“¿Puede una guerra en Twitter con un dictador jovencito enloquecido desencadenar un holocausto nuclear?” El comentarista político Howard Fineman se cuestionaba en esta red social el atómico alcance de las palabras del presidente de EEUU, Donald Trump, sobre las amenazas del líder norcoreano, Kim Jong-un. “Corea del Norte se encontrará con un fuego y una furia nunca jamás vistos”, dijo Trump. Antes el joven dirigente había prometido “un mar de fuego” al comandante en jefe de EEUU. Kim debería estar “muy nervioso”, insiste Trump. Nos han situado frente al precipicio de una guerra nuclear.

Con estas bravuconadas, “Trump ha empujado a EEUU al borde de una confrontación nuclear con Corea del Norte. Esperemos que haya vuelta atrás, pero es donde estamos. Y es Trump quien nos ha colocado ahí”, explica Jonathan Freedland en un artículo publicado en The Guardian en el que se plantea si hay manera de evitar que esta guerra de palabras desemboque en una confrontación abierta. El viernes Trump ha vuelto a advertir en Twitter que “las opciones militares están preparadas”.

En la península coreana viven 75 millones de personas, 50 millones en Corea del Sur y 25 en Corea del Norte, y hay estacionados 30.000 soldados de Estados Unidos. Serían, en teoría, los primeros objetivos de Corea del Norte, que tiene 15.000 cañones y lanzaderas de cohetes desplegadas en su frontera, apenas a unos kilómetros de la capital surcoreana, Seúl. Un cohete tardaría apenas 45 segundos en alcanzar Seúl. Japón también queda en primera línea para los norcoreanos. Rusia y China, potencias nucleares, observan la situación atentamente.

Corea del Norte, que lleva realizando ensayos nucleares desde hace 11 años, ha presumido este verano del lanzamiento de un misil balístico intercontinental (ICBM) que podría alcanzar ciudades de la costa oeste de América. También está avanzando mucho con los Hwasong-14 y ha realizado dos ensayos. Aún está lejos de poder amenazar Los Angeles, por ejemplo, con un misil balístico intercontinental con carga nuclear pero progresa a una velocidad muy superior a la calculada por los expertos.

Ha empezado a miniaturizar cabezas nucleares en misiles de corto y medio alcance, y se cree que en esta década tendrá misiles balísticos intercontinentales operativos. Avanza de forma constante y muy innovadora y es una amenaza para surcoreanos, y japoneses, sobre todo.

“Aún su tecnología es ruda, si bien han multiplicado el número de armas nucleares, pero tienen problemas para montar la carga nuclear en la ojiva del misil. En esta década pueden conseguirlo, o incluso en dos años. El riesgo ahora es que cometan errores de cálculo”, explica Vicente Garrido, miembro del Consejo Asesor Personal sobre Asuntos de Desarme del secretario general de la ONU. Los últimos cálculos estiman que el régimen norcoreano tendría unas 60 cabezas nucleares.

La desproporción en cuanto a armamento atómico y convencional es descomunal entre EEUU y Corea del Norte. Son David y Goliat. Setenta y dos años después del lanzamiento de las bombas Little Boy y Fat Man en Hiroshima y Nagasaki, que causaron la muerte a 225.000 personas en el acto y miles más los días posteriores, hay 15.000 armas nucleares en el mundo, 4.000 de ellas desplegadas. El 80% pertenecen a Rusia (unas 7.000) y EEUU (6.800),  potencias que siguen invirtiendo billones en su modernización.  Trump ha presumido también esta semana de que su primera orden como presidente fue renovar el arsenal nuclear, “ahora más fuerte y poderoso que nunca”.

La preocupación por esta escalada llevó al grupo Global Zero, una coalición global formada por ex militares y diplomáticos de una decena de países en la primavera pasada, a realizar unas recomendaciones a los líderes mundiales a finales de junio: “Consideramos que el riesgo de uso de armas nucleares es inaceptablemente alto y todos los Estados han de dar pasos para reducir este riesgo… EEUU y Corea del Norte han de mantener conversaciones bilaterales de inmediato sin precondiciones”.

