Como si estuviéramos en el final de Casablanca. Así siente el ex ministro José Manuel García-Margallo que deberíamos comportarnos frente al desafío del referéndum independentista para evitar que España se rompa: «Como cuando Bogart le dice a Ingrid Bergman: ‘Es fácil comprender que los problemas de tres pequeños seres son insignificantes en este loco mundo'». Lo entona con gesto grave y en voz tan baja que a veces parece un susurro.

El ex ministro de Exteriores, que lo mismo te recita de memoria diálogos del cine en blanco y negro que el artículo 155 de la Constitución española, acaba de publicar Por una convivencia democrática (Deusto), un libro en el que propone una reforma de la Carta Magna y habla largo y tendido de Cataluña. Y aunque el ex ministro no lo verbalice (Bogart nunca lo haría), es inevitable entrever en sus silencios un soterrado «ya lo decía yo» cuando se le pregunta por lo que está pasando en España en vísperas del referéndum del 1-O.

De hecho, que la presentación de su libro haya coincidido con la bronca de la tramitación en el Parlament de Cataluña de la convocatoria del referéndum y la Ley de Transitoriedad Jurídica tampoco le sorprende del todo: “Para saber que iban a hacerlo coincidir con la Diada no hace falta ser muy listo», afirma con una media sonrisa amarga. “Que esto iba a producirse tarde o temprano ya se sabía, porque es un proceso que desde 2013 se veía imparable. Este proceso ha tenido unas etapas cuyo desarrollo ha sido fácil de prever. Primero, un período de bloqueo. Luego, un momento de enfrentamiento, que es el que se ha producido ahora. Y, finalmente, entramos en la tercera fase, que puede ser de búsqueda de entendimiento o de ruptura».

Estamos más cerca que nunca de que pueda romperse España. No hemos estado tan cerca jamás»

«Yo era consciente de que esto tenía que reventar por algún lado», añade el que fuera el ministro mejor valorado durante la primera legislatura de Rajoy. Y no oculta en ningún momento su preocupación: «Este es el único problema que me ha quitado el sueño. Pensar que se puede producir la disolución de mi país para mí es un pensamiento intolerable. Estamos más cerca que nunca de que pueda romperse España. No hemos estado tan cerca jamás».

En su último libro, que lleva por subtítulo Una propuesta de reforma para adaptar la Constitución al siglo XXI, hay más propuestas que reproches. No es un ajuste de cuentas de su etapa en el Gobierno «porque no es mi estilo», aclara. «Yo he defendido mis ideas con enorme vehemencia antes, durante y después de mi período ministerial con absoluta claridad». Y añade: «Ahora son tiempos para apoyar el Gobierno. Sobra codicia y falta ambición. Debemos estar todos al servicio de España y olvidarnos de nuestro destino personal».

Sin embargo, ese apoyo incondicional que el antiguo jefe de la diplomacia española muestra hacia el Ejecutivo de Rajoy no está exento de críticas. «La vicepresidenta dijo que no habría urnas y que si las había se retirarían, y espero que haga honor a su compromiso», dice Margallo. Y añade sin tapujos: «Permitir el 9-N fue un error. Pero lo que no puedes es equivocarte y tropezar dos veces en la misma piedra».

El arsenal de Rajoy

«El 9-N fue un error», afirma para más señas refiriéndose a la consulta de 2014. «Yo había propuesto entonces que se ordenase a la Generalitat la requisa de las cajas de cartón y las papeletas que se estaban poniendo en la cárcel de Lérida. Y si no se obedecía, que se diera la orden de poner en marcha el artículo 155 durante 24 horas para poner a los Mossos d’Esquadra a las órdenes del ministro del Interior». Y añade: «Al mismo tiempo había que haberle hecho a la sociedad catalana no separatista una oferta de reforma constitucional de desarrollar inversiones en infraestructuras, hacer una ley de lenguas, cambiar el sistema de financiación… «.

No quiere entrar Margallo en la ucronía de adivinar qué hubiera pasado si el Gobierno de Rajoy, del que él formaba parte, le hubiera hecho caso entonces “pero sí sé que un proceso se ataja mejor cuando está en sus inicios que cuando está avanzado. Y hace tres años habría sido más sencillo».

Igual de claro que tiene que «fue un error» no haber aplicado el artículo 155 en el 9-N, insiste que volvería a serlo no hacerlo ahora. Según el ex ministro, Mariano Rajoy tiene un arsenal político y jurídico completo para responder al desafío independentista más allá del Tribunal Constitucional: no solo el artículo 155, también la Ley de Seguridad Nacional (que habilita al Gobierno para dictar instrucciones a cualquier autoridad, funcionario o particular en caso de crisis) para velar por la «unidad de España» y restablecer la ley que desafían los independentistas, a los que llama «sediciosos».

«Ahora el mayor error sería no mantener la determinación y la fuerza suficiente para defender la Constitución y las leyes», afirma Margallo. «Lo que el Gobierno tiene que garantizar es que la Constitución se va a cumplir y la unidad de España se va a mantener».

La reforma de la Constitución

«La Constitución no es un ídolo ni un arcano al que adoramos supersticiosamente», escribe Margallo en su libro, antes de detallar la hoja de ruta que propone. ¿Por qué ha habido tanto miedo a reformarla cuando hubo mayoría absoluta? «No lo sé», responde. «Alemania también es una democracia joven y la suya se ha modificado 60 veces y prácticamente todas las constituciones de la UE se han modificado», observa. Y añade: «La verdad es que nunca he entendido el miedo a reformar la Constitución, si va precedida de un pacto previo entre los partidos constitucionalistas de qué es lo que se toca y lo que no se toca. Yo estuve con el presidente Suárez cuando decía que hay que hacer a nivel de ley lo que es normal a nivel de calle. Es obvio que el mundo ha cambiado desde el 78, que Europa ha cambiado y que España no tiene nada que ver con la que era entonces».

