El nombre en clave era Operación FOOT y marcó un punto de inflexión en la Guerra Fría. El entonces primer ministro británico Edward Heath expulsó en 1971 a 105 espías de la KGB, tras comprobar cómo habían llegado a amenazar los intereses británicos. El MI5 brindó por el golpe, que el propio Oleg Kalugin, de la KGB, reconoció años más tarde que había dañado seriamente a la red soviética de espionaje. Hoy la Operación, de carácter internacional, podría llamarse Skripal, en honor al ex espía ruso que aún yace en estado crítico tras ser envenenado el pasado 4 de marzo con un gas nervioso llamado novichok.

Este ataque con arma química, del que también fue víctima la hija de Skripal, Yulia, en Salisbury, es el primero en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial. La joven está ahora fuera de peligro. Un policía británico también resultó afectado por este gas nervioso de una potencia diez veces mayor que el VX, y cientos de personas estuvieron expuestas a su acción. Al parecer, la mayor concentración se ha encontrado en la puerta del domicilio del ex agente.

La primera ministra británica, Theresa May, atribuyó a Rusia la autoría por tratarse de un agente solo manejado a nivel militar y de fabricación rusa. Moscú niega su implicación y ha llegado a acusar a Ucrania, e incluso a los propios británicos. La Organización para la Prohibición de las Armas Químicas investiga los hechos.

El Reino Unido, inmerso en pleno Brexit, anunció la expulsión de 23 diplomáticos rusos como primera medida, aunque el embajador sigue en su puesto. Logró primero el apoyo verbal del presidente Trump, el francés Macron y la canciller Merkel, que también apuntaron al Kremlin. Esta semana Estados Unidos, Canadá, Ucrania, Australia, y una veintena de Estados de la UE, entre ellos España, han seguido los pasos de Londres: en total, unos 150 diplomáticos, en su mayoría espías, rusos han de volver a su país. Nueva Zelanda dijo querer unirse a esta acción pero no encontró ningún espía ruso en su territorio.

Destaca EEUU con 60 agentes (12 de ellos destinados en Naciones Unidas), Ucrania (13) y cuatro diplomáticos en el caso de Francia o Alemania. España envía a Rusia a dos funcionarios rusos. También la OTAN reduce en un tercio la representación rusa ante el organismo militar.

El Kremlin ha prometido reciprocidad. Antes ya lo hizo con el Reino Unido, aunque en el caso británico ha suspendido las actividades del British Council y el sábado anunció que tendrían que salir de Rusia otros 50 trabajadores británicos para equiparar el número de representantes en cada país.

En el resto de los casos, aplican ojo por ojo, diente por diente. Sesenta rusos en EEUU, 60 estadounidenses en Rusia; así sucesivamente, así que dos españoles tendrán que dejar la capital moscovita. Con sarcasmo, incluso preguntó por Twitter qué consulado estadounidense debería cerrar, tras la anunciada clausura del consulado ruso en Seattle. Ganó San Petersburgo.

Si bien, como afirma Roman Borisovich, activista anticorrupción en The Atlantic, “las expulsiones son algo anacrónico, que tenían sentido en 1971, pero no tanto en la era de Facebook”, su valor es altamente simbólico. De hecho así lo ha reconocido Moscú, que lo califica “un gesto provocador de solidaridad con Londres”.

Desde Bruselas, la eurodiputada Beatriz Becerra, del grupo ALDE, señala que “se trata de una respuesta contundente y clara a la actitud rusa, no sólo por el gravísimo intento de asesinato, sino por esa sostenida actitud hostil de Moscú hacia Europa”. Añade Becerra que la UE ha de ir más allá, “y reforzar tanto su política exterior como de defensa común, a lo que España ha demostrado que está dispuesta al promover que se avance hacia la Unión para la Seguridad y la Defensa”.

A Rusia le gusta tratar los contenciosos con los países de forma individual y esta alianza con el Reino Unido, que ha visto cómo la mayor parte de la UE entendía la dimensión de la amenaza rusa, ha descolocado al Kremlin. Lo único con lo que puede quedarse es con los disidentes y cierta división en algunos países, como en Italia, donde la Liga protesta por la expulsión de diplomáticos. Austria esgrime su neutralidad para desvincularse de la medida, y Grecia y Portugal se solidarizan solo de palabra. Sin embargo, la Hungría de Viktor Orban sí que envía a su casa a un agente ruso.

Mientras tanto, Moscú asegura que “no quiere guerras diplomáticas” y que todo obedece a maniobra británica para declarar a Rusia “enemigo de los pueblos del mundo”, según la portavoz de Exteriores, María Zajarova.

Putin aprovecha nuestra división, el hecho de que no seamos un auténtico Estado para debilitarnos”, dice Beatriz Becerra

“Putin aprovecha  nuestra división, el hecho de que no seamos un auténtico Estado, para debilitarnos. Es el juego político más viejo de la historia”, señala Becerra.

