El punto álgido del viaje de Carles Puigdemont a Copenhague ha sido su visita al Parlamento danés, donde se ha reunido con un reducido grupo de diputados interesados en su situación política. Ninguno de la coalición de gobierno. Al encuentro sí han asistido algunos representantes de la oposición, principalmente de grupos ecologistas y de la izquierda alternativa. Sin embargo, los impulsores de este acto en el Folketing han sido los representantes de los partidos independentistas de los territorios daneses de ultramar.

El ex presidente de la Generalitat trata de buscar aliados en todos sus destinos internacionales para dar resonancia a su causa. En Bélgica le han acompañado habitualmente representantes del nacionalista flamenco N-VA y del ultraderechista Vlaams Belang, que también defiende la secesión del territorio de Flandes. En su incursión en Dinamarca, país fetiche para Puigdemont, el dirigente de Junts per Catalunya ha unido su mensaje al del independentismo, bucólico y perseverante, de las peculiares Islas Feroe, que este mes de abril afrontan un referéndum que podría suponer un paso más hacia su independencia definitiva.

Nacionalismo pesquero

Este archipiélago de 18 islas, situado en el triángulo que forman Islandia, Noruega y Escocia, fue colonizado por Noruega en el siglo XI. Tras la unión entre este reino y Dinamarca, a finales del XIV, fueron quedando paulatinamente bajo la influencia de Copenhague. En 1814, cuando se firmó el Tratado de Kiel que dio origen a la independencia noruega, las Islas Feroe pasaron definitivamente a ser territorio danés.

Pese a ello, estas islas mantienen particularidades de todo tipo. Empezando por sus selecciones deportivas, que participan por libre en multitud de campeonatos internacionales, y pasando por su religión propia, una de las más pequeñas del mundo a nivel estatal. El territorio también mantiene su propio idioma, el feroés, en cuya defensa nace el primer sentimiento nacionalista relevante a finales del siglo XIX.

Las Islas Feroe, autogobernadas desde 1948, rechazaron entrar en la UE junto a Dinamarca para mantener el control sobre su política de pesca

Políticamente, se autogobiernan desde 1948 y, en 1973, renunciaron a entrar junto a Dinamarca en la Comunidad Económica Europea. No forman parte del Acuerdo de Schengen y los daneses residentes en el archipiélago no son considerados habitantes de la Unión Europea. Pese a todo, 45 años más tarde siguen rechazando el proyecto comunitario: con una industria eminentemente pesquera, someterse a las regulaciones de la UE supondría dejar en manos de Bruselas cerca del 90% de su economía.

Población dispersa y paisajes de postal: la economía de las Islas Feroe depende al 95% de la pesca. En la foto, el poblado de Kunoy.

Población dispersa y paisajes de postal: la economía de las Islas Feroe depende al 95% de la pesca. En la foto, el poblado de Kunoy. GSW

Precisamente la pesca ha sido lo único que en los últimos años ha situado en el mapa informativo a las tranquilas Islas Feroe. En 2013, la UE implantó un boicot absoluto durante un año a parte de sus exportaciones pesqueras. Cuando se levantó el veto, las Feroe respondieron mirando hacia Moscú. Aprovechando las sanciones comerciales hacia el régimen de Putin, inundaron Rusia de salmones.

Un 50.7% mantenido durante 70 años

Pese a funcionar de facto como un país independiente, las 50.000 personas que residen en estas islas no se ponen de acuerdo sobre la idoneidad de la secesión. En este tema, la sociedad de las Islas Feroe permanece dividida por la mitad desde hace más de 70 años. La región ya votó sobre su independencia en 1946. Y ganó el Sí, con un estrecho 50.73% sobre un total de 11.640 votos, que representaron entonces una participación del 67.5%.

Los partidos independentistas consiguieron en las elecciones de 2015 un 50.7% de los votos, el mismo porcentaje que en el referéndum de 1946

La separación se enfrentó con el rechazo total de Copenhague, al entender que el porcentaje no era suficiente. El independentismo feroés tampoco se puso de acuerdo en cómo implementarla. Por un motivo principal: dos de las tres islas más pobladas habían votado mayoritariamente por la unión con Dinamarca. La corona disolvió la asamblea insular y convocó nuevas elecciones, en las que creció y ganó el unionismo. El movimiento independentista acabó conformándose, dos años más tarde, con un acuerdo de autogobierno que confiere a las islas poder absoluto en todas las materias salvo Defensa, Exteriores, Justicia y política cambiaria.

Sede del parlamento de las Islas Feroe, en Tórshavn.

Sede del parlamento de las Islas Feroe, en Tórshavn.

La realidad matemática es tozuda: 70 años más tarde, la fortaleza del independentismo en las Islas Feroe sigue siendo exactamente la misma. En las últimas elecciones, celebradas en 2015, la suma de todos los partidos defensores de la separación (Republic+Partido Popular+Progreso+Nuevo Autogobierno) coincidió exactamente con el apoyo al ‘Sí’ en el referéndum de 1946: 50.7%. Los independentistas consiguieron 17 escaños de 33 en una elección de récord, con un 88,8% de participación. No obstante, como en el caso de Cataluña y Ciudadanos, el partido más votado fue unionista: el socialdemócrata SDP.

A diferencia de Cataluña, no obstante, el gobierno que resultó de las elecciones fue una coalición entre independentistas y unionistas, con un objetivo común: redactar una nueva Constitución que el pueblo de las Islas Feroe deberá votar el próximo 25 de abril de 2018. Pese a que se ha vendido como tal en numerosos medios de comunicación, no se trata de un referéndum de independencia, sino que el nuevo redactado de la Carta Magna incluye el derecho a la autodeterminación de las Islas Feroe. Aunque se aprobara la Constitución, y Copenhague no le pusiera trabas, todavía sería necesaria una nueva y definitiva consulta.

El gobierno danés, pese a que castiga en su Código Penal con cadena perpetua los intentos de independencia dentro de su territorio, asume el derecho a la autodeterminación tanto de las Islas Feroe como de Groenlandia. Y a diferencia de en 1946, probablemente aceptaría una victoria mayoritaria de la independencia en un referéndum. Una situación a la que Carles Puigdemont ha demostrado aspirar, pero que no sostiene el paralelismo con Cataluña atendiendo a las particularidades históricas de ambos territorios y su origen colonial.