La historia se repite una y otra vez como tragedia en Siria, cuya población sufre siete años de una guerra que parece interminable. Empezó como un levantamiento popular contra el dictador Bashar Assad, en marzo de 2011, derivó en un enfrentamiento atomizado con actores regionales y globales, y ahora es en Siria donde juegan a la guerra EEUU y Rusia, valedor de Assad, con sus respectivos aliados. Junto a EEUU, en primera fila están Reino Unido y Francia frente al régimen de Assad, Rusia e Irán.

Las diversas facciones rebeldes, los kurdos, y los vestigios de grupos afines a Al Qaeda y al califato aparecen como actores ya de tercera o cuarta fila. Invisible queda la población que sufre una sangría sin fin.

Turquía, aliada de EEUU en la OTAN y enemiga de Assad, ahora se mueve entre dos aguas y su presidente, Recep Tayyip Erdogan, se presenta como mediador entre Donald Trump y Vladimir Putin. Una labor titánica que por ahora no ha dado sus frutos.

Israel está al acecho por el gran poder que ha adquirido en su frontera Irán, así como su milicia aliada Hizbulá. Siente la creciente amenaza y, de hecho, sin responsabilizarse por ello, al día siguiente del ataque químico bombardeó el aeropuerto militar T4, entre Homs y Palmira, donde hubo 14 muertos, entre ellos varios iraníes. Precisamente el choque entre Israel e Irán parecía el más probable antes de que creciera la tensión entre EEUU y Rusia.

Arabia Saudí tiene el mismo enemigo que Tel Aviv, y es aliada de EEUU. Alemania e Italia se ponen en segundo plano y la canciller Merkel intenta aplacar los ánimos intervencionistas de Macron. Un complicado rompecabezas que puede saltar por los aires en cualquier momento.

En Siria se enfrentan las dos mayores potencias militares, EEUU y Rusia, y dos enemigos irreconciliables, Irán e Israel”, dice Itani

Ese complejo Risk se dibujaría así, según describe Faysal Itani, experto de Atlantic Council, en The Atlantic: “Es una guerra interminable en la que se enfrentan las dos mayores potencias globales, EEUU y Rusia; y dos enemigos regionales irreconciliables, Irán e Israel. Nunca ha sido un conflicto internacional de estas dimensiones. Ahora sí lo es. Siria es donde se enfrentan potencias globales y regionales con posturas que están en las antípodas. Y muchos tienen frontera con Siria”.

Casi 400.000 muertos, unos 100.000 desaparecidos, cinco millones de refugiados en el exterior y otros cinco millones de desplazados, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, en un territorio que ha sido escenario de innumerables masacres y crímenes contra la humanidad. El último, el bombardeo con gas cloro en Duma, localidad en Guta oriental, en el que murieron más de 45 personas y unas 500 resultaron heridas. EEUU primero y también Francia y Reino Unido habían confirmado previamente que el uso de armas químicas era una línea roja y atribuyeron al régimen de Damasco la autoría del ataque. No sería la primera vez. Hasta 85 contabiliza Human Rights Watch.

Víctimas del supuesto ataque químico en Duma, Guta oriental.

Víctimas del ataque químico atribuido al régimen en Duma, Guta oriental. EFE

“El Mecanismo de Investigación Conjunto de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) y de la ONU, cuyo mandato finalizó en noviembre de 2017 por el veto ruso, concluyó que al menos en tres ocasiones el gobierno sirio fue el responsable del lanzamiento de bombas en barril cargadas con botellas de cloro desde helicópteros en la zona de Idlib. También le atribuye el ataque con gas sarín desde una aeronave en Jain Sheijun, el 4 de abril de 2017… Siria se adhirió a la Convención de Armas Químicas a finales de 2013, de modo que no habría declarado la totalidad de su capacidad química o ha producido nuevos stocks”, señala el teniente coronel René Pita, jefe del departamento de Defensa Química en la Escuela Militar de Defensa NBQ.

Aclara que la OPAQ podrá en el caso de Duma tomar muestras medioambientales y biomédicas para determinar lo ocurrido, como hará a partir del sábado, lo que tardaría un par de semanas, pero se necesita un mecanismo establecido por la ONU o similar para establecer la autoría. Rusia ha vetado una resolución en este sentido esta semana.

