La ciudad de Barcelona cuenta con 137 clubes cannábicos de los que más de la mitad se concentran en los distritos de Ciutat Vella, Sant Martí y el Eixample, que también concentran la mayor afluencia de turistas y, en el caso de Ciutat Vella, los principales problemas derivados del tráfico de drogas. Una situación que ha convertido a Barcelona en uno de los referentes europeos de turismo cannábico, denuncia el PP. Todo ello sin que el gobierno de Ada Colau parezca dispuesto a poner coto al fenómeno: en 2017, el consistorio realizó inspecciones sobre el 55% de estos clubes, de los que el 41% presentaban “deficiencias” en palabras de los responsables municipales.

Para el líder del PP en el Ayuntamiento, Alberto Fernández, “sorprende que aún no se haya realizado inspecciones a todos los locales, ante el elevado porcentaje de infracciones todavía quedan pendientes por revisar, 61 locales de 137”. Una polémica que se suma a la provocada por el taller de experimentación con drogas para jóvenes incluido en la programación de las fiestas de Santa Eulalia, que el Ayuntamiento ha retirado, o la proliferación de narcopisos en Ciutat Vella.

Estos son los datos aportados por el gobierno local en la comisión de seguimiento del Ayuntamiento, en la que no quisieron concretar si esas “deficiencias” corresponden a infracciones en la adecuación de los locales o en prácticas no permitidas como la venta del cannabis o una ocupación superior al aforo permitido de estos locales.

Quejas de colegios

Los populares denuncian, sin embargo, que los clubes cannábicos están generando problemas de convivencia ante la pasividad del Consistorio. Es el caso del colegio Salesianos de Rocafort, a dos manzanas del Club Villamaría. Representantes del Ampa de este colegio se han dirigido a los grupos municipales para denunciar que esta cercanía al centro escolar supone una banalización del consumo de drogas ante los menores. Aunque el distrito en el que los conflictos son más acuciantes es el de Ciutat Vella.

“La normativa del cannabis de Colau convierte Barcelona en la capital del porro, olvidándose del turismo de calidad que aporta valor añadido a la ciudad y beneficia al comercio” destaca Fernández.

La Comisión de Seguimiento del Consejo de Barrio del Casco Antiguo reunida el pasado 30 de enero los representantes del Ayuntamiento reconocieron la existencia, sólo en este distrito, de 31 clubes cannábicos con licencia municipal y otros 14 ilegales, lo que supera las cifras aportadas por el gobierno local, denuncia la portavoz del PP en Ciutat Vella, Elisabet Giménez. En 2017 el Ayuntamiento realizó en este distrito 61 de las 76 inspecciones realizadas en el conjunto de la ciudad, instadas por quejas vecinales. Las asociaciones de vecinos, en pie de guerra por la proliferación de narcopisos en este barrio, denuncian que siguen abriendo clubes cannábicos en el distrito sin que el Ayuntamiento haga demasiado por frenarlos.

Captación de turistas

“En Las Ramblas o la calle Ferran es habitual que te aborden chicos para ofrecerte coffee shop“, denuncia Giménez. Se trata de una práctica habitual en el barrio para atraer a turistas a los clubes, una actividad que está fuera de la normativa municipal y la regulación autonómica, que permiten la existencia de estos establecimiento como espacios de autoconsumo.

El PP denuncia además que la proliferación de estos locales ha convertido a la capital catalana en una de las ciudades referentes en consumo para turistas, como ejemplifica la web Cannabis Barcelona que establece un ranking de los clubes con el cannabis de mejor calidad en la ciudad. Dinafem Seeds, una empresa especializada en la comercialización de semillas de marihuana presenta Barcelona como “la nueva capital del cannabis” gracias a la regulación del Parlamento catalán que legalizó la creación de clubes cannábicos y el plan urbanístico aprobado por el Gobierno Colau para regular la concesión de licencias de estos establecimientos.

La gran proliferación de clubes cannábicos se produjo en Barcelona bajo el mandato de Xavier Trias, coincidiendo con la legalización de las asociaciones de consumidores por el Parlament. En 2013 se contabilizaron 165 clubes cannábicos con permiso municipal, cifra que se había reducido en los últimos años. La nueva reforma legislativa aprobada por el Parlament el pasado verano, y el plan de urbanismo aprobado por Colau, con la única oposición de PDCat y PP, favorecen la proliferación de estos clubes, según sus propios promotores.

El plan de regulación de Barcelona, aprobado en 2016, fija una distancia mínima entre estos clubes y determinados espacios, como centros docentes, de atención a drogodependientes y de suelo calificado de equipamiento, entre otros: esta distancia mínima debe ser de 150 metros en cascos antiguos y de 100 en el resto de la ciudad; pero este punto no afecta a los 120 clubes que ya operaban en la ciudad en el momento de su aprobación. El plan también obliga a los locales a tener un acceso independiente desde la calle, una doble puerta o vestíbulo de separación y una chimenea.