«Sera un Sant Jordi raro, pero ha habido tantas fechas raras ya» se lamentaba hace unos días un diputado catalán. Hasta la fallida segunda investidura de Jordi Sánchez, los independentistas aseguraban ante los más escépticos que «antes de Sant Jordi tendremos gobierno». Pero esa ilusión se desvaneció tras la respuesta de la justicia alemana a la petición de extradición de Carles Puigdemont y el cielo abierto que JxCat quiso ver en la demanda ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU. Llega Sant Jordi sin inquilino en el Palau de la Generalitat.

Sin Govern, el protagonismo político se lo llevará este año Sociedad Civil Catalana, que entrega su premio Seny al presidente del Parlamento Europeo, Antoni Tajani, y al ex primer ministro francés y quizás candidato de C’s a la alcaldía de Barcelona, Manuel Valls. Todo ello con la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, como anfitriona.

Los vicepresidentes Santamaría y Junqueras fueron la pareja del Sant Jordi de 2017, Santamaría repite este año de la mano de Tajani y Valls

Hace apenas un año, Sant Jordi ya fue motivo de enfrentamiento por la presencia de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, en el acto organizado por el Gremio de Editores para promocionar la fiesta como Patrimonio Universal por la Unesco.

Las disensiones se produjeron en dos sentidos: entre los editores, porque algunos rechazaron compartir velada con la vicepresidenta, obviando que sólo el Gobierno puede defender la candidatura ante la Unesco; y entre el Govern, puesto que al anunciarse al presencia de Santamaría Oriol Junqueras corrió a sumarse al acto, robándole el plano a Santi Vila, entonces conseller de Cultura.

Eran los tiempos de la «Operación Cataluña» con la que los dos vicepresidentes debían evitar el choque de trenes que finalmente se produjo el 1 de octubre. Ahora Junqueras cumple prisión preventiva en Estremera y la vicepresidenta ha perdido parte de sus galones por su fracaso en Cataluña.

Omella evita la bendición de rosas presidida por Millo

La Diada del libro y la rosa, la fiesta más popular y transversal del calendario catalán, llega sin Govern pero teñida de política. Por primera vez desde la Guerra Civil el Palau de la Generalitat dejará de acoger la misa en la capilla homónima y la bendición de rosas de entidades sociales en el acceso desde el Carrer del Bisbe, que sólo se abre para esta ocasión. No hay president, y sin anfitrión en cardenal Juan José Omella ha preferido no cargar las tintas con una recepción presidida por el delegado del Gobierno, Enric Millo.

Sin Govern en el Palau, los líderes políticos catalanes se volcarán con mayor ímpetu que nunca en las paradas callejeras de sus partidos. Las palabras de Carles Puigdemont, asegurando el domingo que su escenario no es la repetición de elecciones, no han tranquilizado a nadie. Para todos serían una mala noticia -excepto quizá para el grupo de fieles seguidores del president, empeñados en llevar el legitimismo hasta las últimas consecuencias- pero nadie descarta los comicios el 15 de julio.

Por eso este Sant Jordi sería día de mensajes políticos, unos reivindicando la «liberación de los presos» y otros reclamando el retorno a la normalidad institucional con un gobierno que gobierne y deje atrás las quimeras.

Rosas amarillas para Òmnium

Cita obligada de los partidos independentistas será la iniciativa de Òmnium Cultural, que promueve una campaña de compra de rosas amarillas «en solidaridad con los presos». El punto culminante será el «Gran Mural de Rosas por la Libertad» organizado por esta entidad en la Plaza Cataluña, para lo que la alcaldía ya ha desalojado diligentemente a los sintecho que ocupaban el espacio desde hace semanas.

De hecho, la proyección de los mayoristas es que los ejemplares de color amarillo representen el 10 % del total de rosas vendidas,  muy por encima de lo que es habitual, por lo que se ha tenido que recurrir a ejemplares procedentes de Colombia, Ecuador y Holanda.

El procés estará igualmente presente en las paradas de libros, con algunos protagonistas destacados: «la conjura de los irresponsables» de Jordi Amat, apunta como una de los éxitos de la jornada en el terreno del ensayo político. Junto a «Como ganamos el proceso y perdimos la república» del ex jefe de comunicación de Artur Mas, Josep Martí Blanch.

Será un Sant Jordi sin Govern, pero con mucha política.