Había sido como imaginó. Solemne, intenso y con un torbellino de sensaciones en su interior. Era el día más importante de su carrera política. En el Palacio de la Zarzuela, ante la mirada del Rey y el ministro de Justicia, acababa de sellar el encargo recibido días antes por el presidente Rajoy. Después, intercambio de carteras con su antecesora, fotos, Consejo de Ministros, y más fotos. A partir de entonces, a Iñigo De la Serna le restaba cumplir expectativas y no fracasar en las encomiendas. El flamante nuevo ministro de Fomento había dado un paso de gigante, de la alcaldía de una pequeña ciudad de provincias, Santander, a lucir la cartera que le acreditaba como miembro del Gobierno de España. A los abrazos de felicitación le siguieron los consejos. No hubo tiempo para mucho más.

En la agenda de aquel 4 de noviembre de 2016 al titular del ministerio de las carreteras, los ferrocarriles y los aviones le tocaba estrenar el cargo con… una boda. Y no era en Madrid, sino en Bilbao, en la ciudad que le vio nacer hace ahora 47 años. A De la Serna le esperaba un largo viaje en coche.

A 400 kilómetros de allí, en el ayuntamiento de la capital vizcaína, su familia se reencontraba para la boda. En el Salón Árabe del consistorio bilbaíno también le aguardaba su gran amigo Juan María Aburto, el alcalde de Bilbao. Ambos habían estrechado relaciones en el apenas año y medio que hacía que había sido designado por el PNV para ocupar el asiento dejado por Iñaki Azkuna –a excepción del periodo transitorio de Ibon Areso- tras su muerte. A partir de esa tarde nupcial, de la Serna y Aburto hablarían de ministro a alcalde.

Meses atrás, cuando las conversaciones se movían en parámetros de alcalde a alcalde, Aburto ya había logrado ganarse la confianza de De la Serna. Los toros, una de las pasiones del ministro, junto al baloncesto y el running, fueron el punto de encuentro. La feria taurina de la Aste Nagusia bilbaína se convirtió en un modo de reforzar la relación entre dos ciudades vecinas, separadas por apenas 100 kilómetros, y llamadas a entenderse.

El día que De la Serna tomó posesión como ministro viajó a una boda a Bilbao que oficiaba el alcalde, Juan María Aburto

Cuando Aburto conoció la noticia, sabía que ver a De la Serna convertido en el titular de Fomento era un golpe de fortuna que había que aprovechar. El ministerio que debía jugar un papel determinante en el futuro de Bilbao sería gestionado por su amigo.

Nacido en Bilbao, político en Santander

El dato es casi anecdótico en su biografía, pero De la Serna nació en Bilbao, en 1971, diez años después que Aburto. Siendo un niño su familia se trasladó a la vecina Santander y es allí donde creció, donde se convirtió en Ingeniero de Caminos, padre de dos hijos y en alcalde de la capital cántabra durante casi una década (2007-2016). Desde que ocupa la cartera de Fomento ha acudido con cierta frecuencia a la capital vizcaína a presentar proyectos relacionados con su ministerio. En los 16 meses en el cargo, se contabilizan al menos media docena de actos institucionales en Bilbao y el País Vasco. La sintonía con el emblemático Azkuna siempre fue buena, pero con Aburto ha dado un resultado “histórico”, según definió el alcalde Bilbao. La fortuna quiso que su amigo de Santander se convirtiera en ministro justo en el instante en el que la capital debía afrontar uno de sus retos urbanísticos más relevantes del futuro: la llegada del Tren de Alta Velocidad (TAV), el AVE vasco, hasta el corazón de la ciudad.

Aburto aseguró poco después de asumir el cargo en junio de 2015 que su objetivo sería que la alta velocidad llegara soterrada, a plena velocidad y hasta el centro de la ciudad. Y para ello, el nombramiento de De la Serna fue su particular lotería. Negociar con él se antojaba más fácil, la confianza en política siempre ayuda. Los contactos se iniciaron con su predecesora, la hoy presidenta del Congreso, Ana Pastor, también en buen talante. Pero en el último año, los pasos en el que será uno de los grandes logros de Aburto han sido de gigante. La capital vizcaína contará con la más moderna y costosa estación del AVE jamás construida: 730 millones de euros es el coste inicial estimado. Un logro en el que también el papel del PP en el consistorio bilbaíno ha sido relevante para facilitar el consenso en aras a una solución soterrada para la llegada de la alta velocidad a la capital vizcaína.

Mantiene una estrecha relación con Bilbao, donde ha sido invitado en varias ocasiones a los toros y ha acudido con frecuencia como ministro”

“Es un buen comienzo”, aseguró Aburto días después del nombramiento del ministro. Era consciente de que la negociación sería más sencilla. Y así ha sido. Lograr el objetivo ha requerido casi doce meses de negociaciones, pero más técnicas que políticas, “el dinero no tiene que ser el problema”, aseguran que afirmó el alcalde de Bilbao ejerciendo de bilbainismo. La construcción de los 6,2 kilómetros de túnel por el que llegará a pleno rendimiento el tren a partir de 2023 –si se cumplen las previsiones-, construir una gigantesca estación subterránea en el subsuelo de la actual de Abando, hacerlo en dos niveles –uno para cercanías y mercancías y otro para alta velocidad, y todo ello con el servicio ferroviario actual en marcha, era es una apuesta ambiciosa.

