Barricadas levantadas con cadenas de hierro, neumáticos ardiendo, o mobiliario urbano. Muchachos encapuchados ataviados con grandes escudos. Gases lacrimógenos, conflictos vecinales. Una pelea entre rivales ideológicos en medio de la calle. Los venezolanos se enfrentan a un fin de semana decisivo en un país que vive sus horas más críticas al borde del colapso económico y social.

El presidente Nicolás Maduro respondió al órdago lanzado por la oposición, que está en protesta permanente desde abril, convocando elecciones a Asamblea Nacional Constituyente (ANC), con el objetivo de elaborar una nueva Carta Magna. Es la única manera, según el oficialismo, de garantizar la paz en el país.

Los opositores creen que su convocatoria es inconstitucional, que su formato de elección territorial y sectorial vulnera el derecho al voto, y que será utilizada para aumentar la represión y certificar un Estado comunista.

El apoyo a la oposición ha ido en ascenso desde la primavera. Lo demuestran cuatro meses de manifestaciones continuas que han dejado un saldo de más de cien muertos, de uno y otro bando.

Crisis económica

El descontento se ha acrecentado a medida que se ha ido expandiendo la brutal crisis económica que vive el país desde que los precios del petróleo comenzaron a caer, en 2014.

Las filas en los supermercados siguen siendo proverbiales. Faltan alimentos de consumo básico. Cuando los hay, son vendidos a precios desorbitados, producto de una inflación récord y propia de estados fallidos.

Los precios aumentaron un 180,9% en 2015 y se dispararon un 274% el año pasado, según los datos aportados por Caracas al Fondo Monetario Internacional. La oposición cree, sin embargo, que dichos datos están alterados y cifra la inflación en 2016 al 550%.

El Gobierno ha tratado de contrarrestar las subidas de precios con aumentos continuos del sueldo mínimo, sin aparente éxito. Los precios siguen creciendo, el bolívar sigue devaluándose –es normal ver a gente por las calles con mochilas llenas de fardos de billetes que apenas suman una decena de euros- y los ciudadanos perdiendo poder adquisitivo.

“A mí con el salario mínimo apenas me da para comprarme un tubo de pasta de dientes”, señala Karen Zamora, una peluquera caraqueña. “Menos mal que fui precavida, y cuando vi que la economía se iba al carajo, compré reservas”. Aun así, raciona el dentífrico.

Con el salario mínimo apenas me da para comprarme un tubo de pasta de dientes», señala Karen, peluquera

La crisis alimentaria se ha agudizado. El 72,7% de los venezolanos bajaron de peso en 2016, según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) registrada por tres universidades. Los más pobres llegaron a perder hasta nueve kilos de media. Casi diez millones de venezolanos sólo pueden alimentarse dos veces al día.

“El Gobierno subvenciona bolsas de comida. Ellos creen que con eso es suficiente, pero es mentira. ¿Y dónde está el pollo, las proteínas?”, comenta la publicista Gloria Páez, cansada de las colas de los supermercados.

Crisis sanitaria

La escasez no es sólo de alimentos. También faltan insumos médicos y, sobre todo, medicinas. En especial las de alto costo, cuyo desabastecimiento llega al 95%, poniendo en serio riesgo las vidas de personas con patologías mentales graves, enfermedades hepáticas, renales, diabetes, parkinson, cáncer y VIH.

“El Ministerio de Salud no está comprando antiretrovirales para combatir el VIH, y es un tratamiento que sólo se puede obtener por vía pública. Muchos están desarrollando nuevas infecciones, como tuberculosis, por el debilitamiento del sistema inmunológico que conlleva no tener el tratamiento”, alerta César Pacheco, de la ONG Acción Solidaria, que atiende a enfermos de VIH.

El Ministerio no compra retrovirales para combatir el VIH y es un tratamiento que sólo se puede obtener por vía pública», denuncia la ONG Acción Solidaria

La epidemia, además, va en aumento. Comprar preservativos en Venezuela es prohibitivo para muchas familias. La esterilización está convirtiéndose en la salida de personas de bajos ingresos, según los expertos del sector.

Para la oposición, la crisis económica es producto de una economía basada puramente en la exportación del petróleo, además de incapacidad gubernamental.

El oficialismo, aun admitiendo la gran dependencia extractivista, cree que hay desabastecimiento y alza de precios debido a una guerra económica lanzada por los empresarios opositores.

Delincuencia

La crisis ha hecho explosionar la delincuencia en el país. Los venezolanos caminan “con cuatro ojos” por Caracas, la ciudad más peligrosa del mundo fuera de zonas de guerra, superando a San Pedro Sula, en Honduras.

Casi todos los capitalinos cuentan con un amplio historial como víctimas de robos, no sólo de móviles o carteras, sino en muchas ocasiones de vehículos.

En 1999 fueron contabilizados 44 secuestros en todo el país, la mayoría en zonas aledañas a Colombia por el conflicto armado del país vecino. La cifra ha ido ascendiendo vertiginosamente. Venezuela alcanzó los 1.600 secuestros al año en 2013. El año pasado podrían haberse superado los 2.000.

