Al menos 58 personas han muerto y 515 han resultado heridas por los disparos de un tirador que tomó como objetivo a los asistentes a un concierto de música country del festival ‘Route 91’, según informaron fuentes de la policía de Las Vegas, Nevada. La policía encontró muerto al autor de la masacre en el piso 32 del hotel Mandalay Bay. Es el ataque más mortífero con armas de fuego cometido en la historia de EEUU.

El autoproclamado Estado Islámico (IS) ha reivindicado su autoría a través de la agencia Amaq pero el FBI descarta que este implicado en este ataque. El IS aseguraba que era un musulmán recientemente converso, pero hay dudas sobre si hay conexión.

El atacante se llamaba Stephen Craig Paddock, de 64 años, residente en Mesquite, Nevada, sin conexiones terroristas conocidas. Paddock fue encontrado muerto por la policía en un hotel.  La policía está registrando su domicilio para completar la información sobre su motivación. Vivía en una comunidad de jubilados.

En la habitación del piso 32 Mandalay Bay desde donde cometió la masacre tenía una decena de armas de fuego y dos plataformas. Había roto los cristales de la estancia para despejar la vista. Para ejecutar la matanza usó un rifle semiautomático, que permite disparar ráfagas de balas sin volver a cargar. Algunos medios anglosajones describían a Paddock como «un maniático de las armas».

El festival se estaba celebrando en la calle donde se encuentra el hotel y el casino Mandalay Bay en Las Vegas. La noticia saltó a las 22h de la noche locales (08.00 horas en España) cuando la policía se hacía eco en Twitter de que investigaba un posible tiroteo junto al hotel Mandalay Bay.

Los testigos hablaban de «disparos sin fin», realizados con ese rifle semiautomático, contra la gente que se divertía en el festival, al que asistían unas 40.000 personas. Muchos turistas corrieron a encerrarse en sus habitaciones e incluso a intentar coger un vuelo para salir de la ciudad.

«Primero fue un ruido como de fuegos artificiales y luego disparos interminables. La gente gritaba y caía al suelo. Vi decenas de personas muertas o malheridas. Caían sin cesar. Si te parabas a ayudar, corrías el riesgo de que te alcanzaran las balas», ha relatado Meghan Kearney a la cadena MSNBC.

El presunto autor, Paddock.

El presunto autor, Paddock. EFE

La policía ha informado poco después de que «un sospechoso estaba muerto» en la planta 32 del hotel Mandalay Bay pero que la investigación seguía abierta, si bien consideraba que por el momento «no creía que hubiera más tiradores».  Primero se creyó que había sido la policía quien había reducido al autor de los disparos pero finalmente se supo que se había suicidado.

Está localizada y pendiente de interrogatorio la mujer que le acompañaba, Marilou Danley, su pareja, de aspecto asiático. Por el momento se desconocen los motivos que le han llevado a cometer este crimen.

Es el ataque con mayor número de víctimas cometido en Estados Unidos, con un balance provisional que ya supera al que perpetró un hombre armado, que alegó que actuaba en nombre del autodenominado Estado Islámico (Daesh), al matar a 48 personas en una discoteca de Orlando en junio de 2016.

También habían localizado los dos coches, un Hyunday Tucson y un Chrysler Pacifica, con matrícula de Nevada, registrados a nombre del autor de los disparos. «Es un único actor, un lobo solitario y tenemos el lugar bajo control», ha declarado el jefe de policía, Joseph Lombardo, a ABC News. Llevaba alojado en el Mandalay desde el jueves 28 de septiembre, lo que indica cierta premeditación. Una de las incógnitas que habría que despejar es cómo entró en el hotel con semejante arsenal.

La policía de Mesquite, donde vivía, no había tenido contacto alguno con él, según su portavoz, Quinn Averett. Un hermano de Paddock se declaró sorprendido: «Es como si hubiera caído un asteroide en mi familia», citaba Las Vegas Review-Journal.  El padre del autor de la mayor matanza con arma de fuego en EEUU sí que estuvo buscado por el FBI, pero por ser un ladrón de bancos, según informaba en su Twitter Chris Stewart de WPTV.

Los primeros tuits del presidente de EEUU, Donald Trump, estuvieron dirigidos en la mañana del lunes a las víctimas de la tragedia de Las Vegas. «Mis más sinceras condolencias a las familias y a las víctimas del terrible tiroteo de Las Vegas. ¡Que Dios os bendiga!».