Cuando surgió este grupo de gestión de crisis en abril, el asesor de George H. Bush en las negociaciones de armamento estratégico Richard Burt ya reconocía que “el ambiente político se ha deteriorado, no sólo en las relaciones con Rusia y EEUU… en situaciones de crisis hay un peligro nuclear que hemos de afrontar”.

“Me costaría creer que EEUU pueda desencadenar una guerra en esta zona tan compleja, pero es cierto que Trump es poco cuidadoso con un poder tan devastador como el que tiene. De él es la decisión final en un caso así, es el comandante en jefe, quien porta el maletín nuclear. Y multitud de guerras han empezado por equívocos o fallos de cálculo”, explica Pedro Rodríguez, profesor de Comunicación Política en la UCM y antes experimentado corresponsal en Washington, quien se inclina a pensar que “no puede estallar una guerra porque saben que los dos se harían mucho daño”.

Rodríguez explica cómo Trump recurre a la fake force, como a las fake news, en un artículo titulado Todos los generales del presidente. “El único objetivo de estos alardes sería reforzar la apariencia de líder decisivo”. Sin embargo, aclara que el efecto está siendo el contrario: “Aumenta una percepción de debilidad pese a liderar la mayor potencia militar del mundo. Con el inquietante riesgo de que alguna de estas jugadas termine sumándose a la larga lista de conflictos armados iniciados de forma accidental”.

Lo cierto es que Trump y Kim Jong-un están, como lo denomina el semanario The Economist, en un “riesgo de colisión que puede desembocar en una guerra que nadie quiere, pero que ambos ven difícil de evitar”. El líder norcoreano quiere demostrar que tiene capacidad de lanzar misiles balísticos intercontinentales, mientras que Trump ha de dejar claro que tiene la fuerza militar para evitarlo.

Trump y Kim Jong-un están en “riesgo de colisión, que puede desembocar en una guerra que nadie quiere, pero difícil de evitar”, dice ‘The Economist’

En palabras de Isabel Hilton, directora de China Dialogue, “el peligro ahora es que dos regímenes nacionalistas que ahora lideran dos dirigentes sin experiencia pueden colocarse en posiciones de las que luego no puedan echarse atrás. Los costes de una guerra serían de unas dimensiones inimaginables, pero la insensatez de la escalada es realmente preocupante”. Y añade que China quizá podría contener a Corea del Norte, pero quién sabe cómo parar a Trump. “Es muy peligroso, una combinación de ignorancia, con inestabilidad y el poder sobre la máquina de guerra más letal del mundo”, añade.

Pedro Rodríguez recuerda cómo “hasta ahora EEUU optaba por la distensión, porque una guerra haría daño a todo el mundo, pero con Trump y Kim tenemos una combinación poco tranquilizadora”. En todo caso, cree que “si Corea del Norte se viera amenazada, utilizaría armas de destrucción masiva, pero de momento es una guerra de propaganda, si bien la amenaza es cada vez mayor”.

A Vicente Garrido le parece que el gobierno de Corea del Norte “es un maestro del chantaje nuclear”. Han anunciado por ejemplo que lanzarán misiles a Guam a mediados de agosto. “Saben que si atacan Guam, es su final, serían destruidos, así que, si lo hacen, se quedarán a 40 kilómetros. Provocan sin llegar a atacar un territorio. Hasta ahora no lo han hecho. Lanzan misiles al Mar del Japón (o Mar del Este) intencionadamente”, señala el experto.

Corea del Norte es maestro del chantaje nuclear… Saben que si atacan Guam, es su final, así que se quedarán a 40 km para provocar”, dice Vicente Garrido

La estrategia norcoreana en este conflicto está clara, a juicio de Garrido. Tensan la cuerda con el fin de conseguir que se suavicen las sanciones. Ahora están preocupados porque las últimas afectan gravemente sus ingresos, concretamente pierden un tercio de sus exportaciones, y además China, su tradicional aliado, las ha respaldado. “Siempre actúan así en verano para lograr algún beneficio de cara al crudo invierno, previas conversaciones en otoño. Pero ahora la incógnita es qué hará Trump, si está dispuesto a sentarse en una mesa”, añade.

