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Lo que se dirán a la cara el "enano gordo" y el "trastornado mental"

Política

Lo que se dirán a la cara el "enano gordo" y el "trastornado mental"

Antes que presidente de los Estados Unidos, Donald Trump era, entre otras muchas cosas, estrella de realities de televisión. En El Aprendiz, que fue adaptado en todo el mundo aunque con escasísimo éxito en España, el magnate ponía a prueba a una serie de aspirantes a su trono de exitoso empresario. Se dividían en grupos, se les encargaban tareas y los que no conseguían realizarlas se enfrentaban cara a cara con Trump en un despacho para afrontar su fulminante despido.

El Aprendiz, como todos los realities que triunfan, tuvo también su versión VIP, con famosos de todo pelaje. En la segunda temporada de la versión celebrity del concurso participó Dennis Rodman, ex leyenda de la NBA, personalidad carismática y conflictiva, famoso por sus constantes excursiones a Corea del Norte, donde ha inoculado a Kim Jong-Un su pasión por el baloncesto. Rodman no duró mucho en el programa: fue expulsado a las primeras de cambio.

Años después, en 2014, cuando las primeras voces apuntaban a una posible intentona presidencial del magnate, el exjugador aseguró públicamente que Trump había manifestado interés en viajar a Corea del Norte con él. «El loco Dennis Rodman está diciendo que quería ir con él a Corea del Norte. Nunca hemos hablado de ello, no tengo ningún interés, es el último lugar de la tierra al que iría», respondió Trump.

Como es habitual en él, no dejó pasar la oportunidad de rematar el exabrupto en otro tweet: «Dennis Rodman debía estar borracho o drogado cuando dijo que quise ir con él a Corea del Norte. ¡Me enorgullezco de haberle despedido en El Aprendiz!». Era mayo de 2014, apenas cuatro meses después de que Rodman ingresase en una clínica de rehabilitación por sus de sobra conocidos problemas con el alcohol. Técnicamente, era una de las primeras menciones del futuro presidente a la dictadura asiática en sus redes sociales. Después vendrían muchas más.

Tal y como se anunció este jueves, Donald Trump y Kim Jong-Un se encontrarán en Singapur el próximo 12 de junio en una cumbre histórica, que da continuidad a la que el líder juche ya mantuvo con su homólogo surcoreano hace escasos días. Se escenificó en la frontera desmilitarizada entre ambos países. En esta ocasión se ha elegido un territorio neutral. Ambos líderes tienen muchos temas que tratar: la no proliferación, el régimen de sanciones que ahoga económicamente a Corea del Norte, las relaciones de este país con China, sus constantes pruebas de misiles balísticos, el mapa nuclear tras la ruptura del acuerdo con Irán…

La primera parte del encuentro se ha producido esta semana, con la visita a Pyongyang del secretario de Estado Mike Pompeo, que ha ultimado con el régimen norcoreano los detalles de la reunión y ha certificado la liberación de Kim Dong-chul, Kim Sang-duk y Kim Hak-song, tres ciudadanos nacidos en Corea del Sur que posteriormente habían adquirido la nacionalidad norteamericana y permanecían detenidos en el país condenados a distintas penas de trabajos forzados.

Nobel de la Paz tras dos años de insultos reiterados

Donald Trump lleva semanas hablando del logro que supone haber conseguido cerrar esta histórica fecha. En la misma semana en que se ha anunciado la ruptura del acuerdo con Irán, los fieles al presidente ya reclaman para él el Nobel de la Paz, comparando sus méritos con los que había hecho en su día Barack Obama, que recibió el galardón poco después de acceder a la presidencia. Y es cierto que tiene mérito, visto el extenso currículum de insultos, amenazas e improperios de toda clase que durante los últimos dos años se han cruzado ambos líderes por todos los canales posibles.

Ya en febrero de 2016, meses antes de ser proclamado oficialmente como candidato del Partido Republicano, Trump ya advirtió en una entrevista con la CBS de que se encargaría de negociar con China para que «hagan desaparecer» al régimen norcoreano «de una forma u otra, muy rápidamente». Sobre Kim Jong-Un se recreaba para decir que era «un mal tío». «No hay que subestimarlo. Cualquier joven que sucede a su padre, con todos esos generales y toda esa gente que probablemente aspira a su posición, no es una persona a la que haya que despreciar», regalaba sin embargo. También añadía que no tendría «ningún problema» en hablar con él.