Los españoles con menos de 57 años (que tenían menos de 18 años cuando se votó la Constitución) no participaron en su aprobación. Y cree Margallo que no conviene desdeñar «la conveniencia de involucrar en el proceso constitucional a las generaciones más jóvenes», ya que entre las «grietas» que hay que corregir no solo están cuestiones formales como la financiación de las comunidades autónomas.

Ahora, sin embargo, reconoce que el clima de tensión dificulta la tarea. “El verdadero problema es el clima de enfrentamiento. Como un matrimonio que se lleva mal. Un día la bronca es porque el café no está caliente, otro porque llegas tarde a casa…. Es decir, mientras mantengas un clima de desconfianza y enfrentamiento vamos a tener enfrentamientos todos los días… Y el día 1 de octubre veremos más incidentes. Pero lo importante es lo que venga el día 2”.

Lo que ha pasado en el Parlament te lo podrías imaginar en la Venezuela de Maduro, pero no en la España del siglo XXI»

No es partidario Margallo de sentarse a dialogar con los independentistas. “Ya no sólo desprecian la legalidad constitucional, que es evidente, sino también la propia legislación catalana», afirma. «Hemos visto que pasan a una votación sin atender al informe de los letrados, sin pedir un informe de garantías jurídicas, desconociendo los derechos de las minorías parlamentarias…. Lo que ha sucedido en el Parlament es algo que yo, que he estado 13 años en las Cortes españolas y 17 en el Parlamento europeo, no había visto nunca. Te lo podrías imaginar en la Venezuela de Maduro, pero no en la España del siglo XXI. Me ha parecido un espectáculo atroz y me parece un tremendo error por su parte. Despreciar las formas y el procedimiento es despreciar la democracia. Es obsceno. Cuando vean las imágenes de lo que ha pasado en el Parlament en el Consejo de Europa se les van a poner los pelos de punta”.

La respuesta de Europa

No cree José Manuel García-Margallo que haya habido tibieza en la Unión Europea durante los últimos años. “No ha habido una sola declaración en Europa que muestre simpatía o comprensión por la secesión de Cataluña y han sido muchísimas desde la Comisión las que defienden la integridad territorial de España», argumenta. «No es de extrañar, porque es consecuencia obligada del capítulo 4 del Tratado de la Unión Europea que habla de la función del Estado de mantener su integridad territorial».

«La única muestra de comprensión internacional hacia la independencia de Cataluña ha sido la foto de Maduro con una estelada», recuerda. «La declaración que hizo el presidente de la Comisión, Durao Barroso, de 2014 se ha ratificado siempre. Y no van a estar repitiéndolo todos los días porque la propaganda independentista haga oídos sordos. En Cataluña, los medios públicos repiten hasta la saciedad las mismas cosas. Y si de algo tenemos que hacer autocrítica es de haber mantenido silencio y no haber denunciado el uso y abuso que han hecho de los medios de comunicación pública».

Hay que trasladarles a los catalanes que vamos a protegerles  y vamos a ganar, por el bien de España y Cataluña»

Asegura Margallo que, durante sus años al frente de la cartera de Exteriores, cuando hablaba con sus homólogos del asunto catalán “les parecía un asunto tan estrambótico que no llegaban a creérselo. Nunca llegaron a creerse que el delirio independentista podía embarcarse en una aventura que relegara a Cataluña al aislamiento internacional y a la exclusión de la Unión Europea. A medida que el proceso ha ido avanzando han visto más riesgo de desestabilización. Ahora lo que hay es que trasladarles a los ciudadanos de Cataluña que temen que se les priven de forma casi dictatorial de sus derechos a ser ciudadanos españoles y europeos. Hay que trasladarles que vamos a protegerles y vamos a ganar, por el bien de España y Cataluña».

Podemos y los populismos

Margallo, que asocia en su libro el auge de los nacionalismos y los populismos a la crisis financiera que ha sufrido Europa en la última década, asegura que en lo que respecta a Cataluña «es muy difícil entender la postura de Podemos». Y recurre a una lección de Derecho para argumentarlo:  «Sólo hay dos constituciones en el mundo que reconozcan el derecho a la autodeterminación: una es la de Etiopía y la otra San Cristóbal y Nieves, una pequeña isla caribeña. Así que no creo que sea significativo. Es verdad que las antiguas constituciones de inspiración soviética, como Checoslovaquia, reconocían la autodeterminación como herencia de la Declaración de los Pueblos de Lenin, que seguramente sea en lo que se inspira Podemos. Pero en la España de hoy es difícil de entender. Y no veo al Melenchon de la Francia insumisa aplaudiendo una resolución que contemple la disolución de la República francesa».

Y ahora que volvemos a Francia, hay otra inolvidable escena de Casablanca que sale a colación. «Ver a los franceses cantar La Marsellesa sí que produce envidia», reconoce Margallo. «A mí me gustaría que en el Parlament se oyera Els Segadors y la Marcha Real. Igual que me gusta ver la senyera y la bandera española». ¿Será eso posible a partir del 1-O?

Siempre nos quedará París.