El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publica los datos de sus barómetros sectorizados por multitud de variables. Un análisis recurrente es acudir a las diferencias en la intención de voto por tramos de edad. No siempre se hace uno igual de significativo: ¿Cómo sería la política española si sólo votasen los hombres o sólo lo hicieran las mujeres? Distinto, desde luego.

Las mujeres españolas, según el último barómetro correspondiente al mes de enero, son algo más pesimistas respecto a la actualidad política. Sólo el 25,6% de ellas opina que la situación es regular, buena o muy buena, en comparación con el 28,5% de los hombres. El 70,3% creen que es mala o muy mala, cerca de un punto por encima del dato masculino.

Las diferencias son especialmente significativas en aspectos prepolíticos, generalmente arrastradas por la sociedad en la que crecieron las generaciones más mayores. La desigualdad en el acceso a la educación, por ejemplo, se muestra muy claramente en estas encuestas periódicas del CIS. El 24,8% de las encuestadas no tiene estudios o sólo tiene estudios primarios, muy por encima del 18,8% de hombres que se encuentran en esta situación. Sin embargo, las mujeres que acceden a niveles posteriores de educación llevan sus carreras académicas más lejos. El 25% de las mujeres posee estudios superiores, por el 23% de los hombres.

Estas diferencias sociológicas de base se plasman en otros apartados, con especial énfasis en el de las creencias religiosas. El 72,9% de las mujeres se declaran católicas, por sólo el 63,8% de los hombres que lo hacen. Entre ellas, el porcentaje de ateas o no creyentes también es muy inferior al de los hombres: 22,3% contra 30,7%. Un 50% más de mujeres que de hombres acude al menos semanalmente a misa. Un background que se traslada a su posición política: además del feminismo (5,5% vs. 0,6%) y el ecologismo (4,3% vs. 3,3%), el único sector ideológico en el que las mujeres se autoubican más que los hombres es el democristiano (5,8% vs. 4,5%).

Las mujeres, también, se sitúan ligeramente más a la izquierda que los hombres aunque España, por lo general, es un país de centro. En una escala de 1 a 10 en la que el 1 es extrema izquierda y el 10 extrema derecha, las mujeres se otorgan un 4.70. Los hombres, un 4.76. Esto tiene traslado en la intención de voto: unas elecciones en las que sólo participasen mujeres tendrían un resultado algo más escorado a la izquierda… pero también más bipartidista.

En el último barómetro del CIS, elaborado durante el mes de enero, la intención de voto directa (voto+simpatía), es decir, los datos previos a la aplicación de la famosa cocina, ponían al PSOE en primera posición con el 19,2%, por delante de Ciudadanos (17,6%), el Partido Popular (17,4%) y Unidos Podemos (12,5%, sumando a todas sus confluencias). Un voto femenino alteraría ese ránking, impulsaría a PSOE y PP y supondría un mazazo para Ciudadanos y Unidos Podemos.

La intención directa de voto de las mujeres refuerza en la primera posición al PSOE con un 20,1% (+0,9% respecto al total), por delante del 17,8% del PP (+0,4%). Ciudadanos caería a la tercera posición con un 15,9% (-1,7%) y Unidos Podemos se mantendría en la cuarta, pero empeorando su intención de voto hasta el 11,5% (-1%). En general, el bipartidismo mejoraría su intención directa de voto en 1,3 puntos, mientras que los nuevos partidos tendrían un 2,7% menos de apoyo si sólo votasen las mujeres.

Estos datos muestran la fuerza que el PSOE mantiene en el sector del voto femenino. Y se trasladan también a la valoración de su líder, el único de los políticos a nivel nacional que obtiene una nota mucho mayor entre las mujeres que entre los hombres. Pedro Sánchez se lleva un 3.80, bastante por encima del 3.57 que cosecha entre el votante masculino. Albert Rivera (+0,02%) y Mariano Rajoy (+0.04%) también reciben una mejor valoración entre las mujeres, mientras que el peor parado es Pablo Iglesias, al que otorgan un 2.65, por debajo del 2.73 que le dan los hombres encuestados.

Estas diferencias se plasman también en las preocupaciones que unos y otros reconocen como las más apremiantes. En este sentido, el 7,5% de los hombres mencionan la independencia de Cataluña entre sus principales quebraderos de cabeza políticos, mientras que sólo el 4,8% de las mujeres lo hacen: un 36% menos.

Esta misma tendencia se observa cuando se pregunta por las preferencias en la organización territorial del Estado. Las mujeres son más partidarias de dejarlo todo como está actualmente (40,4%, por encima del 37,9% global), y responden por debajo de la media tanto a las opciones recentralizadoras como a las que abogan por dar más autonomía a las comunidades. Sólo el 9,4% de ellas están de acuerdo con otorgar a todas las comunidades la posibilidad de ser independientes mediante un referéndum, una opinión que es la preferida del 10,6% del total de la población y del 12% de los hombres.