoy por hoy la relación entre Rajoy y Ortuzar es fluida. Las llamadas telefónicas se suceden con cierta periodicidad entre peticiones de uno y concesiones del otro. El reciente apoyo al techo de gasto y la cesión de la competencia de dos líneas ferroviarias son muestra de ambas cosas.

Un nuevo ‘estatus jurídico’ tras el verano

Pero la ‘amistad’ de conveniencia se podría enfriar. La demanda territorial marcará la vuelta del periodo estival, no sólo por el intento de reforma territorial de la Constitución pretendido por el PSOE, sino también por la reactivación de los objetivos de más autogobierno que impulsará el PNV. Blindadas las relaciones financieras hasta 2021 y una buena parte de las inversiones estratégicas, ahora es tiempo de hincarle el diente al ‘nuevo estatus’ político que idea el PNV. Es ahí donde los nacionalistas de Ortuzar dicen no arriesgar al asegurar que llegará “un invierno” en las relaciones con el PP el próximo curso.

Tras las negociaciones en clave económica y de infraestructuras –Cupo, Tren de Alta Velocidad, actualización tributaria…- derivada del acuerdo presupuestario de 2017 advierten que en septiembre, cuando se retome la negociación presupuestaria de cara a 2018, el contador se pondrá a cero. Y sobre la mesa el segundo round entre el Gobierno de Rajoy y los nacionalistas se librará en otras coordenadas más difíciles de asumir por el PP: el autogobierno vasco.

La negociación de la cuentas 2018 se antoja más complicada: «El contador se pone a cero»

El Gobierno de Urkullu y el PNV han fijado la aprobación de un nuevo estatus político y jurídico de Euskadi como un objetivo central de la legislatura. Durante el primer mandato de Urkullu los avances en esta cuestión, -sobre la que se llegó incluso a fijar una fecha de votación de un nuevo texto de relación con España para 2015- fueron insignificantes. Ahora, con la ponencia parlamentaria en marcha, los planteamientos de actualización del autogobierno de todos los partidos sobre la mesa, a excepción de Podemos, y el compromiso de tener listo un texto articulado en otoño de 2018, es hora de poner letra pequeña a las aspiraciones soberanistas del País Vasco.

El PP vasco ya le ha advertido que no se empeñe en reclamar la cesión de cuestiones como el régimen económico de la Seguridad Social o las prisiones, dos de las materias prioritarias para el gobierno vasco y cuya demanda intensificará en los próximos meses. El viernes el portavoz del PNV en el Parlamento Vasco, Joseba Egibar recordaba que lo que en realidad quiere el PNV es “tener nuestras propias pensiones”.

Un proceso negociador nuevo que requerirá de gestos más simbólicos que económicos por parte del Ejecutivo de Rajoy si quiere reeditar el apoyo del PNV para las cuentas de 2018. Los nacionalistas vascos recuerdan que su propuesta pasa por respetar el marco de la ley pero apelan a la bilateralidad y mayor autonomía como demanda irrenunciable en un texto que tendrá que superar al actual Estatuto de Gernika.

Los nacionalistas «buenos» y «malos»

El discurso de los nacionalistas vascos son “los buenos” y los catalanes “los malos” no se lo creen. Recuerdan que la afirmación era justo la contraria en tiempos del plan Ibarretxe. En Sabin Etxea ven en los reconocimientos que están recibiendo por su actitud dialogante una utilización como “arma arrojadiza contra el proyecto de Puigdemont”, recuerdan, “mera estrategia de desgaste al Govern de Cataluña”.  En sus últimas apariciones insisten una y otra vez que no son ellos los que han cambiado, que es Rajoy y su Gobierno quien lo ha hecho fruto de las circunstancias y necesidad.

Los últimos sondeos reflejan que los acuerdos con el PP no les han supuesto apenas desgaste en el nivel de aprobación de los vascos. El PNV siempre defiende los acuerdos con el Ejecutivo español como una vía para “beneficiar” a Euskadi y si ello conlleva dotar de estabilidad a España, “pues mejor, a nosotros también nos interesa que a España le vaya bien”. Por si acaso recuerdan que siguen siendo una formación nacionalista, “que eso no se le olvide a nadie” y que como objetivo último el partido continúa teniendo como meta la independencia o constitución en un Estado propio. Por ahora, se impone el pragmatismo; paso a paso, rédito a rédito.

Los nacionalistas prevén que la redacción de un nuevo estatus alterará la relación

A finales de este año el Parlamento Vasco encargará la redacción de una propuesta de «nuevo estatus» para Euskadi aspire –según el planteamiento del PNV- a una relación bilateral “de igual a igual” entre España y el País Vasco, “y entonces dirán que nos hemos echado al monte, que nos subimos a la vía Catalana y dejaremos de ser buenos”.

El pasado jueves el secretario general del PSOE aseguró en Vitoria, a las puertas de la Lehendakaritza que dentro de España “hay una nación que se llama País Vasco”. Incluso se atrevió a reprochar la falta de apoyo al euskera por parte de Rajoy y a defender la singularidad vasca. Guiños, cortejos todos ellos para recuperar una relación perdida y que el socialismo español necesita engrasar si aspira a conformar una alternativa de Gobierno.

No lo tendrá fácil. El PNV no se fía de Sánchez. Pese a que gobiernan con el PSE en Euskadi en todas las instituciones importantes, los nacionalistas vascos saben que el secretario general difícilmente rebasará la línea roja de fragmentar la soberanía. Egibar aseguró que la reforma de la Constitución que vende el PSOE difícilmente contemplará una cesión de “soberanía” en favor de las nacionalidades existentes en el Estado, entre ellas la vasca.