Que Oriol Junqueras es un hombre de profundas convicciones religiosas es un hecho ampliamente conocido. Que la religión se ha convertido en uno de sus principales refugios del político republicano desde su ingreso en prisión es un hecho también reconocido por el propio Junqueras. Según ha podido saber El Independiente, el líder de Esquerra ha recibido ya la visita de varios curas y en torno a una decena de religiosos están en lista de espera para visitarle en la prisión de Estremera.

A mediados de febrero la familia de Junqueras denunció las trabas de los responsables de Estremera para que el ex vicepresidente catalán asistiera a los oficios religiosos en la prisión, aunque este extremo fue desmentido por Instituciones Penitenciarias. Cuando abandonó la prisión el pasado noviembre, uno de los puntos de encuentro de los líderes independentistas que mencionó Jordi Turull fueron las misas a las que asistían en prisión.

Junqueras y Omella

Fuentes de Instituciones Penitenciarias han confirmado que el ex vicepresidente de la Generalitat ha recibido numerosas visitas desde su ingreso en prisión y varias de ellas habrían sido de religiosos catalanes, según apuntan las fuentes consultadas. De hecho, el propio líder de Esquerra ha esgrimido sus convicciones religiosas ante el juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena para defender su pacifismo, negar las acusaciones de incitación a la violencia y reclamar su puesta en libertad. Unas apelaciones que de momento no han hecho mella en Llarena.

La Iglesia Católica ha jugado en los últimos meses un papel más relevante del que algunos de sus responsables habrían deseado, más allá de los intentos de mediación protagonizados por el cardenal de Barcelona, Juan José Omella, durante los pasados meses de septiembre y octubre, a instancias precisamente de Junqueras.

El último en meter baza en la crisis política catalana ha sido precisamente el antecesor de Omella, Lluís Martínez Sistach, quien el pasado lunes lamentaba los «dolorosos encarcelamientos preventivos» que alejan el diálogo político. Una postura difícilmente conciliable con las apelaciones de la Conferencia Episcopal, que el pasado octubre advertía de que tanto las autoridades de las administraciones públicas como los partidos políticos y otras organizaciones, así como los ciudadanos, eviten decisiones y actuaciones irreversibles y de graves consecuencias, que los sitúe al margen de la práctica democrática amparada por las legítimas leyes que garantizan nuestra convivencia».

Una petición de respeto al marco institucional que ha desaparecido de las declaraciones posteriores de la Iglesia catalana. Los diez obispos catalanes emitieron un comunicado en el que se solidarizaban con los políticos presos y hacían una apelación al diálogo. «No podemos ignorar ni menospreciar que en relación a Cataluña existe un problema político de primer orden que obliga a buscar una solución justa a la situación creada que sea mínimamente aceptable para todos, con un gran esfuerzo de diálogo» señalaba el texto.

Los obispos destacaron además su «preocupación» por «la prisión preventiva de algunos antiguos miembros del gobierno y de algunos dirigentes de organizaciones sociales» y defendieron «la legitimidad moral de las diversas opciones sobre la estructura política de Cataluña que se basen en el respeto de la dignidad inalienable de las personas y de los pueblos y sean defendidas de forma pacífica y democrática». Un texto que levantó ampollas, aunque queda lejos de los pronunciamientos que los dirigentes más significados de la Iglesia catalana han hecho en defensa del «derecho a decidir».

Soler y Nonell, arietes del independentismo

Los casos más destacados han sido los del abad de Montserrat, Josep Maria Soler, y el obispo de Solsona, Xavier Nonell -ambos han protagonizado visitas a los Jordis en Soto del Real-. Soler ya aseguró en 2017 que el Vaticano reconocería la independencia de Cataluña y en las últimas semanas ha denunciado la «inquietud» que genera la prisión preventiva de los líderes independentistas. Aunque la intervención más sonada de la Abadía de Montserrat la ha protagonizado recientemente la homilía de Sergi de Assís, quien denunció la existencia de «represión» en Cataluña y la vulneración de derechos fundamentales.

Nonell, por su parte, ha roto abiertamente la neutralidad política de la Iglesia pidiendo el voto para JxSí en 2015, y el pasado otoño defendió el referéndum ilegal, en el que se fotografió participando. Sus intervenciones políticas se han convertido en un auténtico dolor de cabeza para Omella, que intenta contemporizar entre una iglesia marcadamente nacionalista en la base y la necesidad de neutralidad «para ser útil» como destacan sus colaboradores.

El obispo de Solsona y el abad de Montserrat formaban parte de la terna de religiosos que el ex conseller de Interior, Joaquim Forn, incluyó en su petición de visitas a la dirección de Estremera, junto al obispo de Tarragona, Jaume Pujol. Forn exponente de la antigua Convergencia, también ha reforzado su compromiso con el catolicismo desde su ingreso en prisión, pese a que no había hecho bandera de su condición de católico hasta ahora.