No podemos dejar a un lado el mensaje ofensivo, manipulador, falso y plenamente demagógico que expelió  ayer tarde el fugado de la Justicia Carles Puigdemont, antes de anunciar el nombre del muñeco de trapo que pretende sentar, “provisionalmente” ha dicho, al frente de la Generalitat. Entre todo ese fuego a discreción disparado por este hombre que sigue sin darse cuanta de que su opción ha fracasado y de que le va a ser imposible cumplir su pretensión de montar un gobierno en el interior y otro gobierno, el suyo, el presidido por él, en Alemania o en Bélgica o en donde la cuadre cada vez, este personaje estrafalario y extraterrestre ha decidido que el señor Quim Torra sea investido presidente del gobierno catalán. Y lo ha elegido precisamente porque no sirve para el cargo, con lo cual espera poder manejarlo a su antojo como a un títere.

Quim Torra no ha ocupado nunca ningún cargo institucional. No tiene, por tanto, la menor idea de cómo se gobierna nada, ni siquiera una comunidad de vecinos. Es historiador, o eso dicen, así que habrá que precipitarse sobre su obra para escudriñar la altura de su capacidad intelectual y averiguar si su mente es capaz de situarse por encima, aunque sólo sea un poco, de su ideología. Porque  lo que sí tiene acreditado es que es un fanático, lo cual suele ser, aunque no siempre, un síntoma claro de estulticia. Pero no adelantemos acontecimientos y vayamos a bucear en su producción académica, si la tiene. Porque la realidad es que lo único que nos ha llegado de esa “producción intelectual” es la sarta de insultos lanzados contra España y los españoles, insultos de baja estofa, nada sofisticado, todo muy vulgar. Insultos que han sido convenientemente borrados de sus cuentas en redes sociales pero que constan en suficientes archivos como para tener la seguridad de que volverán a salir a la luz.

Puigdemont lo ha elegido porque no sirve para el cargo y espera poder manejarlo a su antojo como a un títere

Este será el nuevo presidente de la Generalitat y está ahí no por capaz sino por obediente  y eso es ya para alarmar al más pintado. Lo primero que habrá que comprobar es cómo se comporta institucionalmente. Es decir, si va a someter a la imagen del gobierno autonómico al bochorno y al sonrojo o , por el contrario, sabrá comportarse y guardar las formas, aunque sólo sean las formas políticas.  Podemos contar, habida cuenta de las barbaridades que ha echado por esa boca su jefe Puigdemont, con que nos deleitará con discursos incendiarios. Pero ha de saber desde el minuto primerísimo de su presidencia, que si pasa las líneas que la ley establece como límites, tendrá que  habérselas con los tribunales, algo que el presidente del parlamento catalán, Roger Torrent, tiene perfectamente claro desde el principio.

Así que lo que tenemos de momento es la seguridad de que habrá discursos encendidos, ni remota idea de gestión y un gobierno que ya está formado y pactado sin que él haya tenido arte ni parte y en el que las riendas las llevarán previsiblemente quienes tienen ya experiencia en estas lides que son Elsa Artadi y Pere Aragonés. Ellos dos serán los responsables de llevar adelante mal que bien la administración pública de Cataluña y es de esperar y de exigir que esas riendas estén bien amarradas y que no saquen al gobierno del  camino de la legalidad , cosa que obliga a estos dos políticos, por muy independentistas que sean, a comportarse de una manera sensata por el bien de su comunidad y por el suyo propio, y eso incluye desnaturalizar hasta la raíz la disparatada pretensión de Puigdemont de organizar un gobierno en el extranjero con capacidad ejecutiva.

En fin, se abre otra etapa llena como siempre de problemas, de fraudes y de trampas pero que se enfrenta, también como siempre, con el muro inexpugnable de la ley. Necesitaremos paciencia, que ya hemos acumulado en cantidades industriales, y la misma firmeza con la que llevamos años aguantando las embestidas del separatismo irredento. Qué le vamos a hacer.