Los obispos de las diez diócesis de Cataluña han mostrado hoy su «preocupación» por la situación de prisión preventiva de Oriol Junqueras, Joaquim Forn, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, y han pedido «voluntad de servicio» a los políticos independentistas para llegar a un acuerdo sobre la formación de gobierno. La Iglesia catalana muestra de nuevo con el comunicado los difíciles equilibrios en los últimos meses entre las posturas abiertamente independentistas de dirigentes como el abad de Montserrat, Josep Maria Soler, y la neutralidad del cardenal de Barcelona, Juan José Omella, al que se le llegó a pedir que hiciera de mediador para evitar la DUI el pasado otoño.

Soler ha sido tradicionalmente una de las voces más independentistas de la Iglesia catalana. El pasado mayo lo dejó claro cuando aseguró, en Catalunya Ràdio, que “el Vaticano reconoce todos los estados nuevos que se crean” dando por sentado que también reconocería “una Catalunya independiente”. En este sentido, el Abad de Montserrat defendió que “Cataluña es una nación y tiene derecho a decidir sobre su futuro” y que “Montserrat se situaría con lo que la mayoría de la población decidiere”, en el momento en que el Govern de Carles Puigdemont defendía la celebración de un referéndum de independencia.

Los ojos y oídos del Papa en Cataluña

Soler añadió entonces que había hablado con el Papa Francisco sobre el proceso independentista, aunque la voz más autorizada sobre el procés en el Vaticano es la del cardenal Omella. Obispo de Barcelona designado por el Papa Francisco, que lo nombró cardenal y lo ha incorporado como una sus las voces de referencia sobre España, Omella ha intentado salvaguardar la neutralidad de la Iglesia catalana en este debate político.

El cardenal de Barcelona mantuvo canales de diálogo abiertos con todos los actores del proceso durante las semanas clave de la declaración de independencia, especialmente con el líder de ERC, Oriol Junqueras -reconocido católico prácticamente- pero también con dirigentes como Miquel Iceta, junto al que compartió intentos de mediación entre el Gobierno y la Generalitat en los días previos a la DUI y la aplicación del 155.

Omella fue también en gran parte responsable de la declaración de la Conferencia Episcopal Española (CEE) se pronunciara el septiembre pasado a favor del «diálogo y la oración» en plena escalada del conflicto catalán, dejando atrás las apelaciones a la «unidad nacional» de los tiempos de Rouco Varela.

En el extremo contrario de la cúpula católica catalana se sitúa el obispo de Solsona, Xavier Nonell, abierto defensor del «derecho a decidir».  «El derecho a decidir de los pueblos está por encima de la unidad de España», ha sostenido abiertamente Novell, con el respaldo de algunos purpurados y, sobre todo, muchos párrocos catalanes. Alguno de ellos llegó a ceder iglesias para la celebración del referéndum del 1-O, cuando se hizo viral el recuento de votos en una iglesia mientras se celebraba misa.

Junto a Novell, joven promesa de la Iglesia catalana, se han declarado abiertamente a favor de un referéndum sobre la independencia el arzobispo de la Seu d’urgell y copríncipe de Andorra, Joan Enric Vives, el arzobispo de Tarragona, Jaume Pujol, y el obispo de Girona, Francesc Pardo. Grupo al que se suele sumar el auxiliar de Barcelona, Sebastià Taltavull.

Frente a ellos, defienden posturas más moderadas, aunque igualmente catalanistas, los obispos de Terrassa, José Ángel Sáiz, el de Vic, Romà Casanova, el de Lleida, Salvdor Jiménez, el de Sant Feliu de Llobregat, Agustín Cortés y el de Tortosa, Enrique Benavent.