Los líderes de C’s, Inés Arrimadas, y Catalunya en Comú (CeC), Xavier Domènech, han conseguido centrar el debate en los dos últimos días en las posibilidades del bloque constitucionalista de evitar que la Mesa del Parlament vuelva a convertirse en la correa de transmisión de la ANC como fue en la pasada legislatura, en palabras de la propia Arrimadas. Ciudadanos se ha zafado así de la presión de PP y PSC ante la renuncia del partido naranja a iniciar conversaciones sobre la investidura, pese a ser el partido más votado, y los comunes evitan debatir en público de ese modo de su otra opción de pacto, la de sumarse al bloque independentista, cuyos medios hablan abiertamente de la «mayoría de 78 diputados» en contra del 155 en el Parlament.

Las conversaciones mantenidas en Bruselas en los últimos días por representantes de ERC, la CUP y Carles Puigdemont han vuelto a hacer saltar las chispas entre los ex convergentes y la CUP, según algunas fuentes, por su exigencia de implementar la república a toda costa. Un contexto que ha llevado a ERC y JxCat a mirar de nuevo hacia los Comunes, cuya abstención en el Parlament sería suficiente para que no necesitaran los cuatro escaños de la CUP. Y la Mesa del Parlament podría ser la primera moneda de cambio para atraerse su apoyo.

La elección de la Mesa se realiza en tres votaciones sucesivas, al presidente, los dos vicepresidentes y los cuatro secretarios, que tradicionalmente se habían pactado entre todos los grupos del Parlament. Una tradición que ya se rompió en la anterior legislatura y que ahora es de nuevo imposible, pero que sí podría llevar a JxCat y ERC a sumar fuerzas para desbancar al PSC, cuarta fuerza en el Parlament, en favor de CeC para que fuera el partido de Ada Colau el que ocupara la cuarta secretaría del Parlament. Con 34 y 32 escaños respectivamente, ambos partidos podrían ceder votos a los Comunes para que su candidato superara los 17 escaños del PSC, a no ser que este recibiera apoyo a su vez de C’s.

Se repetiría de ese modo la aritmética de la última legislatura, en la que el representante de los comunes, Joan Josep Nuet, se ha alineado repetidamente con el bloque independentista en los debates sobre el proceso independentista, aunque votó en contra de la admisión a trámite de las leyes de desconexión junto a los representantes de C’s y el PSC.

Por contra, la aritmética es tozuda y no respalda las aspiraciones de C’s, a no ser que los cinco electos de ERC y JxCat fugados en Bruselas no renuncien a sus actas de diputados y den al traste con la mayoría independentista. En caso contrario, y si como es previsible el Tribunal Supremo autoriza a los tres electos encarcelados, Oriol Junqueras, Jordi Sánchez y Joaquim Forn, a participar en el pleno de constitución del Parlament, el bloque independentista tiene la mayoría garantizada para ocupar la presidencia, una de las vicepresidencias y dos de las cuatro secretarias gracias a los 66 escaños que suman JxCat y ERC, sin tener que recurrir si quiera a la CUP.

Las dudas de Forcadell y Guinó

En este contexto, otro de las cuestiones pendientes de resolver son los propios candidatos de JxCat y ERC para formar parte del órgano de gobierno de la Cámara, dadas las querellas que afrontan todos los integrantes de la Mesa en la anterior legislatura. La presidenta Carme Forcadell guarda escrupuloso silencio desde que JxCat la señaló como su candidata a presidir de nuevo el Parlament para afianzar su apuesta por que sea Carles Puigdemont u otro candidato de JxCat quien presida la Generalitat. Y otro tanto sucede con su vicepresidente, el convergente Lluís Guinó, igualmente imputado por los delitos de desobediencia al Tribunal Constitucional.

Forcadell y Guinó son, además, los únicos miembros independentistas de la Mesa saliente que han vuelto a concurrir a las elecciones, puesto que tanto Anna Simó (ERC) como Lluís Corominas y Ramona Barrufet (PDCat) anunciaron tras declarar ante el Tribunal Supremo que no volverían a concurrir a las elecciones autonómicas. Centrados en el debate sobre Puigdemont, ni ERC ni PDCat han dado pistas todavía sobre quienes podría sustituirles en una legislatura que, si su cumplen su amenaza de seguir adelante con el proceso independentista la Mesa del Parlament volverá a ser un organismo clave.