La falta de Justicia –el 90% de los asesinatos queda impune- ha llevado a los ciudadanos a vengarse por su cuenta. Los linchamientos a supuestos ladrones aumentaron un 650% en 2016. A veces, quienes se toman la justicia por su mano fallan a la hora de detectar su objetivo. Medio país vio en internet cómo dos personas quemaron vivo a Roberto Bernal, un chef caraqueño, cuando asistía a una víctima de robo. Fue linchado al ser confundido con el ladrón.

Alta tensión

El desabastecimiento y la delincuencia, entre otros factores, han creado un cóctel que ha agitado el descontento contra el Gobierno. Los opositores, basándose en encuestas, creen que en el escenario más desfavorable para ellos el apoyo a Maduro no supera el 30%. Los oficialistas, en cambio, están convencidos de que la mayoría del pueblo sigue siendo chavista.

La correlación de fuerzas es importante de cara a una posible negociación. El ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, una figura controvertida para la oposición, ha vuelto esta semana al país, y eso significa, para la gente en la calle, que ambos bandos están hablando, aunque no se admita públicamente.

Con ayuda de Zapatero, todo se va a solucionar porque vamos a estar todos pronto muertos o presos», dice el empresario Boris Sacs

“Con la gran ayuda de Zapatero todo se va a solucionar en este país, porque pronto vamos a estar todos muertos o presos”, critica con sorna Boris Sacs, un empresario, en la plaza de Altamira, epicentro de las protestas opositoras.

Aunque sigue habiendo muchos venezolanos que creen en la negociación, cada vez parecen menos: “Este país lo que necesita es mucho diálogo. Que las partes moderadas se sienten a hablar. Hay mucho extremismo. La oposición no tiene hoja de ruta. No sabe a dónde va, y el gobierno se dedica simplemente a contemporizar”, reclama Alejandro Fierro, un consultor del este de Caracas que no secunda los paros cívicos convocados por la oposición en las últimas semanas.

Hay mucho extremismo. La oposición no tiene hoja de ruta.. y el gobierno se dedica a contemporizar», dice el consultor Fierro

No todos piensan como él. Una negociación exitosa probablemente quedaría a medio camino entre las exigencias del chavismo y las de la oposición. Las bases más radicales de unos y otros estarían, posiblemente, en contra de cualquier acuerdo alcanzado en la mesa de negociación.

Algunos portavoces de la Resistencia, el grupo de jóvenes encapuchados que líder la protesta contra el oficialismo, han declarado no estar dispuestos a aceptar la cancelación de la ANC si no lleva consigo la renuncia de Maduro o la convocatoria de presidenciales. Lo verían como una manera de enfriar artificialmente la calle.

La cancelación de la ANC, por otro lado, sería inasumible para las bases del chavismo, como los colectivos, que llevan casi tres meses defendiendo los comicios y preparando a sus candidatos.

Posverdad

Ambos bandos están, además, muy influenciados por la información que reciben en las redes sociales, muy manipulables. La posverdad se ha asentado en casi todos los hogares venezolanos. Sólo así es explicable que muchos opositores crean a sus líderes cuando claman que el paro cívico de esta semana ha sido seguido por el 90% de la población, cuando el seguimiento ha sido desigual en el centro de Caracas, y es prácticamente ignorado en el oeste.

“En el este de Caracas (de mayoría opositora) se cierra por miedo y en el oeste (de mayoría oficialista) se abre por miedo”, reflexiona Fierro.

También los medios oficialistas muestran como multitudinarias concentraciones chavistas que ni mucho menos congregan el mismo número de simpatizantes que hace unos años.

La posverdad se completa con informaciones como la falsa muerte de Leopoldo López, ahora en arresto domiciliario, la huida de Maduro del país que nunca se dio, o la colocación de baterías antiaéreas en el palacio de Miraflores.

Ruido de sables

Lo que sí es un secreto a voces es que en Venezuela hay cierto movimiento en el Ejército. Exista ruido de sables. Las agencia Reuters avivó los rumores cuando anunció, el mes pasado, que al menos 14 militares fueron arrestados bajo sospecha de “rebelión” y “traición” a la patria.

Muchos opositores piden al Ejército que actúe. En el referéndum opositor contra la ANC del pasado 16 de abril, que registró más de siete millones de votos, había una pregunta que apelaba explícitamente al cumplimiento de la Constitución por parte de las Fuerzas Armadas.

Así llega Venezuela a este fin de semana que se considera decisivo. Las últimas horas no han sido sencillas para la oposición, que se ha encontrado con un fuerte rechazo en las redes sociales al cambiar la marcha prevista sobre Caracas para este viernes por una continuación del bloqueo vial, considerado insuficiente por sus seguidores más radicales. La protesta –prohibida este fin de semana por el Gobierno- podría intensificarse en las próximas horas en un país que camina al borde del precipicio.