Siempre fue el miembro del Govern favorito de Moncloa. Su nombre ya era recurrente cuando comenzó la escalada independentista. Le veían como el más capacitado para atemperar al ejecutivo de Artur Mas, primero, y luego al de Carles Puigdemont, porque si hay algo que le caracteriza es que es uno de los supervivientes de ambos mundos. El ahora consejero de Empresa y Conocimiento de la Generalitat catalana, Santi Vila, -cargo al que llegó tras la depuración de Jordi Baiget- está intentando hacer de puente entre el ejecutivo autonómico y el Gobierno central para evitar la caída al abismo de una declaración unilateral de independencia, según ha podido saber El Independiente.

Precisamente ayer se descolgó Vila con una apelación al diálogo antes de ir a una declaración unilateral. En un artículo en el Diario Ara, avisa que la alternativa al acuerdo es el conflicto y sus consecuencias sobre la economía catalana y del conjunto de España, y advierte sobre estos efectos: “Como conseller de Empresa y Conocimiento, he constatado que los empezamos a notar”, agrega.

Se le pidió un “gesto” tras no haber dado señales públicas de oponerse a Puigdemont

Esta declaración puede formar parte “del guión ” de ese diálogo con el que se pretende frenar la independencia, apuntan los medios consultados. No es nueva, sin embargo, su interlocución con Moncloa y, también, con el PP, donde se le ve como uno de los moderados, aunque le reprochaban que hasta el momento no hubiera dado “señales reales de oponerse a los planes de Puigdemont”. La presidenta del Congreso, Ana Pastor, tejió con él una relación cercana a la amistad mientras fue ministra de Fomento y él consejero de Territorio y Sostenibilidad. De hecho, fue una de las invitadas a su boda y siempre se le presentó como el líder futuro de un nacionalismo hoy extinto.

Pero el que había venido siendo un buen clima de interlocución está pasando por uno de sus momentos más delicados desde el 1 de octubre, “cuando hubiera bastado que reconociera que no había sido un referéndum con garantías”, señalan fuentes populares. Quizá se le pedía demasiado a este superviviente político que, temen, “juegue a varios bandos”, pero sea consciente de la hecatombe de una declaración unilateral de independencia.

Si hay DUI, “el Estado cae como un martillo en Cataluña”

Si hay DUI, -o algo que se le parezca, puesto que no se descarta un periodo de transitoriedad de seis meses-, el Estado, afirma un miembro del Ejecutivo, “cae como un martillo en Cataluña” y no hay puentes ni mediaciones ni diálogos que valgan. “Ellos lo saben porque se lo hemos dicho”, aseveran, “conocen las líneas rojas”. Y mientras la amenaza de la independencia no desaparezca, “resulta muy complicado ese diálogo” y, mucho menos, una mediación, salvo que los poderes económicos, en pleno estado de alarma en Cataluña, consigan doblar la voluntad de Puigdemont.

Otra cosa es el doble o triple juego de algunos miembros el Govern y de la extinta Convergencia. Los mismos que durante meses “decían unas cosas a sus interlocutores de Madrid y otra a los de Barcelona”, por eso pedían algún gesto real a Santi Vila. “Si resulta que el lunes, convocan un pleno ilegal en el Parlament y él pulsa el botón del ‘no’ a la independencia estaríamos hablando en serio”.

Aspira a liderar electoralmente la candidatura del PDCat

Un papel que difícil para quien aspira a liderar electoralmente el PDCat. Carles Puigdemont ha dejado claro a su partido que no encabezará ninguna candidatura electoral, y el conseller de Industria está trabajando a fondo para asumir ese papel. El papel de mediador ante Madrid que Vila intenta recuperar ahora jugaría a su favor, puesto que el partido está necesitado de políticos “puente” capaces de restablecer las maltrechas relaciones con el PP.

Pero la imagen de “conseller amigo del Gobierno” cultivada durante el Gobierno Mas ya le costó un duro varapalo interno cuando las bases del partido optaron por la alcaldesa de Sant Cugat, Mercè Conesa, para presidir el Consejo Nacional del partido. Por eso Vila evita a toda costa que esa mediación sea pública de momento. Su papel en la crisis de gobierno con la que Puigdemont echó del ejecutivo catalán en julio a todos los “moderados” que barajaban vías para frenar la convocatoria del referéndum -poniéndose al lado del president mientras purgaba a la mitad de los ex convergentes del ejecutivo- también abona la tesis de quienes dudan de la sinceridad de sus ofertas de mediación.