Mucho se habla de un tripartito de izquierdas en Cataluña que sume a ERC, Podemos y PSC en caso de que el independentismo no alcance la mayoría absoluta. Y lo cierto es que el plan real de los republicanos independentistas y de la formación de Ada Colau es tejer un pacto bipartito para la Generalitat con el apoyo parlamentario, externo, del PSC.

ERC se prepara de esta manera para llegar a la presidencia de la Comunidad catalana de la mano de En Comú Podem que también sentaría nombres propios en el Consell. Lo que parecen tener claro es que “no vamos a gobernar con el apoyo del PDcat”, según han aseverado fuentes de los “comunes” a El Independiente. Y es que Junqueras, aseguran, “no quiere ir al escenario frentista que le ha llevado a la cárcel”. Dan por hecho ambas formaciones que no sumarán los 68 escaños que dan la mayoría absoluta, por lo que creen que podrían contar con el apoyo parlamentario del PSC, condenado a un papel de actor secundario, pero desde el que condicionaría la actuación política de la Generalitat.

Junqueras necesitaría del apoyo o de la abstención de los socialistas catalanes

“El PSC podría argumentar que ha venido a moderar a la fiera, que aleja a ERC de la senda independentista, cuyos dirigentes -con Oriol Junqueras a la cabeza- son los mismos que han salido de la cárcel, porque esperamos que salgan, y asumido la Constitución”, aducen las fuentes consultadas. Todo pasaría, prosiguen “por un acuerdo parlamentario de diez puntos que recogiera la posibilidad de un referéndum de independencia pactado, a la largo plazo, en un horizonte de diez años y en eso está ahora ERC”. De hecho, este lunes, el portavoz del partido republicano, Sergi Sabrià, ha reconocido que el Govern no estaba preparado para implementar la independencia, aunque negara que no se trabajara en ello y responsabilizara del engaño a la “violencia” del Estado.

Sin embargo, no parece que Miquel Iceta esté por abrir la puerta a la presidencia de Oriol Junqueras, que necesitaría del apoyo o abstención de los diputados socialistas para ser investido si nos atenemos a los resultados que arrojan las distintas encuestas sobre el 21-D. El Independiente ha revelado que la apuesta del líder del PSC es intentar formar gobierno con Catalunya en Comú  y Ciudadanos, esto es, la misma fórmula que fracasó estrepitosamente en el intento de investidura de Pedro Sánchez tras las generales del 20-D.

Y sobre un posible tripartito de izquierdas responde que “depende para qué”, porque los socialistas “solo vamos a poder estar en un gobierno negocie y resuelva el problema” con mayor autogobierno y mejor financiación. “Si es para prolongar el proceso (independentista) no estaremos”, asegura en un libro que glosa su trayectoria política y que se presenta hoy.

ERC quiere hacerse en 2019 con las alcaldías de los ayuntamientos del PDCat

A ello se une que el portavoz de ERC en el Congreso de los Diputados, Joan Tarda, sigue abogando, al menos vía tuiter, por la unidad del frente independentista y su triunfo en votos y escaños, aunque, al tiempo, apuesta por incluir en el programa electoral de su partido la reivindicación de un referéndum pactado, según señaló en una entrevista en la emisora Rac1.

El escenario se complica con un cabeza de lista de ERC, ahora en prisión preventiva, que tras el 21-D deberá decidir si va a la investidura o no pues corre el riesgo no sólo se acabar inhabilitado por el Tribunal Supremo (si asume toda la causa por los delitos de rebelión y sedición) sino, incluso, entrar en la cárcel.  El recambio, ya preparado, es el de Marta Rovira, actual portavoz del Grupo Parlamentario de Junts pel Sí, a la que Junqueras pasaría el testigo.

El líder de los republicanos catalanes “quiere entrar en una larga fase de gobierno” que aparque la deriva independentista al objeto de hacerse con todo el poder nacionalista. Su objetivo son los ayuntamientos gobernados por el PDCat, en definitiva, “lo único que le queda a la antigua Convergencia”, recuerdan las fuentes consultadas. Por ello quiere llegar a mayo de 2019 con cierta tranquilidad en el debate político catalán, sujeto todavía a una fuerte marejada y con un horizonte penal nada halagüeño.