No, el desafío independentista de 2017 en Cataluña no ha sido el típico labertinto político italiano con final trágico: de momento ha sido un episodio extraplanetario más de Bélgica, el país más enrevesado del mundo que se ríe de sí mismo. A su capital Bruselas (y de paso, la capital de Europa, de Flandes y de la OTAN) ha viajado en busca de asilo el ex president caído en desgracia, Carles Puigdemont.

Puigdemont no podía acudir a otro país: un estado hiper-federal (mucho más descentralizado que la España autonómica) con menos de 200 años de historia en el que los electores de Valonia (francófonos) no pueden votar a los políticos flamencos (que hablan holandés) y viceversa; un país donde el partido más votado de lejos (NVA) es netamente independentista; que de 2010 a 2011 batió el récord ostentado por Irak de país sin Gobierno (541 días); una administración en la que conseguir un papel o un permiso puede llevar meses, cuando no años. Bienvenidos a Belgistán (lean el libro del corresponsal de Onda Cero Jacobo de Regoyos).

Puigdemont, en definitiva, solo podía pedir asilo en Bélgica aprovechando que el protocolo belga es uno de los más protectores de la UE y del mundo con los que lo solicitan; y este no es un tema baladí allí: los atentados de Charlie Hebdo y Bataclan (enero y noviembre de 2015) y los bombazos del Aeropuerto Internacional y del Metro de Bruselas (marzo de 2016) evidenciaron que la política de acogida y de inserción era bastante chapucera. A dos pasos del centro, en barrios como Molenbeek, las redes del Estado Islámico (ISIS) se movían como Pedro por su casa y comprar un AK-47 a la mafia parecía más sencillo que pillar marihuana. En Bruselas intervienen hasta seis cuerpos de policía distintos, muy descoordinados entre ellos.

El ISIS a dos pasos del centro

¿Inestabilidad italiana? En Bélgica para definir a un Gobierno ponen el nombre del primer ministro con un número romano delante (actualmente estamos en el Gobierno Michel I, ya que es la primera vez que el liberal Charles Michel encabeza un Ejecutivo). Pues hubo un Gobierno Martens IX, porque Wilfried Martens llegó a liderar ¡nueve!

¿Qué sucede hoy con el Gobierno Federal? Para empezar, se trata del Ejecutivo más a la derecha desde la Segunda Guerra Mundial debido a la ausencia del Partido Socialista (PS, valón). Lo gobierna un francófono que ni siquiera ha sido el más votado en su región (Valonia) pero su gabinete está copado por cristiano-demócratas, liberales e independentistas del NVA, todos ellos flamencos. Flandes es secesionista y de derechas y Valonia unitaria y de izquierdas. Valonia es tan roja que actualmente hay un escándalo de corrupción que corroe al hegemónico PS y las encuestas arrojan ahora una subida increíble de la extrema izquierda (PTB) y de los ecologistas.

Siete reformas constitucionales

No sería la primera vez que un primer ministro dice una cosa, el viceprimer ministro otra y los ministros del ramo otras bien diferentes, en función de su militancia política. Por eso el ministro-presidente de Flandes Geert Bourgeois (independentista) ha dicho que recibirá a Puigdemont si acude a su región federal, mientras que el viceprimer ministro Kris Peeters (aliado del PP en el Europarlamento) se ha burlado del ex president: «Si declaras la independencia, es mejor quedarte cerca de tu pueblo». Puigdemont puede derrocar a este Gobierno Michel I, y nadie se inquietará demasiado por ello: ya están acostumbrados.

Solo en una cosa Bélgica se diferencia mucho de Rajoy y Puigdemont: la tradición pactista para arreglar problemas sin tensión ni violencia. Desde 1967 ha habido siete reformas constitucionales que han enmendado la Constitución de 1831.