Cada año el Servicio Público Federal de Bélgica lanza una lista con las comunas más ricas y pobres del país: ahí, en los primeros puestos de la clasificación aparece siempre Waterloo, una ciudad turística por ser escenario del último campo de batalla de Napoléon en un pequeño país que, entre otras cosas, vive del legado bélico (Primera y Segunda Guerra Mundial, cementerios británicos y estadounidenses, etcétera).

Pero además de turística, Waterloo es famosa por contar con barrios llenos de casoplones donde se aloja parte de la extraña nobleza belga que paga pocos impuestos en un país que desangra a las clases medias (los ricos franceses tienen a Bélgica como lugar predilecto de residencia para escapar de las cargas tributarias del fisco francés); es célebre igualmente por alojar hasta  100 nacionalidades distintas entre sus 30.000 residentes gracias a su pertenencia al área metropolitana de Bruselas; y, desde ayer, Waterloo también es célebre por ser la localidad donde se hospeda el personaje más controvertido de la política española a día de hoy: Carles Puigdemont, tal y como adelantó el jueves el diario L’Écho. Si es que se confirma la noticia de que vive allí.

Waterloo se encuentra en la región de Valonia, algo que facilitará la vida al ex president que domina excepcionalmente el francés. Flandes, la región aliada de Puigdemont, se halla a tiro de piedra: un simple paseo por los bosques de la comuna puede acabar sin que uno se de cuenta en la región flamenca, pegada a este municipio. A Puigdemont no le interesa distanciarse mucho de la N-VA, el partido independentista que es también el más votado de Bélgica y que ha dado un soporte fundamental al procès cuando éste estaba en sus horas más difíciles.

Huir de Bruselas

Está solo a 20 kilómetros de la capital europea y cada 18 de junio una marabunta de curiosos pedalea en bici desde Bruselas para ver la reconstrucción histórica de la gran batalla ocurrida hace 202 años. En Waterloo es normal ver instalarse a funcionarios europeos y lobistas que quieren huir de la turbulenta vida diaria bruselense, una ciudad plagada de coches, con kilómetros de atascos en sus entradas y en estado de obra permanente.

A tenor de las características de la mansión donde vivirán Puigdemont y, probablemente, los ex consellers que escaparon con el primero de la justicia española a finales de octubre pasado, es fácil adivinar el estatus del vecindario. El nombre del barrio da otra pista: el Pequeño París. Valonia es generalmente pobre y posindustrial: las minas cerradas de Lieja y Charleroi, el desempleo elevado… con excepciones como Waterloo.