Tras una dura noche de negociaciones, Bruselas y el presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker, ha anunciado «un acuerdo de divorcio» con el Reino Unido que permite avanzar hasta la siguiente fase de las negociaciones, tras constatar «avances suficientes» sobre los derechos de los ciudadanos, la factura de salida y la frontera norirlandesa.

La primera ministra británica, Theresa May, que se ha desplazado a primera hora de la mañana a Bruselas, ha anunciado que el acuerdo alcanzado sobre el Brexit «garantiza la ausencia de una frontera dura» en Irlanda.

La Comisión Europea ha decidido formalmente recomendar al Consejo Europeo que se han hecho los progresos suficientes en los tres términos del divorcio para poder entrar en la segunda fase de la negociación», indicó Juncker en una rueda de prensa junto a la primera ministra británica. Juncker recordó que la decisión está ahora en las manos de los 28 líderes de la UE, que se reunirán los próximos jueves y viernes en Bruselas, y confió en que la tomen.

Los negociadores de ambas partes han trabajado durante toda la noche y han logrado alcanzar un acuerdo, antes de la fecha límite del domingo, que fije los términos de la salida del Reino Unido de la Unión Europea.

Europa había dado de plazo hasta este domingo al Reino Unido para zanjar este primer acuerdo provisional, con el objetivo de que los dirigentes de los 27 países que permanecerán en la UE tengan tiempo de estudiar el texto y puedan dar su visto bueno en la cumbre del 14 y 15 de diciembre.

May ha accedido a garantizar que no existirá una frontera dura en Irlanda del Norte

Tras una «negociación difícil» May y Juncker han llegado a un acuerdo satisfactorio sobre el punto más espinoso del divorcio y que había hecho encallar las recientes negociaciones: la frontera de Irlanda. El Gobierno de Dublín había amenazado con que vetaría cualquier acuerdo para el Brexit que supusiera la creación de una frontera en Irlanda del Norte, pero mantener el libre tránsito entre las dos Irlandas sólo sería viable si el Gobierno británico aceptara en la región del Ulster una serie de alineamientos regulatorios para cumplir las reglas europeas.

Este viernes, May aseguró que las conversaciones de esta semana habían permitido lograr un acuerdo sobre Irlanda del Norte que preservará «la integridad constitucional y económica del Reino Unido», al tiempo que evita la creación de una frontera dura. Según la primera ministra británica, ambas partes «trabajarán para lograr la relación comercial entre el Reino Unido y la Unión Europea que queremos ver». «Si ese no es el caso, buscaremos soluciones específicas para las circunstancias únicas de Irlanda del Norte», dijo.

La noticia ha sido recibida con satisfacción en Dublín, donde consideran que el pacto recoge todas sus exigencias. «Logramos todos nuestros objetivos en la primera fase de las negociaciones, incluida la preservación del área de viajes comunes, la protección del acuerdo del Viernes Santo y, fundamentalmente, la obtención de una garantía de que no habrá fronteras difíciles», dijo un portavoz del gobierno irlandés.

Reino Unido asumirá una factura de hasta 60.000 millones por compromisos adoptados antes del Brexit

Otro punto en el que ya se habían logrado notables avances es el relativo a la factura que tendrá que asumir Reino Unido por su ruptura con la UE. El acuerdo final compromete al Reino Unido a cumplir con las obligaciones pendientes de la UE cuando éstas venzan en las próximas décadas, con la parte del Reino Unido calculada como si «siguiera siendo un estado miembro». Esto incluye compromisos presupuestarios firmados hasta dos años después del Brexit.

Si bien las estimaciones netas para este acuerdo varían entre 40.000 y 60.000 millones de euros, la promesa del Reino Unido significa en efecto que ningún estado miembro de la UE saldrá perdiendo por el Brexit a medida que se vaya ejecutando el presupuesto a largo plazo de la UE. May ha tenido que variar así su postura inicial de que  Gran Bretaña no tenía obligación legal de pagar ninguna factura de salida.

Un tercer punto de fricción entre Reino Unido y la Unión Europea, los derechos de residencia y de seguridad social de los europeos residentes en Reino Unido y de los británicos que viven en territorio europeo también ha sido limado en el acuerdo. Mediante éste, los 3 millones de ciudadanos de la UE que viven en Reino Unido, pueden reclamar la residencia permanente en el país, conservar la mayoría de los derechos de reunión familiar que se disfrutan hoy y, si es elegible, reclamar los beneficios existentes en Reino Unido.

Si los países miembros aceptan este pacto, Reino Unido y la UE podrán negociar su nueva relación comercial

Tras este acuerdo, y siempre que todos los países miembros de la UE den su visto bueno, se abre la puerta a una nueva fase de negociaciones en las que se establecerán las bases de la nueva relación comercial entre Reino Unido y sus hasta ahora socios.

May tiene previsto reunirse este mismo viernes con Donald Tusk, el presidente del Consejo Europeo. En un movimiento destinado a mostrar una respuesta inmediata de la UE a la oferta de Gran Bretaña, Tusk tiene la intención de lanzar un borrador de directrices de negociación esta mañana que establece las prioridades de la UE para la próxima fase, incluido el comercio y las negociaciones de transición posteriores al Brexit.

El Gobierno británico ha fijado ya como fecha límite para la ejecución definitiva del Brexit el 29 de marzo de 2019.