Meses antes, durante uno de los debates de las primarias republicanas, se refería también a Kim Jong-Un como «un maníaco», adjetivo repetido en numerosas ocasiones para referirse tanto al líder norcoreano como a su régimen en general.

Con la presidencia ya asumida, el tono no se rebajó. Especialmente durante el verano de 2017, cuando el ejército norcoreano aceleró el ritmo de pruebas de sus misiles balísticos. El 4 de julio se probó el misil Hwasong-14, que generó una tremenda alarma en determinadas zonas de Japón, cerca de cuyas costas impactó el aparato, cuyo rango podría haber alcanzado Hawaii, Alaska y algunas ciudades de la costa este de los Estados Unidos. La siguiente prueba se realizó el día 28 de ese mismo mes, con el régimen norcoreano alegando que en esta ocasión sus misiles podrían haber impactado incluso en New York.

Ante las provocaciones, Donald Trump respondió con una escalada verbal en la que advertía a Corea del Norte que no toleraría «más amenazas». Fue entonces cuando acuñó una frase ya célebre, después convertida en libro contra su presidencia: «Les responderemos con fuego y furia como el mundo nunca ha visto». La respuesta de Corea del Norte puso a ambos países al borde del conflicto directo: amenazó directamente con atacar la isla norteamericana de Guam. Trump no recogió cable, preguntado por el «fuego y la furia»: «Quizá no fui lo suficientemente duro».

Analistas como el coronel Pedro Baños advertían entonces en El Independiente que ambos dirigentes se dedicaban a poner en práctica «la estrategia del loco»: parecer más desequilibrado que el rival para disuadirle de tomar cualquier acción ofensiva. Guerra Fría en su máxima expresión. Corea del Norte nunca atacó Guam, aunque siguió probando sus misiles cerca de Japón. Estados Unidos nunca puso un pie en Corea del Norte, aunque trasladó su retórica de Twitter a la Asamblea General de las Naciones Unidas.

«Destruiremos totalmente Corea del Norte», dijo Trump en un duro discurso, si los Estados Unidos se veían obligados a defenderse a sí mismos o a cualquiera de sus aliados. Y subrayó que no lo habían hecho todavía porque el país cuenta con «gran fuerza», pero también «paciencia». Como ya había hecho dos días antes en Twitter, ante la ONU Trump se refirió a Kim Jong-Un como «el hombre cohete» y afirmó que se encontraba «en una misión suicida».

«La acción es la mejor opción para tratar a un idiota», respondió oficialmente Kim Jong-Un a través de su agencia de noticias oficial. Dijo que el comportamiento de Trump era el de «un trastornado mental». «Kim Jong-Un es un demente al que no le importa matar de hambre a su pueblo. Será puesto a prueba como nunca antes», reaccionó Trump, en Twitter. Después, cuando Kim le llamó «viejo», el magnate norteamericano se preguntaba el motivo, cuando él «nunca le llamaría enano gordo». «He intentado por todos los medios ser su amigo, y quizá algún día lo consiga», rebajaba.

Durante meses la confrontación se centró en comparar cuántos misiles y de cuánto alcance tenía a su disposición cada ejército. Hasta el punto culminante del 3 de enero, cuando Donald Trump acudió a las redes sociales para dejar por escrito uno de sus tweets con más repercusión desde que es presidente: «Kim Jong-Un acaba de decir que el «botón nuclear está siempre sobre su mesa». Por favor, que alguien de su fracasado y hambriento régimen le informe de que yo también tengo un botón nuclear, pero el mío es mucho más grande y más poderoso que el suyo, y además funciona».

El comentario dio pie a numerosos artículos, e incluso a que algunos congresistas y senadores contactasen con expertos para evaluar las capacidades mentales del presidente. Como todas las amenazas anteriores, aquello quedó en nada. El propio Trump se autoexaminó: «Soy un genio». Dentro de apenas un mes, en Singapur, el «enano gordo» y el «trastornado mental» tendrán la opción de comprobar en directo quién tiene el botón más grande, y decidir si quieren mantener sus dedos sobre él.

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