“Si actúa sobre Guam directamente, Kim sabe que es su destrucción, y busca lo contrario, sobrevivir. Es cierto que puede haber fallos de cálculo porque su sistema de misiles es rudimentario, pese a los avances, y eso conllevaría una respuesta militar de EEUU”, afirma Garrido.

Si EEUU se ve atacado en sus bases o ve que se ataca a sus aliados tendría respaldo en la zona para una acción mayor, pero ha de tener cuidado si emprende la ofensiva de forma desproporcionada. Las vidas de miles de personas en la península coreana, Japón o Guam estarían en serio peligro. Y para hacerlo tendría que contar con Seúl y Tokio.

Los misiles de corto alcance de Corea del Norte, desde los Scud, KN-11 y Nodong, con un alcance de hasta 800 millas, amenazan Corea del Sur y Japón desde hace décadas. Con los Hwasong-12, probados en mayo y con un alcance intermedio de 3.000 millas, podrían llegar hasta Guam, aunque no se sabe con qué precisión ni con qué carga. En julio ensayó por primera vez el Hwasong-14, que son los que tocarían territorio americano, Alaska o San Diego.

“En el caso de la operación sobre Guam resulta curioso que lo anuncien con tanta precisión los norcoreanos. Sería la primera vez que lanzaran un misil en posición horizontal dirigido a un objetivo, no en trayectoria parabólica. Lo más previsible es que caiga al mar y que EEUU movilice la VI Flota, active el sistema antimisiles THAAD en Corea del Sur, y logre interceptar misiles norcoreanos, pero no tendría respaldo para ir más allá, a no ser que sus bases sean directamente golpeadas”, remarca.

El periodista Santiago Castillo, director de Asia Northeast, está convencido de que no habrá guerra. “A nadie le interesa. Ni a EEUU, ni a China, ni a Corea del Norte, que sabe que sería destruido, ni al Sur, ni a Japón. Sólo por un error de cálculo se desencadenaría un conflicto”, afirma Castillo, quien destaca cómo Corea del Norte está ganando la única guerra que ahora se está librando, la guerra mediática. “Consiguen que hablemos del régimen, así siguen existiendo, no sabemos hasta cuándo”, señala el periodista, que fue corresponsal en Corea y viaja con frecuencia a la zona.

China, clave para la distensión

Si hay una potencia a la que no le interesa nada que la región se convierta en un caos, es China, inmersa en importantes reformas y en vísperas de un congreso del partido trascendental. “Ahí se abriría la caja de Pandora. Es el único actor con capacidad mediadora creíble. Kim Jong-un no goza de la simpatía de Pekín. De hecho, no ha visitado aún la capital. Pero un cambio de régimen afectaría a la estabilidad de la región. A su vez quiere evitar tensiones con Washington”, señala Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China.

La apuesta de China para la zona es la doble suspensión. Es decir, que se suspendan los ejercicios militares conjuntos de Corea del Sur y EEUU, y a la vez que Corea del Norte renuncie a realizar más ensayos nucleares. Está lejos de tener éxito esta estrategia. En este momento, como confirma Xulio Ríos, “China tiene otras prioridades, que no pasan por Corea del Norte, pero sigue teniendo capacidad de presión económica. Lo que nunca va a permitir es la unificación de la península coreana”.

Al líder chino, Xi Jinping, el joven Kim Jong-un le parece incómodo e imprevisible y por ello han dado pasos como aprobar las sanciones en contra de Pyongyang por primera vez. Es precisamente la reacción a estas sanciones lo que explica la furia del líder norcoreano y su interés en probar que Corea del Norte sigue teniendo músculo nuclear.

En caso de conflicto, China intentaría apaciguar las aguas y llevar a las partes a conversaciones”, explica Xulio Ríos

“En caso de conflicto, si bien rige un tratado entre China y Corea del Norte desde 1961, es dudoso que Pekín atizara el fuego. Intentaría apaciguar las aguas y llevar a las partes a las conversaciones. Pero descarto el conflicto porque sería una locura, incluso en términos norcoreanos. Saben que no tienen condiciones para enfrentarse a EEUU”, afirma Ríos, quien apunta como un escenario bélico próximo la frontera que se disputan India y China junto a Bután, donde se están concentrando soldados “sin apenas eco en los medios”.