“Quien más capacidad tiene y stock es el régimen con ayuda del exterior. Haría falta una investigación independiente que busque pruebas. En Siria se han utilizado armas químicas, artillería pesada, barriles bomba, de todo, sin limitaciones morales. Un castigo puntual para aparentar no sale gratis. Si no hay estrategia detrás, no sirve para nada”, señala Haizam Amirah Fernández, investigador principal del Real Instituto Elcano.

Damasco y su aliado, el Kremlin, negaron primero el ataque químico, luego la autoría y Moscú fue este viernes más allá. El ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, ha apuntado a que se trata de un “montaje” de los británicos, con quienes mantiene Rusia el contencioso por el caso del envenenamiento del agente Skripal con un agente químico, con el fin de promover una  intervención contra Rusia en Siria. EEUU aseguró que había pruebas fehacientes de que Assad lo había ordenado. Para los sirios la historia se repite como drama pero muchos de los actores implicados recurren a la farsa sin mesura alguna, mientras sigue corriendo la sangre.

La ONU se ha reunido esta semana varias veces, la última el viernes de urgencia para evitar “la escalada” y a propuesta de Rusia, que ha alegado “riesgo para la paz internacional”. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, sentenció: “La guerra fría ha vuelto con fuerza”.

El secretario de Defensa, James Mattis, ha reconocido el riesgo de que la situación quede “fuera de control”. El tuitero en jefe, Donald Trump, amaneció el miércoles amenazando a Rusia con sus “misiles bonitos, nuevos e inteligentes”. Luego lamentó que las relaciones entre EEUU y Rusia “vivan el peor momento desde la Guerra Fria”, y terminó culpando al fiscal especial de la trama rusa, Robert Mueller, a Obama y a los demócratas de la tensión con Moscú.

Lo cierto es que Trump ha tenido una semana muy movida en Washington, y una cortina de humo en Siria le ayudaría, pero los riesgos son elevadísimos. El FBI registró la oficina y el domicilio de su abogado personal, Michael Cohen, en busca de datos sobre sus relaciones con dos mujeres, una de ellas la actriz porno Stormy Daniels. Y el viernes han comenzado a conocerse fragmentos del libro del ex director del FBI James Comey, quien le acusa de carecer de ética y de comportarse como “un jefe de la mafia”. Trump le llamó “gusano mentiroso” y considera un honor haberle despedido.

De zigzag en zigzag también va en Siria como cuando anunció a finales de marzo que las tropas estadounidenses saldrían en breve del país porque el objetivo de acabar con los terroristas del autodenominado Estado Islámico se había cumplido. Hubo de matizar en 24 horas y presentarlo como propósito, más que como un hecho.

Trump, que siempre se ha burlado de la falta de acción de su antecesor, Barack Obama en Siria, ya ordenó un bombardeo de la base aérea de Shairat con 59 misiles Tomahawk en represalia por el ataque químico del 4 de abril de 2017 en Jain Sheijun, en Idlib. Entonces murieron 80 personas. Poco después de esa represalia, la base siria volvía a estar operativa.

Yo no entraría en conflicto en Siria, y si lo hiciese, sería por sorpresa”, decía Trump a Obama en 2013

El más grave sucedió el 21 de agosto de 2013 en Guta también. Fallecieron 1.300 personas y Obama amenazó con actuar pero finalmente no lo hizo. “Yo no entraría en el conflicto sirio y si lo hiciese, sería por sorpresa, y no soltándolo en todos los medios”, dijo entonces Trump.  Justo lo contrario de lo que ha hecho esta semana.

Desde 2013 la situación ha cambiado mucho. EEUU y Rusia han luchado juntos contra el Daesh (o Estado Islámico). Hoy en día del califato apenas quedan focos. Sin embargo, la influencia y el poder de Rusia e Irán, junto con Turquía, son mucho mayores. El régimen de Assad controla casi todas las grandes ciudades, y acaba de reconquistar Duma. El principal bastión opositor sigue en Idlib. En la última cumbre en Astaná, sobre el futuro de Siria, eran Rusia, Irán y Turquía los actores que hablaban sobre el futuro de Siria, mientras las negociaciones amparadas por la ONU están encalladas.

