El independentismo catalán saca músculo cada 11 de septiembre y las cifras son un arma imprescindible. La Diada se ha convertido de facto en el mayor acto de fuerza del soberanismo, que busca arrastrar a su causa el apoyo popular. El baile de de estimaciones entre Gobierno y Generalitat es ya un clásico el día de la fiesta catalana. Fue en 2014, cuando la Diada fue el pistoletazo de salida para la consulta del 9-N, por el que fue condenado el entonces president Artur Mas, se produjo la mayor diferencia entre el balance del Gobierno central y el difundido por la Generalitat: en total, más de un millón de personas fantasma, que sí existían para la Administración catalana pero en Moncloa pasaron por alto. Aquella diferencia, aquel millón de asistentes en disputa, es ahora el total de participantes reconocidos por la propia Administración catalana en la Diada de este lunes, tres semanas antes del referéndum del 1-O convocado por Carles Puigdemont. Y si el Govern habla de un millón de personas, el Gobierno rectifica a la baja y cifra la asistencia en 350.000 personas, la estimación más baja en el histórico del Ejecutivo.

El año 2012 marcó un antes y un después en la Diada, que se convirtió entonces en un acto histórico de reivindicación independentista y que superó con creces a los 10.000 asistentes estimados por la Guardia Urbana el año anterior. Esta modesta cifra de 2011 contrasta con las estimaciones el año siguiente, que hablaban de 600.000 personas, según Gobierno, y 1.500.000, según la Generalitat. La guerra de cifras había estallado. Aquella fue la primera movilización bajo el mandato de Mariano Rajoy.

La Diada de 2012 marcó el pistoletazo de salida de las manifestaciones multitudinarias

Por entonces Artur Mas reclamaba al ejecutivo un pacto fiscal para Cataluña, un concierto parecido al que existe en País Vasco o Navarra, y la Diada sirvió de apoyo a esta petición. En septiembre de 2012, Mas acudió a Moncloa para reunirse con Rajoy, que rechazó cualquier acuerdo de este tipo por «inconstitucional». Por entonces, la actual presidenta del Parlament catalán, Carme Forcadell, era la presidenta de la organización independentista Asamblea Nacional de Cataluña (ANC), y ya advirtió por entonces que la marcha era «inequívocamente independentista».

La Diada de 2012 marcó el pistoletazo de salida para las movilizaciones multitudinarias de cariz claramente independentista. Lo que por entonces fue desdeñado por el Gobierno, que lo veía como algo puntual y esporádico, se consolidó en 2013, que presentó una mayor participación, según la Generalitat y las estimaciones de expertos, pese a que el Ejecutivo tiró a la baja, con un balance inferior al del año anterior. En esta ocasión, Rajoy hablaba de 400.000 asistentes y Mas de 1.600.000. Este año se celebró el día de la Diada la llamada Vía Catalana, una cadena humana de unos 400 kilómetros promovida por la ANC para reivindicar la independencia de Cataluña.

En 2014, antesala del 9-N, fue el punto álgido de la Diada, que desde entonces ha descendido en participación

Sin embargo, el mayor vaivén entre unas y otras cifras llegó en 2014, poco antes del referéndum del 9-N. Si las autoridades catalanas hablaba de casi dos millones, el Gobierno apenas lo cifraba en medio millón. Más allá de estas diferencias, la Diada de 2014 fue el punto álgido de una movilización, y escenificó una marcha humana en forma de «V» para reclamar la Vía Catalana. Desde entonces, el 11 de septiembre ha reunido en Barcelona cada vez a menos gente.

En 2015, la Diada marcó el inicio de la campaña electoral, después de que Artur Mas convocara elecciones anticipadas el 27 de septiembre. La coalición recién estrenada, Junts pel Sí, que reunía a ERC y convergentes, ocupó la cabecera de la manifestación. Si la Generalitat reconoció una caída de casi medio millón de personas en 2015 respecto al año anterior, la participación se hundió en 2016, cuando la asistencia se redujo más de un 40% según datos del propio Govern, hasta los 875.000 asistentes. Este año, aunque las cifras de la Generalitat han remontado levemente hasta alcanzar el millón, el Gobierno destaca que ésta ha sido la Diada «menos numerosa de los últimos años», informa Efe, y cifra la asistencia en 350.000 personas.