«Cataluña tendrá gobierno antes de Sant Jordi». Esta promesa se repetía como un mantra en ámbitos independentistas desde la última investidura fallida, la de Jordi Turull, que dio pie a una convulsa semana marcada por su ingreso en prisión junto a otros cuatro ex consellers y la detención de Carles Puigdemont en Alemania. El independentismo parecía haberse plegado a la necesidad, esgrimida desde hace tiempo por sus sectores más moderados, de formar gobierno y recuperar las riendas de la administración autonómica, sacándose de encima el 155.

La candidatura de Jordi Sánchez se explica, en este contexto, como un nuevo intento de poner al juez Pablo Llarena contra las cuerdas, convencidos de que no atenderá a la petición de Roger Torrent, presidente del Parlament, pero seguros también de que su negativa alimentará futuros recursos ante la justicia internacional. De hecho, si Llarena accediera a las pretensiones del independentismo y permitiera a Sánchez someterse al debate de investidura pondría en un brete a JxCat y ERC, que no cuentan con mayoría suficiente para investirlo, ni siquiera en segunda vuelta. Necesitarían el apoyo de la CUP, que ya ha dicho que no, o los votos de Carles Puigdemont y Antoni Comín, que no pueden delegarlo ni piensan ceder su acta.

Superado pues el trámite de Sánchez, la formación de gobierno sitúa de nuevo a junteros, republicanos y ex convergentes ante el abismo que les separa de un acuerdo sobre el «candidato viable» que reclama tanto el Gobierno como la oposición catalana. Y mientras JxCat, ERC y el PDCat siguen sin encontrar el candidato «viable» que satisfaga a los tres grupos, el sector más radical, también el más cercano a Puigdemont, vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de mantener la confrontación con el Estado hasta la convocatoria de nuevas elecciones.

Si Llarena no permite la investidura de Sánchez, habrá que abrir una reflexión profunda sobre el automatismo de ir proponiendo candidatos» advierte Costa

Así lo insinuó ayer el vicepresidente del Parlament, Josep Costa, una de las voces que en los últimos tiempos más escucha Carles Puigdemont. Costa señaló en declaraciones a La Xarxa que, si Llarena no permite la investidura de Sánchez se suspenderá el pleno convocado el viernes y será necesario «abrir una reflexión más profunda, que el automatismo de proponer otro candidato si no nos dejan investir a este».

En ese caso, ha añadido «tocará hacer una reflexión sobre las circunstancias que vive Cataluña y el Parlament, si ha servido de algo votar y si se respetan los resultados de las elecciones». Una reflexión que podría llevar a la repetición de elecciones porque, según el vicepresidente de la Cámara, «quién nos dice que no mandarán a prisión a todos los candidatos que propongamos».

La decisión de la justicia alemana en favor de Puigdemont y la atención de NN.UU. -exagerado por el independentismo hasta el límite para satisfacer sus objetivos- han dado alas a quienes defienden que la única salida para el independentismo es mantener la confrontación para alimentar el eco del proceso catalán en Europa, convirtiendo Cataluña en una suerte de «Vietnam» para el Gobierno de Mariano Rajoy, que vaya desgastando la credibilidad del gobierno y la justicia españoles. Y esa tesis conduce a insistir con las candidaturas de Jordi Sánchez y Carles Puigdemont hasta agotar el plazo para la repetición de elecciones, fijado para el 22 de mayo.

Baile de candidatos

Paralelamente, sigue el baile de posibles candidatos al que cada semana se suman nombres. El último, el de la alcaldesa de Girona, Marta Madrenas, que ha empezado a sonar con tanta insistencia en los últimos días que ayer se vio en la obligación de auto descartarse para mantener la imagen de que el independentismo cree en una excarcelación de Jordi Sánchez. Madrenas se suma a Elsa Artadi, la favorita del entorno de Puigdemont, y Marc Solsona, el preferido del PDCat. Y a seniors propuestos con muchas menos opciones como Ernest Maragall, de ERC, o Ferran Mascarell, próximo a Artur Mas. Paradójicamente, dos pesos pesados del PSC de Pasqual Maragall.