Trump intervino desde la Casa Blanca para calificar lo sucedido como «un acto de pura maldad» y prometió visitar Las Vegas el miércoles. «El FBI y el Departamento de Seguridad Interior están trabajando estrechamente con las autoridades locales para ayudar con la investigación, y proporcionarán actualizaciones en cuanto a la investigación y cómo se desarrolla», agregó Trump con prudencia porque ni siquiera lo calificó como «ataque terrorista». El presidente dijo que rezará por las víctimas, sus familias, y por la «paz y unidad» del país. Ni una palabra sobre el control de armas.

Desde el primer momento las redes empezaron a llenarse de fotos y vídeos de asistentes a un concierto del festival Route 91, en una explanada junto al hotel, que echaban a correr al tiempo que se oían claramente ráfagas de disparos. Toda la calle principal de Las Vegas, el llamado Strip, se encuentra cortada por la policía en estos momentos.

Unos 25 vuelos con destino o salida del aeropuerto McCarran de Los Angeles se desvarion de forma temporal, según la portavoz Christine Crews. Una hora después, el tráfico aéreo volvía a la normalidad aunque con ciertos retrasos.

Varios hoteles como el Mandalay Bay, el MGM Grand y el Tropicana cerraron sus puertas para proteger a los clientes y no permitieron el acceso durante varias horas después del suceso. Algunos de los asistentes al concierto, muchos con botas de cowboy y algunos de ellos heridos muy leves, buscaron cobijo en el cercano Thomas & Marck Center.

Era la última noche del Festival de Música country ‘Route 91’ cuando se escucharon los disparos hacia las 22h en Las Vegas. Parecía que los disparos provenían de un piso en la parte superior del hotel, como así fue desde el piso 32 exactamente.

Jon Bessette relataba a la cadena de televisión NBC que la banda de Jason Aldean estaban en el escenario cuando todo se convirtió en un caos. Hay quienes creyeron que eran fuegos artificiales pero pronto se dieron cuenta de lo que ocurría realmente. «La gente empezó a correr de un lado a otro sin saber hacia dónde dirigirse», ha contado este testigo.

Varios de los artistas, como Jake Owen, que participaban en el festival se hicieron eco de los disparos y del pánico.

Mike Cronk, de 48 años, profesor jubilado, estaba escuchando la música cuando detectó unos sonidos secos como si fueran fuegos artificiales, según ha contado a ABC News. «Hubo mucho caos. Hasta que no supimos que pasaba hubo desconcierto. Luego vi cómo caía gente y nos tiramos al suelo. Uno de mis amigos resultó herido en el cuello, tres heridas, logramos llevarle a una ambulancia», ha relatado, aún presa del pánico. Otros testigos hablaban de cómo el autor recargó su arma varias veces.

Hubo mucho caos. Luego vi que caía gente y nos tiramos al suelo. Un amigo tenía tres heridas en el cuello», dice Mike

A vista de pájaro ha contemplado la escena Jake Freeman, quien se encaramó a un tejado cercano al hotel desde donde se realizaron los disparos. «La gente huía despavorida», ha comentado. «Muchos yacían en el suelo», añadía Freeman, que reconocía que tardó en darse cuenta de que eran disparos.

El gobernador de Nevada, Brian Sandoval, envió su pésame a las familias de las víctimas mortales a través de su cuenta de Twitter. «Un acto de violencia trágico y deplorable ha golpeado a la familia de Nevada. Nuestras oraciones están con las víctimas por este acto de cobardía», ha dicho.

Ivette Saldana y Jason Aldean se vieron sorprendidos por el ataque a la mitad de su actuación. Salieron a todo correr del escenario. Ivette buscó refugio en una alcantarilla, según contó al diario Las Vegas Review-Journal. «Era un espectáculo terrible. Todo el mundo se echó al suelo contaba. La mayoría buscaba ponerse a salvo en el casino cercano. «Ha sido una pesadilla. Ruego  para que todo el mundo esté a salvo» eran los mensajes más repetidos en las redes de los asistentes y de los cantantes del festival.

Unos 3,5 millones de personas visitan cada año desde todas las partes del mundo esta zona de hoteles, casinos y lugares de diversión, donde se vive la noche como en pocos lugares del planeta. Justo el momento elegido por el atacante para sembrar la muerte entre quienes cantaban a la vida.