La tensión desatada este lunes en Lleida por el traslado de las obras de arte sacro del Monasterio de Sijena y la manifestación en contra convocada por la CUP ha llevado a primer plano la tensión con la que se vive la campaña electoral en Cataluña. Cada decisión del Gobierno, cada comentario o incluso gesto -como el baile de Miquel Iceta- son motivo de ofensa y encendidas quejas que desde el pasado viernes han derivado en incidentes más o menos violentos a diez días de las elecciones del 21-D.

Un equipo de la televisión aragonesa ha sido la última víctima de esa tensión, acosados al grito de «ladrones» mientras retransmitían el traslado de las obras desde el Museo de Lleida, a cuyas puertas había sido abucheado horas antes el alcalde de la ciudad, el socialista Àngel Ros. «Que se lleven al alcalde» fue uno de los lemas de los manifestantes, que responsabilizan al PSC de la situación por su apoyo a la aplicación del artículo 155.

La vicesecretaria de Estudios del PP, Andrea Levy, sufrió el domingo un escrache y tanto el PSC como la CUP han denunciado agresiones a militantes mientras colgaban carteles. Todas las candidaturas reconocen además estar sufriendo ataques a su propaganda electoral más allá de lo habitual en otras campañas.

Tres militantes de las juventudes socialistas fueron agredidos cuando colgaban carteles al grito de «Visca Terra Lliure»

El líder de las juventudes del PSC, Pol Gibert, relata como tres militantes de la organización fueron agredidos el domingo por la noche en Hospitalet del Llobregat al grito de «Visca Terra Lliure» cuando colgaban carteles electorales. «Dos individuos empezaron a increparles, y cuando se negaron a dejar de colocar los carteles separaron a uno de los jóvenes, que recibió una patada y un puñetazo». Los hechos fueron denunciados a los Mossos d’Esquadra y tuvieron respuesta política anoche con una «encartelada» masiva en la segunda ciudad de Cataluña convocada por la JSC.

Levy no pudo visitar el mercado navideño de Sant Fost de Capcentelles (Barcelona) y denunció el acoso de un grupo de personas que impidieron su acceso al recinto. «Han intentado coaccionarme, ya pueden gritarme o insultarme, me siento muy respaldada por la pluralidad de catalanes que no quieren vivir en este acoso permanente», denunció la dirigente popular, quien reclamó acabar con este tipo de acosos y advirtió: «No estamos condenados a que nos impongan este sectarismo».

En Salt (Girona) la CUP denunció este fin de semana una agresión a uno de sus militantes que recibió golpes e insultos al grito de «viva España», según la organización antisistema, mientras colgaba carteles electorales de la formación.

Barcelona fue el escenario de otro incidente este fin de semana: la quema de una pancarta de ERC por parte de un grupo al son de canciones de la Legión en el barrio de Canyelles, que después colgaron en las redes. Un incidente que se produjo tras una «concentración antifascista» y que está siendo investigado por los Mossos d’Equadra, aunque no se ha producido ninguna denuncia.

Más allá del incidente de Hospitalet, Gibert reconoce que en esta campaña se están produciendo ataques a la propaganda electoral de forma más sistemática que en otras ocasiones, un extremo que confirman todas las candidaturas en liza. En el caso del PSC se arrancan carteles o sufren pintadas aludiendo a la orientación sexual de su candidato, pero también han visto como desaparecían de calles enteras los símbolos de PP y C’s, mientras desde JxCat reconocen que en Barcelona el rostro de Carles Puigdemont aparece cubierto en sus carteles por banderas de España.

El partido que lidera Inés Arrimadas vio como como la carpa hinchable instalada en la Plaza Universidad era saboteada el pasado viernes. Un incidente que se suma al saboteo del escenario preparado para un mitin en Sant Andreu de Llavaneras (Barcelona), la localidad que ha declarado persona non grata a Arrimadas, durante la precampaña.

La batalla de los símbolos

Más allá de estos incidentes, la batalla de los símbolos está muy presente en una campaña marcada por las consecuencias de la declaración de independencia. En los últimos días colectivos independentistas han sembrado de lazos amarillos  -el símbolo para pedir la excarcelación de los líderes independentistas encarcelados- lugares emblemáticos como las verjas del Parque de la Ciutadella, el Pont Eiffel de Girona o el de Bac de Roda en Barcelona.

Ayer, sin embargo, la misma acción emprendida en el entorno del Hospital Clínico tuvo puntual respuesta por un grupo contrario a la secesión que apenas unas horas después borraron el rastro amarillo del Hospital. «Operación limpiemos Barcelona: el Clínico antes y después» señalaba este grupo en las redes.

Hospital Clínic con lazos amarillos y tras la «operación limpieza»