El bloque constitucionalista catalán se resquebraja antes de las elecciones del 21 de diciembre. Mientras PP y Ciudadanos insisten en la necesidad de llegar a un acuerdo entre los tres partidos, el PSC se desmarca hablando de “transversalidad” y coqueteando con los ‘comunes’. Y es que su apuesta después del 21-D, según fuentes socialistas, pasa por intentar formar gobierno de la mano de Catalunya en Comú  y el partido que apunta a la lista más votada entre los constitucionalistas: Ciudadanos.

La ruptura entre BComú y PSC en Barcelona no debería ser un impedimento para que tras las elecciones autonómicas ambos partidos puedan buscar acuerdos, según las fuentes consultadas, que consideran esta ruptura como una estrategia electoral de Colau para conseguir votos de los independentistas de izquierdas. Pero una vez se conozcan los resultados de las urnas, creen que la puerta no está cerrada a las negociaciones, siempre y cuando no haya una mayoría independentista.

Las líneas rojas del PSC son los dos extremos del mapa político: ni acuerdos con ERC ni con el PP

Las encuestas no dan mayoría al frente constitucionalista y ese es uno de los argumentos de Iceta para buscar otra alternativa de gobierno. Además, ese hipotético acuerdo dista mucho de la estrategia de su partido, centrado en recuperar el espacio del catalanismo moderado que abandonó CiU y más tendente a explorar pactos con las fuerzas de izquierdas que rompan el “frentismo” en el que se ha instalado la política catalana. Siempre y cuando se produzca una renuncia a la independencia, advierte.

En este sentido, los socialistas se encuentran con dos lineas rojas a la hora de buscar acuerdos: nada de repetir con ERC y se descarta también un gobierno con PP, a quien acusan de “aumentar el independentismo” cada vez que gobiernan. Lo que tienen claro es que buscarán los acuerdos “más amplios posibles desde el respeto a la legalidad, rechazando la independencia y promoviendo reformas capaces de unir a los catalanes en torno a una propuesta de más autogobierno, mejor financiación y reforma constitucional”, explica Iceta.

En este contexto se inscribe el acuerdo con los herederos de Unió para incorporar a Ramon Espadaler y otros miembros de Units per Avançar (UpA) en lugares destacados de sus candidaturas. Unas listas que han cerrado con un fichaje de Podemos, el ex fiscal anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo, que abrochará de manera simbólica la candidatura.

“Iceta nos ha llamado la atención por lo que él llama un pacto de progreso. Eso suena a repetir el pacto con ERC y Podemos, y a nosotros ese escenario de salir del independentismo para entrar en el populismo de extrema izquierda no nos parece la solución”, señala Albiol. Pero el rechazo rotundo a la secesión por parte de los socialistas imposibilita un nuevo tripartito.

PSC y Podemos ya han gobernado juntos en Barcelona y sus votantes no verían raro que se repitieran las alianzas

Los siete años de gobiernos de coalición liderados por los socialistas con ERC e ICV -la primera presidencia de Pasqual Maragall, la segunda de José Montilla- han sido la única etapa de la Generalitat sin CiU o sus herederos en el poder. Pero el balance del Estatut y la gestión de la crisis económica, tanto desde Cataluña como del Gobierno de Zapatero, llevaron al PSC a los peores resultados de su historia y a una escisión entre nacionalistas y no nacionalistas que todavía pagaban en las últimas elecciones.

Iceta no ha tenido reparos, en cambio, en defender la apuesta de ir con Podemos. Por lo menos antes de la ruptura con Colau: “Hay mucha gente de la izquierda que está pidiendo un mayor acercamiento de los socialistas a Podemos y uno de los sitios donde ha funcionado es en Barcelona”. El líder del PSC pronunciaba estas palabras sólo 48 horas antes de que Ada Colau pusiera fin al acuerdo en el Ayuntamiento de la ciudad condal.

Si bien defendía el acercamiento a la formación morada, amenazaba con alejarse de los comunes tras el 21-D si se rompían las relaciones en el Consistorio: “Sería muy raro decirle a los electores que vamos a pactar con el partido que nos ha echado del gobierno en Barcelona”. No obstante, fuentes socialistas aseguran que la puerta no está cerrada.

Conseguir lo que no pudo Pedro Sánchez

Al PSC, mostrar abiertamente su apoyo al “frente constitucionalista” a día de hoy sólo puede restarle apoyos en las elecciones. En cambio, los socialistas y Podemos ya han gobernado juntos en Barcelona, por lo que un acuerdo tras el 21-D no se vería como algo extraño en ninguno de los dos partidos. Quizá algo más tras lo ocurrido este domingo. Pero convencer a Arrimadas, con quien se disputa ser la primera fuerza constitucionalista, es más complicado. Ciudadanos siempre ha rechazado una foto con la formación morada y la idea de renunciar a liderar un gobierno siendo la fuerza más votada se antoja, cuanto menos, difícil.

Iceta se muestra convencido de que obtendrá “mejores resultados que la señora Arrimadas”. Las encuestas, a día de hoy, dicen lo contrario. El último CEO situaba a los socialistas como segunda fuerza entre los constitucionalistas, con 17-19 escaños, con bastante distancia de la actual líder de la oposición, a quien le dan 25-26 diputados. Aunque más allá de cifras, lo cierto es que PSOE y Ciudadanos ya gobiernan juntos en Andalucía y, aunque no salió adelante en las generales, hay que recordar el acuerdo entre los dos partidos para formar un gobierno de Pedro Sánchez. Entonces, ese intento quedó frustrado por Podemos, pero en Cataluña el escenario es diferente y, sin una mayoría clara, los partidos están obligados a entenderse.