La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, reunió a los suyos la noche del viernes en una «cena-cocktail», -según rezaba la invitación- para asegurarles que «no pensaba tirar la toalla», según fuentes que acudieron a la cita. Lejos de esconderse, Cifuentes estuvo más de dos horas departiendo con sus compañeros de partido ante los que reiteró sus explicaciones de que cursó el máster de la Universidad Rey Juan Carlos.

A ninguno de los asistentes, entre los que se encontraba el presidente del Senado, Pío García Escudero; el portavoz del PP en el Ayuntamiento, José Luis Almeida; la presidenta e la Asamblea de Madrid, Paloma Adrados, y el alcalde de Boadilla y diputado nacional Antonio González Terol, les quedó la más mínima duda de que «su estrategia es resistir» y que Ciudadanos lo tiene muy difícil para presionar al PP, puesto que a un año de las elecciones locales y autonómicas «no va a querer dar el gobierno de la Comunidad a la izquierda porque es suicida para ellos», argumentan fuentes populares de Madrid.

El PP regional descarta que Ciudadanos fuerce una salida a la murciana: «Madrid no es Murcia»

De hecho, Cifuentes basa parte de su fortaleza en la encrucijada en la que coloca a la formación de Albert Rivera, descartando incluso un modelo a la murciana que sí teme el conjunto del partido, esto es, que pidan su cabeza a cambio de mantener el apoyo al PP para que siga presidiendo la comunidad tal y como hicieron con Pedro Antonio Sánchez. «Con todos mis respetos, Madrid no es Murcia y Pedro Antonio Sánchez no es Cristina Cifuentes», agrega un alto dirigente regional para defender lo que entiende como enormes diferencias entre un caso y otro.

No faltan por tanto en el PP madrileño los que son partidarios de llevar a Ciudadanos hasta el extremo de aceptar a Cifuentes o apoyar una moción de censura con PSOE y Podemos, que ya se ha registrado ante la mesa de la cámara autonómica y que deberá debatirse y votarse en no mucho tiempo.

Durante el almuerzo con los suyos fue despedida a gritos de «presidenta, presidenta»

Quizá lo que más sorprende a todos de la actitud de Cifuentes es «su absoluta tranquilidad y firmeza». Durante la cena-cocktail en un céntrico hotel de Sevilla al que se convocó a la delegación madrileña vía whasapp repartió besos y abrazos, recibió apoyos y hasta fue coreada con un «presidenta, presidenta» que contrasta con el estado de consternación en que se encontraban el resto de los asistentes a esta convención nacional del PP. Claro, que también los murcianos vitoreaban a Pedro Antonio Sánchez hasta que hubo que ofrecer su cabeza para mantener el gobierno regional.

Fue la misma tranquilidad que percibieron los que este sábado compartieron con ella un almuerzo frugal en compañía de Mariano Rajoy. El presidente del Gobierno y líder del PP convocó a sus presidentes autonómicos y cúpula del partido a una comida que, al final, resultó ser muy rápida. Apenas dio para un saludo a Rajoy aunque éste «se mostró muy cariñoso con ella», explica a El Independiente uno de los asistentes. Luego ya, sentados, Rajoy estuvo flanqueado por el anfitrión de la cita, el presidente del PP de Andalucía, Juan Manuel Moreno, y por el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo.

Por la tarde, Cifuentes participó en una mesa de «diálogos populares» donde glosó la labor en la Comunidad de Madrid, incluso la ejecutoria de la anterior administración popular de Esperanza Aguirre e Ignacio González sacando pecho con los 200 kilómetros de metro construidos. A su entrada a este acto fue recibida entre fuertes aplausos, incluso con gente puesta en pie, aunque aquello se convirtió en una especie de «aplausómetro» donde «compitió» con el presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, ya de retirada, y hasta con el líder de los populares extremeños, José Manuel Monago.

«Hay comportamientos que nos avergüenzan», dice la presidenta regional

Ahí confesó la madrileña que «trabajamos para servir a los ciudadanos, no para servirnos de ellos» y que «especialmente en estos últimos días» está viviendo «momentos personales muy duros, pero que me están dando firmeza para seguir cumpliendo con mi trabajo y mi deber».

Ha apelado al «orgullo» de sus treinta años de militancia en el PP -de cuando se llamaba Alianza Popular- «porque a pesar de los comportamientos aislados que nos avergüenzan, es un partido formado por miles de personas honradas que trabajan con vocación de servicio público porque nos los creemos». Y un último aviso: «No sólo vamos a seguir trabajando por Madrid, que también sino sobre todo por España».

Rajoy pondrá este domingo el colofón a una cita malograda por el debate en torno al máster de Cifuentes y ensombrecida por la decisión de la Justicia alemana de no admitir la extradición de Carles Puigdemont por rebelión, cuestión ésta última de la que hablará en su intervención de clausura.