Rusia gana peso

Rusia, que en otras ocasiones ha dejado a EEUU llevar a cabo ataques puntuales, o ha callado cuando han caído soldados rusos y los ha descrito como mercenarios independientes, ha anunciado que va a responder. Da por hecho su dominio en Siria, que ha servido junto a Irán para que Assad se erija como vencedor de una guerra que nadie parece querer poner fin.

En marzo el jefe del Estado Mayor ruso, Valeri Guerasimov, dijo que “en caso de amenaza a militares rusos en Siria” se abriría fuego contra los misiles y sus portadores, es decir, los destructores o aviones de donde procedan.

Moscú tiene armamento para hacerlo, el sofisticado sistema antimisiles S-400, que aún no ha probado, pero tiene suficiente alcance para interceptar Tomahawks de EEUU, y el Pantsir. En su base aérea de Hmeymim se han emplazado aviones de la fuerza aérea siria para protegerse. A su vez, cuenta con la base naval de Tartús. Cualquier ataque en estos emplazamientos sería “catastrófico”, en palabras del Ministerio ruso de Defensa.

“Moscú tiene altas aspiraciones. No sólo conservar la base de Tartús, sino también contar con Ankara como socio estratégico en su esquema de exportaciones energéticas hacia Europa y también como cliente (sistema antimisiles, por ejemplo, o centrales nucleares). De igual modo este interesado cortejo le sirve para debilitar a una OTAN cada vez más activa en el intento por frenar la asertividad rusas”, escribe en un artículo titulado Triple alianza a favor de Assad, Jesús A. Núñez Villaverde, director del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria.

Turquía se ha escorado hacia Rusia una vez que vio que EEUU en su combate contra las fuerzas del Daesh se había aliado con las milicias kurdas hasta el punto de que los que consideraba Ankara enemigos declarados habían adquirido demasiado poder. Gracias a esa alianza de kurdos y árabes, junto a estadounidenses se recuperaron bastiones como Kobane. Para el líder turco esa fuerza de los guerrilleros kurdos es tan peligrosa como el enemigo común, Bashar Assad.

La Armada rusa cuenta con 15 buques de guerra en el Mediterráneo, entre ellos fragatas con misiles de crucero y submarinos. Su aviación vigila día y noche el destructor USS Donald Cook, capaz de lanzar misiles de crucero Tomahawk.

Se ha dejado deteriorar tanto la situación, que ahora mismo el precio de buscar una salida es cada vez más alto”, dice Amirah Fernández

Los primeros objetivos han sido bases donde se supone que se almacenan armas químicas o se investiga sobre ellas, como anunció el presidente francés, Emmanuel Macron. Pero, como afirma Haizam Amirah Fernández, “se ha dejado deteriorar tanto la situación y se ha obrado de forma tan cortoplacista que ahora mismo el coste de buscar una salida es cada vez más alto y aumenta el riesgo de accidentes. Sobrevuelan el cielo de Siria muchos aviones de multitud de países y puede haber bajas no esperadas”.

Dadas estas circunstancias, resulta necesaria una estrategia para acabar con la impunidad, porque sin un plan, seguirá el sufrimiento. Laila M. Rey es periodista de origen sirio y observa desde muy joven este fracaso de la comunidad internacional. “Cualquier intento de frenar las atrocidades que está cometiendo Bashar Assad llega tarde y mal. No se puede vencer un cáncer cuando está totalmente extendido por el organismo… En Siria la población muere cada día por armamento convencional pero solo salta a los telediarios cuando se detecta el uso de armas químicas. La comunidad internacional ha perdido su credibilidad moral desde hace mucho tiempo en Siria”.

Según Laila M. Rey, “la única vía sostenible sería la garantía de retorno seguro de la oposición que vive en el exilio, el inicio de una transición democrática, la liberación de los presos políticos y llevar a la Corte Internacional a los criminales de guerra, tanto del régimen como de grupos yihadistas que aprovecharon el desconcierto y el caos de las zonas liberadas para imponer visiones wahabistas a una población vulnerable y abandonada a su suerte. Cualquier otra solución impuesta desde fuera sólo será un espejismo que prolongará la agonía”.