Tras ser declarado persona non grata por el régimen de Nicolás Maduro, el embajador español en Caracas, Jesús Silva Fernández, tiene 72 horas para abandonar Venezuela antes de que lo echen. España, como ha anunciado el ministro de Exteriores Alfonso Dastis, probablemente responderá de la misma manera. La expulsión de los embajadores agrava la crisis diplomática entre ambos países, pero es una práctica común en la nación latinoamericana.

Conflictos similares al que a estas horas protagoniza España le han correspondido antes a otros países como Estados Unidos, Canadá, Brasil, Colombia, Perú o Ecuador. Y no es más que la culminación de una relación rota a nivel diplomático desde hace más de 15 años, desde que Hugo Chávez acusó al gobierno español y al presidente José María Aznar de haber dado soporte al intento de golpe de Estado contra el gobierno bolivariano en el año 2002.

Una acusación de la que Chávez hizo bandera en sus discursos, y que se propagó también a España. La defendió públicamente Izquierda Unida y en 2004 Miguel Ángel Moratinos, entonces ministro de Exteriores con José Luis Rodríguez Zapatero, también señaló directamente a Aznar. El ex dirigente del PP lo ha negado siempre, e incluso dedicó parte de sus memorias a repasar este capítulo.

‘Si hubiera querido dar el golpe, tú no estabas aquí’

Aznar relata una cena con el dirigente bolivariano en Lima, tras una Cumbre Iberoamericana. «Mira Hugo, si yo hubiera querido dar el golpe y lo hubiera organizado, te aseguro que tú, ahora, no estabas aquí», llegó a decirle el ex presidente del Gobierno, que siempre ha calificado como «rotundamente falsas» las insinuaciones sobre la participación de España, en connivencia con los Estados Unidos, en el golpe.

Chávez acusó a Aznar de ser ‘de la calaña de Adolfo Hitler’ por participar en el golpe: ‘Es un tipo que da asco y da lástima’

El ex presidente popular detalla también que fue Cuba, durante el desarrollo del golpe, quien pidió a España intervenir con dos objetivos: trasladar a Hugo Chávez a España si la situación se deterioraba y asumir la protección de los cubanos en Caracas. A ambas demandas se negó el gobierno español, según el relato de Aznar, para mantener la «neutralidad»: «Les dije que si querían sacar a Chávez de Venezuela, lo sacaran ellos».

Ninguna de las explicaciones sirvió nunca para relajar el discurso antiaznarista en el gobierno venezolano. Una constante discursiva cuyo tono se fue elevando hasta el año 2007. «El golpe del 11 de abril de 2002 fue apoyado por el entonces presidente español, que es un fascista. Ese es de la calaña de Adolfo Hitler, es un verdadero fascista de la extrema derecha mundial, lacayo de George Bush. Un verdadero lacayo, un tipo que da asco y da lástima: me refiero al ex presidente José María Aznar», dijo Chávez en el mes de abril.

El Rey pone la puntilla: ‘¿Por qué no te callas?’

Ese mismo año, durante la Cumbre Iberoamericana celebrada en Santiago de Chile en el mes de noviembre, el dirigente venezolano volvió a insistir en los mismos términos, esta vez frente a José Luis Rodríguez Zapatero y el rey Juan Carlos, que protagonizó allí uno de los momentos más célebres de la última etapa de su reinado cuando se incorporó para proferir un sonoro «¿Por qué no te callas?», dirigido a Hugo Chávez, mientras este interrumpía el discurso en el que el presidente socialista pedía respeto para la figura de Aznar.

Este momento marcó un deterioro rápido de las ya tocadas relaciones entre ambos países. Chávez amenazó abiertamente con endurecer los controles sobre las empresas españolas en Venezuela y la situación no se recondujo hasta ocho meses después, cuando el mandatario latinoamericano visitó a don Juan Carlos en el Palacio de Marivent. Contra pronóstico, el encuentro fue relajado. Chávez saludó al rey imitándole: «¿Por qué no nos vamos a la playa?». El monarca contestó regalándole una camiseta con la frase inscrita, por entonces ya convertida en viral.

La normalización de las relaciones tras este encuentro sobrevivió durante años, con sobresaltos recurrentes como la presencia de prófugos de ETA en Venezuela. La muerte de Hugo Chávez, en abril de 2013, y el ascenso al poder de Nicolás Maduro, además del apoyo explícito del gobierno a la oposición venezolana, recrudeció el tono del conflicto.

Desde entonces han sido constantes las acusaciones a España de «interferir» en la política interior del país latinoamericano, y apenas ha habido descanso en los discursos televisados de Maduro contra Rajoy. En el último, coincidente con el apoyo por parte de España a las últimas sanciones de la Unión Europea contra el régimen bolivariano, justo antes de decretar la expulsión del embajador español, llegó a su clímax: «Rajoy, ponte a cuatro paticas, que el pueblo te va a dar ‘pela’ -paliza-«.

Cataluña y el rol de los ex presidentes

El comunicado publicado este jueves por el ministerio de Exteriores de Venezuela, en el que anuncia la expulsión de Jesús Silva Fernández, sintetiza todas las proclamas lanzadas desde Caracas contra Madrid en los últimos años. Desde los «desahucios diarios» y la «desesperanza de las nuevas generaciones españolas» hasta los «escandalosos casos de corrupción descubiertos en miembros del partido gobernante, incluyendo sobresueldos y prebendas desvergonzados».

«Fue mundialmente difundido el uso de la represión policial para secuestrar el derecho a decidir del Pueblo de Cataluña, así como la judicialización de la política para perseguir y encarcelar a quienes difieran de la posición oficial, cerrando cualquier opción de diálogo civilizada con sus adversarios», dice también. Maduro ha utilizado la crisis del independentismo catalán para provocar sin descanso al gobierno español en los últimos meses. Llegó a posar incluso con una bandera estelada.

España, en todo caso, ha jugado un papel protagonista en el apoyo a la oposición venezolana. Y lo ha ejercido a través de sus ex presidentes, con roles muy distintos. Mientras José Luis Rodríguez Zapatero ha optado por integrarse en un proceso de mediación censurado por parte de algunos sectores contrarios a Maduro, que le han acusado de complicidad con la élite bolivariana, Felipe González ha sido mucho más duro y ha llegado a decir que recuperaría su toga de abogado para defender a los presos políticos que mantiene encarcelados el régimen de Maduro.