Sorprendente por su contundencia ha sido la reacción de EEUU. Apenas unos días después de que el presidente Trump felicitara a Vladimir Putin por su reelección y especulara sobre la  posibilidad de una cumbre, EEUU lideró la lista de expulsiones de agentes rusos: 60. Hay que remontarse a la época de Ronald Reagan, en 1986 para alcanzar un número similar.

En términos numéricos Rusia conservará su fuerza diplomática y de espionaje en el mundo: tiene 242 puestos en el mundo, de ellos 143 embajadas, 87 consulados y 12 misiones diplomáticas. Está presente en 145 países. Es el cuarto país con mayor representación en el mundo, después de EEUU, China y Francia, según el índice Diplomático Global del Lowy Institute.

“Trump parece que así responde a las críticas domésticas (el senador McCain le abroncó por felicitar a Putin al que tildó de dictador) e internacionales por su cercanía a Putin y Rusia, al reconocer de hecho que supone un peligro. A su vez, ese mensaje de dureza puede ser una cortina de humo para ocultar sus trapos sucios con el Kremlin”, señala Robert Matthews, analista experto en política internacional.  Resulta curioso el mutismo tuitero de Trump sobre la crisis de los espías y sobre el caso Skripal.

A la industria del armamento en Estados Unidos le entusiasma un regreso a la tensión con Rusia”, señala Aguirre

Para Mariano Aguirre, autor de Salto al vacío, Crisis y declive de EEUU, “en EEUU hay un sector político fuertemente anti-ruso con diferentes facciones desde los neoconservadores, hasta los melancólicos de la Guerra Fría, pasando por los  liberales a los que les preocupa la deriva antidemocrática que encarnan los presidentes de Rusia, Turquía, China, Egipto y Filipinas. A la vez a la industria del armamento le entusiasma un regreso de la tensión con Rusia. La presión de estos sectores, y la investigación del fiscal Mueller, han obligado a Trump a tomar represalias diplomáticas, en contra de su voluntad de hacer negocios”.

Skripral sin saberlo va a hacer historia. Nunca antes, ni siquiera cuando se demostró quienes envenenaron a Litvinenko o se probó el derribo del MH17 en Ucrania, tantos países habían pasado a la acción. Como afirma Luke Harding, experto en espionaje ruso en The Guardian, es aún un misterio si este antiguo coronel de la inteligencia militar era el objetivo real, o bien es un aviso al Reino Unido, o a quienes colaboren en investigaciones como la que lleva a cabo el fiscal especial Mueller en EEUU.

Skripal, que se benefició de un intercambio de espías en 2010 en el que participó la conocida agente encubierta Anna Chapman, es posible que siguiera en contacto con la inteligencia británica. Su hija Yulia ha mejorado y el gobierno ruso pide hablar con ella por ser ciudadana de ese país. Londres se niega en rotundo.

El presidente ruso, Vladimir Putin, ha negado categóricamente la relación del Kremlin con este ataque en suelo británico, que tuvo lugar justo en plena campaña electoral para su reelección. Al final, uno de sus portavoces dijo que había favorecido al líder ruso ser objeto de la inquina internacional. Para Rusia todo es fruto de la rusofobia imperante.

Hay una razón por la que Putin actúa y es porque Occidente no castiga sus actos”, afirma Janda

Según Jakub Janda, director ejecutivo del think-tank European Values, de Praga, “Putin no teme usar armas cada vez más agresivas, intervenir en procesos electorales o comprar a figuras públicas. Hay una razón por la que lo hace y es porque Occidente no castiga estos actos. La historia demuestra que el apaciguamiento no funciona con los abusadores… Rusia no va a parar por estas expulsiones, que son una buena muestra de unidad pero insuficiente”.

Janda propone cinco medidas para “ganar la Guerra Fría 2.0” frente a Putin. Serían las siguientes, según el experto: investigaciones parlamentarias en cada país sobre las actividades extranjeras hostiles; seguir la pista del dinero negro de los oligarcas vinculados al Kremlin; reducir la dependencia energética de Rusia (por ejemplo, el gasoducto Nord Stream 2 en Alemania les favorece); contraprogramar las campañas de desinformación y adoptar versiones de la Magnitsky Act, para sancionar a quienes violen los derechos humanos.

Esta crisis de los espías será una anécdota si no es el preludio de un cambio de estrategia, un plan que ha de coordinarse entre los aliados. Enfrente está el espía-en –jefe, Vladimir Putin, quien, a juicio de Nina Khrushcheva, nieta del ex líder soviético, es un maestro “en la guerra fría de los esteroides”, según afirma en The New Yorker. “Putin es un judoka y para él esto es un juego. ¿A quién hay que dar ahora? No se echa atrás. Ve un hueco y golpea. Da diez veces cuando recibe una. Es brillante su táctica, pero luego es mezquino. Así lleva 18 años en el poder”.