Manuel Lapeña Lapeña, de 93 años, y su hija Puriicación Lapeña Garrido (60) en Zaragoza.

Manuel Lapeña Lapeña, de 93 años, y su hija Puriicación Lapeña Garrido (60) en Zaragoza. EL INDEPENDIENTE

Política

La familia que se rebeló contra el Valle de los Caídos

«Cuando estábamos en casa y salía Franco en televisión, mi padre siempre decía: ‘Ese hombre mató a mi padre’. Éramos pequeñicos. Siempre lo hemos oído». Aquellas palabras quedaron grabadas en la cabeza de Purificación Lapeña Garrido, que desde hace años libra una batalla judicial y administrativa para intentar encontrar los restos de su abuelo Manuel Lapeña Altabás, el técnico veterinario de Villarroya de la Sierra (Zaragoza) que fundó la CNT de Calatayud (Zaragoza) y al que fusilaron en el verano de 1936. ¿Serán sus huesos los de alguna de las 33.847 víctimas de la Guerra Civil que fueron trasladados a los osarios de la basílica del Valle de los Caídos a finales de los 50? Eso es lo que deberán determinar las pruebas de ADN.

Hace justo dos años, Purificación consiguió que un juzgado de San Lorenzo de El Escorial (Madrid) reconociera su derecho a poder dar una «digna sepultura» a los restos de su abuelo y de su tío-abuelo Antonio Ramiro Lapeña Altabás, fusilado el 20 de octubre del 36 en la tapia del cementerio municipal de Calatayud. Pero la exhumación nunca llegó a realizarse tras el contencioso-administrativo que interpuso en la Audiencia Nacional la congregación benedictina encargada del culto en el Valle de los Caídos desde 1958. La orden religiosa consiguió paralizar los trabajos preliminares que Patrimonio Nacional había autorizado al Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) al entender que no estaba salvaguardado el derecho de los familiares del resto de los allí enterrados y que podría existir riesgo estructural en los osarios por las operaciones que se iban a ejecutar.

Con la retirada del recurso presentado en la Audiencia Nacional y la firmeza del auto del Juzgado de Primera Instancia 2 de San Lorenzo de El Escorial, no hay aparentemente ninguna traba que impida ya el acceso a la sepultura ubicada en el tercer nivel de la Capilla del Santo Sepulcro, donde teóricamente reposan los restos de los hermanos Lapeña. Sus nombres no se detallan en los tres tomos que forman el libro-registro, si bien 12.424 de los 33.847 que yacen no están identificados.

¿Por qué habrían de estar los de estos republicanos aragoneses en el valle madrileño de Cuelgamuros, a 290 kilómetros de su pueblo? «Se buscaron los restos en Calatayud y no se encontraron ni los de mi abuelo ni los de mi tío-abuelo. Mi abuelo se supone que estaba en una fosa común en un barranco y mi tío junto al cementerio. Si no aparecieron entonces y sabemos que en 1959 trasladaron desde Calatayud nueve cajas con 81 restos al Valle de los Caídos, entendemos que pueden estar ahí. Queremos que se busquen», razona Purificación Lapeña, de 60 años.

La familia aragonesa que logró la primera autorización judicial para exhumar los restos de sus antepasados pide que se retomen las tareas para sacar a sus familiares

El juez que accedió a su pretensión tras la interposición de un procedimiento de perpetua memoria admitió en su auto que existe «alta probabilidad» de que el abuelo paterno de esta aragonesa esté en el mayor camposanto de la Guerra Civil.

«Los indicios determinan que los restos cadavéricos de los familiares de la solicitante se encuentran depositados en el cementerio del Valle de los Caídos, sin que se les haya procurado búsqueda, identificación y digna sepultura. Entiendo que la forma de constatar que los restos cadavéricos de Manuel y Antonio Ramiro se encuentran en dicho cementerio del Valle de los Caídos es por medio de la prueba de ADN, lo cual procede por cuanto es la única forma de poder acreditarlo. Con dicha prueba se garantiza la tutela judicial efectiva del derecho a la digna sepultura de los familiares de la solicitante, sin que, en ultimo término, se produzca entrega de restos no coincidentes con los parientes de la misma en último término», expuso.

Aparcado el pleito judicial, las actuaciones han de retrotraerse ahora al 13 de noviembre de 2017, fecha en que estaba previsto que los técnicos del CSIC del Instituto Eduardo Torroja continuaran con los trabajos preliminares que habían iniciado el 10 de julio de dicho año para acceder al osario en cuestión. Luego serán los forenses los que tendrán que realizar las pruebas -probablemene in situ– para identificar los restos cuya exhumación autorizó el juez José Manuel Delgado Seoane hace dos años.

Patrimonio Nacional dice que, antes de que se retomen los trabajos, el Ministerio de la Presidencia tiene que comunicarle el desistimiento de la orden que custodia la basílica

De momento, Patrimonio Nacional -organismo estatal encargado de la gestión del conjunto monumental- no tiene fecha para que se completen las tareas preliminares. «Primero ha de recibirse formalmente el desistimiento a través del Ministerio de la Presidencia. No somos parte en el procedimiento», aclara a este diario un portavoz de Patrimonio Nacional. Respecto a la financiación, esta fuente recuerda que ya se habilitó en su momento una partida de 21.296 euros para costear los trabajos de los técnicos del Instituto Eduardo Torroja -ejecutados parcialmente- y no creen que el importe vaya a incrementarse mucho más.

Manuel Lapeña Lapeña, hijo de Manuel Lapeña Altabás y padre de Purificación Lapeña Garrido, cumplirá el próximo mes de mayo 94 años. Es el único de los cuatro hermanos que sobrevive. Tenía 12 años y dos meses cuando su padre desapareció el 27 de julio de 1936. El acta de defunción tiene fecha de 14 de agosto de ese año, siendo fusilado en fecha indeterminada en el paraje conocido como barranco de la Bartolina. Sus restos permanecieron con seguridad en una fosa común hasta que previsiblemente fueron trasladados en los primeros días de abril de 1959 hasta el monumento que ordenó construir el dictador Franco el mismo día que se dio por terminada la guerra.

Pesimismo

«Mi padre es muy pesimista al respecto y yo también. No sabemos. Igual ahora es verdad y se puede hacer algo, pero hasta que no lo vea no me creo ya nada. Cabe la posibilidad de que no estén allí los restos, pero al menos queremos que se busquen y, si están, que se saquen. Tener al menos la certeza…», explica Purificación, integrante de la Asociación de Familiares Pro Exhumación de los Republicanos del Valle de los Caídos.

En caso de que se pueda acceder a la sepultura y los forenses certifiquen de forma indubitada que los restos pertenecen a los hermanos Lapeña, la familia tiene claro dónde le gustaría que descansaran definitivamente. Los del abuelo Manuel reposarían en Villarroya, al pie de la Sierra de la Virgen, y los de Antonio Ramiro se entregarían a las nietas de éste que aún viven en Calatayud. Sólo entonces será cuando descansen ellos y sus antepasados.

Comentar ()