Según Isabel Hilton, “lo último que China quiere es una confrontación directa con EEUU, que sería desastrosa para las dos partes, pero China no sería neutral si es EEUU el que toma la iniciativa militar. China apostará por la diplomacia y confiará en que el resultado sea un declive de la influencia de EEUU, lo que beneficiaría a China. EEUU habría de asumir que se arriesga a enfrentarse a China de una u otra forma, lo que debería actuar como un elemento de disuasión”.

La península coreana ya vivió una guerra cruenta entre 1950 y 1953. Kim Il-sung, abuelo del actual líder norcoreano, apoyado por China y Rusia, invadió el sur y EEUU salió en apoyo de Seúl. Murieron tres millones de coreanos, hubo unos diez millones de desplazados y una devastación total. El 27 de julio de 1953 se firmó un armisticio y aún hoy los dos países siguen técnicamente en guerra.

Un escenario apocalíptico

Corea del Norte dedicó en 2016 un 16% del PIB a Defensa y su ejército se compone de 1,1 millones de soldados y otros 7,5 millones tienen funciones paramilitares y reservas. Combina armas químicas y biológicas de destrucción masiva con armamento obsoleto. Su aviación tampoco está muy avanzada. Pero causarían gran daño porque Seúl está a pocos kilómetros de la Zona Desmilitarizada, donde se divide la península de Corea. Los 10 millones de habitantes de Seúl quedan en el objetivo de unos 15.000 cañones y lanzaderas de cohetes.

Desde la Segunda Guerra Mundial el mundo no se ha visto inmerso en ningún conflicto con armas nucleares. Como recuerda Patricia Lewis, de Chatham House, en su artículo ¿En qué medida hemos de estar preocupados por una guerra nuclear con Corea del Norte?, “si Corea del Norte usara armas nucleares en Guam o en otra base, dependiendo de cómo y dónde, muchos podrían morir. Pero si EEUU contesta con armas nucleares, estaría respaldado por sus aliados pero no tanto por Rusia y China, incluso por su población. Los países han creído hasta ahora en las armas nucleares como elemento de disuasión pero si fracasa esta estrategia, veremos lo que ocurre en el noreste de Asia”.

En una escena de política ficción The Economist retrata en su último número cómo sería una guerra en la Península coreana. A la desesperada Kim lanzaría todo su arsenal nuclear contra Corea del Sur, que lograría interceptar varios misiles gracias al sistema THAAD y varios Patriot. Sin embargo, dos misiles de alcance corto llegarían a Seúl y ocasionarían 300.000 muertos, surcoreanos y también miliares americanos, y muchos más por la radiación en los meses posteriores.

Trump recurriría entonces a la última bomba nuclear de EEUU, la B61-12, que caería sobre Pyongyang desde un bombardero B2. Con cuatro bombas de este tipo, terminaría la guerra de Corea. Más de un millón de personas tratarían de huir de Pyongyang y China se encontraría con una catástrofe humana en su frontera y se quejaría de que ha caído material letal en varias de sus ciudades debido al viento. El mundo se hundiría en una recesión global. Trump tuitearía: “El ataque nuclear del diablo de Kim sobre Seúl fue malo. Tuvimos que lanzar la bomba. ¡América está a salvo de nuevo!”

Hasta ahora había sido en la crisis de Bahía de Cochinos en 1961 cuando “el mundo ha estado más cerca de la guerra nuclear global, más incluso de lo que se creía”, según Patricia Lewis. Al frente de EEUU estaba un John F. Kennedy que poco tiene que ver con Donald Trump. Hubo más ocasiones menos conocidas.

En 1983, un año convulso en las relaciones entre EEUU y la URSS, el soviético Stanislav Petrov, un oficial del ejército de la URSS al mando de una estación de vigilancia de alerta temprana evitó una intervención de gran calibre. Sus radares parecían detectar el lanzamiento de misiles balísticos, pero tuvo paciencia, realizó más comprobaciones y evitó dar la señal de alarma. Su vida se cuenta en la película El hombre que salvó al mundo, interpretada por Kevin Costner. Esperemos que en este verano de 2017 también haya un Stanislav Petrov de guardia.