El procés -pronúnciese prusès– es algo más que un simple intento de llevar a cabo una votación que legitime o no la independencia de Cataluña. Es la construcción de un relato en el que ambas partes intentan cargarse de razones a la vez que echan por tierra los argumentos de los que no piensan como ellos.

Y no lo hacen precisamente tirando de sesudos razonamientos y de demostraciones empíricas. El proceso de independencia está en ese momento en el que todo vale, sobre todo teniendo en cuenta las enquistadas posiciones en las que viven tanto la Generalitat como el Ejecutivo central.

Las redes sociales y los medios de comunicación de masas son un filón a la hora de intentar sumar partidarios a la causa, pero también son un instrumento muy útil a la hora de destrozar las teorías contrarias, aunque sea mediante técnicas tan burdas que a veces rozan lo increíble.

La “represión” en la BBC

No hace mucho que Joan María Piqué, habitual tuitero, recurrió rápidamente a su perfil para contarle a sus casi 18.500 seguidores que la BBC, uno de los medios de referencia en Europa por su alto nivel de calidad informativa, expresaba su afinidad con la independencia y calificaba la situación en Cataluña de “represión sin precedentes”.

¿La BBC? Pues si lo dice la BBC, tiene que ser verdad. O no. Era un bulo, con unas comillas hábilmente colocadas para hacer que las impresiones de otros pasaran por las del prestigioso medio británico.

De hecho, las palabras que citaba el portal web inglés hacían referencia a una carta abierta enviada por, entre otros, el president de la Generalitat, Carles Puigdemont, y por la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, a aquél que quisiera escuchar.

Joan María Piqué no es cualquiera, y sabía muy bien lo que estaba difundiendo. La biografía de su perfil de Twitter explica que es el director de comunicaciones externas de la Generalitat y del president, y que fue el secretario de prensa durante el mandato de Artur Mas, ex presidente de la región, que tuvo el dudoso honor de ser el primer máximo mandatario autonómico en ser condenado por desobedecer una orden judicial. El propio Tribunal Superior de Justicia de Cataluña le impuso dos años de inhabilitación para ejercer cargos públicos por su papel en la consulta del 9-N.

La ONU y los Derechos Humanos

Si citar a la BBC queda bien, no hablemos ya de la ONU. La Organización de las Naciones Unidas, nada menos. Una buena argumentación de la ONU en favor del procés -acuérdese, prusès– se podría airear en cada esquina de Cataluña, debieron pensar en la sede de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC).

“España debe respetar los derechos fundamentales como respuesta al referéndum catalán” decía textualmente, según el perfil de ERC, un comunicado de la rama de las Naciones Unidas que se ocupa de los Derechos Humanos. Solo había que abrir el enlace adjunto en el mensaje para sus más de 247.000 seguidores para ver como un asterisco adornaba la expresión “expertos de las Naciones Unidas”.

Consultando el dichoso símbolo podemos comprobar que esos expertos de la ONU son David Kaye y Alfred de Zayas, dos expertos independientes de las Naciones Unidas, a los que la propia organización califica como “relatores especiales”, cuya función consiste en “investigación y monitoreo” para “hacer frente a situaciones concretas en países o cuestiones temáticas en todo el mundo”.

La aclaración final es todavía más contundente. “Los expertos de procedimientos especiales trabajan de manera voluntaria; no son personal de la ONU y no perciben un salario. Son independientes […] y actuan a título individual”.

Juncker y la Comisión Europea

Una de las batallas dialécticas más importantes está en la permanencia o no de una Cataluña independiente en la Unión Europea. Los más altos cargos del Govern lo dan por descontado, mientras que desde el Gobierno central se afanan por dejar claro que en Bruselas no quieren saber nada de Puigdemont.

Hasta hace no mucho el Ejecutivo continental siempre había mantenido una postura uniforme sobre el proceso de independencia: es una cuestión de España y es cosa del Gobierno español, aunque siempre han mostrado su apoyo a los ejecutivos centrales.

Sin embargo, unas palabras del presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, levantaron las orejas de todos los afines al procés -no lo repito, que ya se lo saben-. “Es evidente que si un sí llega a producirse, que ya se verá, respetaremos la decisión”, dijo el luxemburgués en una entrevista en Euronews.

Esto, en unos oídos con gusto por la independencia, es casi una declaración de que en Bruselas había ya unos terrenitos para la embajada catalana. Pero claro, la entrevista no acabó ahí, y Juncker advirtió de que, si se culmina la separación, “Cataluña no puede convertirse en miembro de Europa. Tendrá que seguir un procedimiento de adhesión”.

En cualquier caso, lo cierto es que las palabras de Juncker dejaban espacio para la duda. Por eso la Comisión Europea se encargó de aclararlo todo y afirmar que sólo “manifestó su respeto por la constitución española” y que “las decisiones del Tribunal Constitucional tienen que ser respetadas” sin importar “el resultado de un referéndum”. “Todo el mundo lo ha entendido menos aquellos que no quieren entenderlo, y ahí no podemos hacer nada”, dijo Margaritis Schinas, portavoz jefe de la Comisión Europea.

Trump, Rajoy y las coles de Bruselas

El pasado 26 de septiembre el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, viajó hasta Washington para reunirse con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en el primer encuentro de este tipo entre ambos. Rajoy tenía la misión clara de lograr un apoyo explícito del comandante en jefe del país más poderoso, con la que poder tener un viaje tranquilo de vuelta a España.

La agenda dictaba que a eso de las 12.30 horas ambos se encontrarían en el Despacho Oval y que luego almorzarían, con las coles de Bruselas como plato estrella, para terminar el encuentro con una comparecencia de prensa conjunta.

Ahí llegó el momento que tanto esperaba Rajoy, pese a que la prensa catalana se afanara por darle algo de chapa y pintura a las palabras de Trump. El diario Ara abrió su edición del 27 de septiembre con una foto de ambos y una frase del republicano: “Nadie sabe si (los catalanes) van a votar”. Casi parecía que el magnate era favorable a la independencia.

Pero no. Lo cierto es que el político gallego se salió con la suya y Trump calificó de “tontería” la posibilidad de que “Cataluña no siguiera en España”. “Es un gran país y debe permanecer unido“, cerró para deleite de Rajoy.

El hermano de Trapero

Los afines a la independencia no son los únicos que tiran de fábula y fantasía para acercar el ascua a su sardina, aunque es bien cierto que los responsables de los casos antes mencionados son, en algunas ocasiones, cargos públicos que trabajan para todos los catalanes.

Hace solo unas fechas, el telediario de Intereconomía, presentado por Eduardo García Serrano, afirmaba que el hermano del mayor de los Mosso d’Esquadra, Josep Lluís Trapero, era un agente de la Guardia Civil que murió asesinado en un atentado de la banda terrorista ETA. La cadena también afirmaba que el padre del propio Trapero también fue agente de la Benemérita.

La cadena y el periodista no tardaron en emitir una retractación por vincular a Fernando Trapero, asesinado en 2007, con el actual mando de la policía autonómica catalana.

En cualquier caso, bulos o no bulos, la construcción del relato sigue y se abre un nuevo capítulo que es, si cabe, aún más importante que el escrito hasta ahora. ¿Qué ocurrirá el 2 de octubre?