Una estación de 730 millones

El pasado jueves De la Serna, Aburto y la consejera del Gobierno vasco, Arantxa Tapia, sellaron el acuerdo por el que se comprometen a llevarlo a cabo. El coste de la operación es de 730 millones y se repartirá a razón de 509 millones para Adif y 221 a cargo de las administraciones vascas. Una operación con financiación del Banco Europeo de Inversiones y que el País Vasco podría costear con acuerdos a través del Cupo.

Recreación de la futura estación de alta velocidad en Bilbao.

Recreación de la futura estación de alta velocidad en Bilbao.

La llegada de De la Serna a Fomento y la debilidad del Gobierno del PP han sido la culminación de un cambio de relación entre Euskadi y el Ejecutivo central en una de las cuestiones que arrastra décadas de retraso, toneladas de disputas y no pocos años de amenazas terrorista por parte de ETA contra el mayor proyecto ferroviario jamás llevado a cabo en Euskadi.

La relación fluida entre ambos alcaldes ha facilitado la negociación y el acuerdo para la estación de AVE más cara de España

La conocida como ‘Y’ vasca, por el dibujo de su trazado, se inició hace ya doce años, allá por 2006. Cuando en 2023, según la fecha prevista, la alta velocidad que en otros lugares de España cumple ya sus bodas de plata realice su primer viaje por suelo vasco habrán transcurrido más de tres lustros de obras y retrasos. Al último impulso presentado esta semana en Bilbao, la construcción de su estación de llegada, le antecedió el acuerdo de presupuestos que PNV y PP alcanzaron en mayo de 2017. En él, sin duda el compromiso más relevante, junto al relacionado con la renovación y liquidación del Concierto y Cupo vasco respectivamente, fue el cronograma y compromiso financiero que cerraron ambas partes para desbloquear definitivamente la construcción del TAV.

Fomento también ha accedido a soterrar la estación del AVE a su llegada a Vitoria, en un proyecto que se espera tener definido para esta primavera y al que se suma el ya cerrado para la tercera capital vasca, San Sebastián, la única estación vasca que no irá soterrada. A todo ello, con De la Serna se han terminado por desbloquear algunos de los tramos que más ha costado que puedan licitarse por el Ejecutivo central, como los referidos al nudo de Bergara en el que confluyen los tres ramales que concretan el trazado procedente de Burgos con el que conecta las tres capitales vascas y éstas con Francia.

“Educado, afable y cordial”

Quienes conocen la relación entre el Ministerio y el Consistorio que tendrá la estación más ambiciosa del AVE aseguran que han sido siempre muy fáciles, “aquí lo de menos es que sea él sea del PP y Aburto del PNV”, señalan. Destacan que De la Serna es un ministro atípico, que no rehúsa coger el teléfono para hablar con un alcalde que cuida las formas hasta el extremo, “es muy educado, afable y cordial” y que evita las situaciones controvertidas. Ni siquiera cuestionó que el acuerdo de la entidad del anunciado esta semana se presentara en público en casa de Aburto y no en su Ministerio o en la delegación de Gobierno, “le dijimos que se hiciera en el Ayuntamiento y no puso ningún impedimento”.

El alcalde de Bilbao sabe que la relación aún deberá atravesar por muchos momentos complicados y de tensión y que por ello la relación debe cuidarse, evitar que se resquebraje. Para eso los detalles importan. La bandeja de pintxos que preparó el Consistorio para agasajarle tras el acto de presentación de la futura estación apenas pudo degustarla, “tenían que irse rápido, tenían un vuelo”. Antes del aeropuerto, a De la Serna le esperaba un encuentro con el PP de Bilbao para ultimar el que se antoja como próximo acuerdo ferroviario para la ciudad, el soterramiento del paso a nivel existente en el barrio de Zorroza, un histórico punto negro que acumula un trágico historial con una veintena de víctimas.

Ha sido un regalo, una imagen de incalculable valor a poco más de un año de las elecciones municipales. Ahora los planes y acuerdos se deben cumplir. Parece complicado que al menos los plazos se cumplan. El cronograma sitúa la inauguración de la futura terminal para dentro de cinco años, pero sólo las obras de construcción de la estación del AVE de Bilbao se han calculado en 48 meses -4 años- una vez finalizados los trámites y proyectos de construcción, previstos para agosto de 2019. A todo ello se añade la dificultad de una obra faraónica como ésta que, pese a tener gran parte de sus trazados concluidos, aún tiene muchos por concluir y algunos por adjudicar. Y aún restarán otros seis o siete años más para ver urbanizada la gran área que hoy ocupan decenas de vías de tren.

Será el siguiente gran hito de la ciudad; definir la urbanización del área de expansión que resultará del soterramiento, casi 90.000 metros cuadrados de suelo en el centro de la ciudad sobre los que regenerar la zona y lograr plusvalías con las que financiar parte de la factura millonaria de la alta velocidad.