Es el caso que mayor movilización en apoyo a los presos de ETA está provocando en Euskadi. La situación del miembro de la banda, Ibon Iparragirre, enfermo de VIH en fase muy avanzada, ha llevado al Defensor del Pueblo a solicitar información adicional a Instituciones Penitenciarias para conocer las circunstancias e las que se le ha denegado la libertad a Iparragirre. A finales del pasado mes de diciembre el recluso fue trasladado desde la cárcel de Valdemoro en Madrid al centro hospitalario Aita Menni, en Mondragón (Guipúzcoa), donde permanece ingresado en una sección especial y con medidas de protección. Por el momento continúa preso, en segundo grado, pese a las peticiones de puesta en libertad hechas por parte de la familia dado su deterioro físico y que han sido denegadas.

En una respuesta al senador de EH Bildu, Jon Iñarritu, la defensoría del pueblo asegura que ha solicitado a la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias información sobre el criterio empleado para mantener en prisión al preso de ETA pese a encontrarse en una fase terminal de la enfermedad. La oficina de Francisco Fernández Marugán quiere conocer las razones que se han tenido en cuenta para mantener a Iparragirre preso y la motivación sobre “la aplicación de la libertad condicional por motivos de salud” que se ha aplicado.

El preso de ETA padece Sida en fase terminal. La Audiencia Nacional ha autorizado su ingreso en un centro medico pero le mantiene en segundo grado

La apertura de un expediente sobre su situación se ha llevado a cabo tras la reclamación de intervención hecha por el senador de la izquierda abertzale para interesarse por la situación de Iparragirre (Ondarroa, 1973), condenado a 299 años de prisión por haber participado en el atentado contra la comisaría de la Ertzaintza en Ondarroa con la colocación de un coche bomba con cien kilos de explosivos y que provocó heridas a 18 personas.

A finales de diciembre la Audiencia Nacional accedió a que Iparragirre fuera trasladado desde la cárcel hasta el centro médico Aita Menni de Mondragón, en Guipúzcoa. Actualmente está ingresado en unas instalaciones destinadas al tratamiento de enfermos mentales con causas penales. El complejo cuenta con medidas de seguridad más elevadas que las de un centro médico convencional.

El precedente de Bolinaga

El propio Iñarritu ha asegurado en ETB que este tipo de decisiones son «vengativas» con los presos de ETA. Una situación que ha recordado que supone una vulneración de los derechos humanos de los presos y que incluso ha suscitado la movilización de instituciones del Estado como la defensoría del Pueblo.

La excarcelación de los presos de ETA enfermos es una reclamación constante de la izquierda abertzale y del entorno afín a la banda. Actualmente el colectivo de familiares de presos estima que alrededor de una docena de presos enfermos deberían ser excarcelados por el avanzado estado de su enfermedad. En el caso de Iparragirre su enfermedad se encuentra en la fase C3, la más avanzada.

El próximo sábado día 13 el movimiento Sare ha convocado una manifestación de apoyo a los presos de ETA y en reclamación del final del alejamiento de los alrededor de 300 miembros de la banda que cumplen condena en prisiones alejadas de Euskadi.

Bolinaga fue excarcelado en octubre de 2012 aquejado de un cáncer en avanzado estado. Falleció dos años y tres meses después.

No es la primera ocasión en la que la puesta en libertad de un preso enfermos de ETA enfermo suscita tensiones entre distintas instituciones. Así sucedió con el caso de Josu Uribetxebarria Bolinaga, condenado por el secuestro de José Antonio Ortega Lara y Julio Iglesias Zamora y el asesinato de dos guardias civiles.  Tras un debate intenso sobre su puesta en libertad o no tras detectársele un cáncer en avanzado estado, en octubre de 2012 el juez autorizó su puesta en libertad ante lo que parecía una muerte próxima. Bolinaga aún vivió dos años y cuatro meses más. Incluso se le llegó a ver paseando por su pueblo. El 16 de enero de 2015 falleció. Tenía 60 años. Su funeral se convirtió en un homenaje a su trayectoria, en la que no faltaron pasillos de ikurriñas honrando al féretro, aurreskus rindiéndole respeto y ofrendas de claveles rojos. Se iba sin haber pedido perdón ni haberse arrepentido por el daño causado.