Cuarta semana de precampaña electoral en Cataluña. Las encuestas siguen dando un empate técnico entre partidos independentistas y no independentistas, pero empiezan a reflejar movimientos: suben el PSC y JxCat, mientras se estancan los que partían como ganadores, ERC y Cs. El candidato del PSC, Miquel Iceta, comenta con ironía a sus colaboradores: “Si pasamos de 16 a 25 diputados en las agrupaciones del PSC me harán la ola, pero esto no es suficiente”. Los socialistas catalanes aspiran a superar a Cs y conseguir que los independentistas no revaliden su mayoría absoluta. Es la clave para darle la vuelta a la situación política en Cataluña, y cuentan para ello con obtener el apoyo, probablemente desde fuera del gobierno, del PP catalán.

Inés Arrimadas parte como la favorita del constitucionalismo en las encuestas y la capitalización que Cs ha hecho de la aplicación del 155 juega a su favor ante los comicios del 21-D. Aunque se trate de una capitalización más efectiva en el resto de España que en Cataluña, donde la visceralidad con la que el partido naranja exige tomar medidas sobre la educación o los medios de comunicación provoca rechazo en sectores a los que Ciudadanos debería captar para conseguir una mayoría clara entre los no independentistas y disputarle el primer lugar a Esquerra.

Pero además, la candidata naranja es vista como la peor opción para quienes a priori deberían prestarle apoyo parlamentario si quiere convertirse en la primera presidenta de la Generalitat: PSC y PP. Para los socialistas, porque aspiran a disputarle ese liderazgo. Y los populares también se resisten a apoyar a un partido al que acusan ya abiertamente de oportunista y a una candidata a la que recriminan su inexperiencia en la gestión pública.

Oportunismo de Cs

“Oportunismo” es la primera palabra que acude a los labios de cualquier cuadro popular cuando se refiere a Ciudadanos y especialmente a su líder, Albert Rivera. No le perdonan el modo en que se ha apropiado de la aplicación del 155 que en septiembre rechazaba; y señalan por contraste que Pedro Sánchez ha actuado, en este sentido, “como un hombre de Estado”. Agradecimiento especialmente evidente entre el PP catalán, convencido de que ha sido el líder del PSOE el que ha garantizado el apoyo del PSC a la medida, convirtiéndose por ello en diana de todos los ataques en Cataluña.

Junto a esta cuestión de carácter circunstancial, los populares catalanes deben ponderar además cuestiones de estrategia a medio plazo en una comunidad en la que el próximo 21-D pueden pasar a convertirse en sexta fuerza en el Parlament, por detrás de ERC, Cs, JxCat, PSC y los Comunes. Un descalabro electoral que se hizo efectivo ya en 2015, cuando Cs rentabilizó toda la polarización entre independentistas y no independentistas pasando de diez a 25 diputados, mientras socialistas y populares retrocedían.

Si en el conjunto de España la crisis catalana ha servido a Cs para mejorar en intención de voto, en Cataluña la comparación con los populares es ya dramática para estos últimos. De ahí que para el PP catalán sea más lógico hoy por hoy pensar en apoyar a un Miquel Iceta con el que prácticamente no comparten frontera electoral.

Además Miquel Iceta inspira más confianza a los populares que, tras la experiencia de los intentos de negociación discreta de los días previos al 27 de octubre y el apoyo sin fisuras al 155 -pese al coste interno que ello ha tenido para el PSC- ven en el socialista una opción para gestionar la crisis más segura que en una Arrimadas sin experiencia política suficiente, a su juicio, para salir del avispero catalán.

Por su parte, el líder de los socialistas catalanes ha conseguido marcar el discurso del PSOE respecto a Cs. Por lo menos hasta que llegue el 21-D, los socialistas reman a una con el PSC para presentar a Miquel Iceta como la única vía para derrotar al independentismo en las elecciones autonómicas y eso pasa por rechazar un acuerdo que haga presidenta a Inés Arrimadas.

De nada le está sirviendo al partido naranja la alianza con los socialistas andaluces para dar estabilidad al gobierno de Susana Díaz. Las declaraciones paralelas de Pedro Sánchez y Miquel Iceta el jueves demuestran que la coordinación entre PSC y PSOE, esta vez, está garantizada. Iceta ha conseguido ser quien marca la postura del socialismo español durante la campaña, aseguran fuentes socialistas, y la estrategia del PSC pasa por presentarse como el voto útil del constitucionalismo, descartando por tanto cualquier compromiso previo con Cs.