En el trasfondo de la última escalada bélico/retórica que enfrenta a Estados Unidos y Corea del Norte yace una pregunta: ¿Por qué ahora? Las amenazas y las provocaciones entre ambas naciones llevan siendo una constante desde los años 60 y, aparte de las maniobras conjuntas que cada mes de agosto realizan en Corea del Sur las fuerzas asiáticas y norteamericanas, no debería haber una razón que justifique la tensión que ha marcado las últimas 48 horas, con Donald Trump amenazando con “fuego y furia” a Corea del Norte y el régimen de Kim Jong-Un respondiendo con una referencia directa a la isla de Guam. Pero sí las hay, y responden al nombre de cabezas nucleares miniaturizadas.

No es un secreto que Corea del Norte trabaja desde hace más de una década en desarrollar su arsenal nuclear. Ha hecho públicos, de hecho, cinco test subterráneos con potencias que han evolucionado desde los 0,7 kilotones del 9 de octubre de 2006 hasta los 30 que consiguieron desplegar en su última prueba, ejecutada el 9 de septiembre de 2016 en las instalaciones militares de Punggye-ri. Las pruebas subterráneas lo fian todo a las estimaciones e impiden que el resto de naciones consigan datos concluyentes, pero hasta ahora existían dos consensos. Uno: Corea del Norte posee armamento nuclear. Dos: el régimen de Kim Jong-Un no puede utilizarlo porque es incapaz de transportarlo en sus misiles de corto, medio o largo alcance. Hasta ahora.

Corea del Norte ya ha superado el hito que la OTAN lleva temiendo durante todo el siglo XXI. Este martes, el Washington Post informaba de que la Defense Intelligence Agency de los Estados Unidos ha tenido conocimiento de que el ejército norcoreano ha conseguido miniaturizar una cabeza nuclear hasta hacerla transportable en su flota de misiles. Se trata del requisito básico para que un Estado sea considerado una potencia nuclear y esta misma semana ya lo había deslizado el ministro japonés de Defensa, Itsunori Onodera, que concedió que había “evidencias” de que esta circunstancia se había producido.

60 cabezas nucleares…como mucho

Entonces, ¿cuál es la amenaza real que a día de hoy representa Corea del Norte? La respuesta difiere según el interlocutor, pero ni siquiera las estimaciones más alarmistas sitúan al régimen juche por encima de las 60 cabezas nucleares. Esto es menos que las 80 de las que dispone Israel, las 140 de Pakistán o las 260 de China. Son muchas menos que las 6.800 que almacenan los Estados Unidos y las 7.000 que tiene disponibles Rusia.

Otros analistas conceden un máximo de entre 20 y 25. Es el caso de Siegfried Hecker, el último oficial norteamericano en inspeccionar en persona -siete veces entre 2004 y 2010- el programa nuclear de Corea del Norte, que advierte de los riesgos de “sobredimensionar la amenaza” que representa el país asiático. “A muchos les gusta pintar a Kim como a un loco y eso hace que la gente piense que es intocable. Ni está loco ni es un suicida. Ni siquiera es impredecible”, analizaba Hecker en el citado artículo, en la misma línea que declaraba a El Independiente Pedro Baños, coronel en la reserva del Ejército español: “Tanto Trump como Kim Jong-Un tratan de parecer más locos que el contrario para disuadirle del ataque”.

Corea del Norte ha conseguido por primera vez cabezas nucleares transportables, pero las 60 que ya tendría siguen sin serlo

En todo caso, que Corea del Norte haya conseguido por primera vez miniaturizar armas nucleares hasta transportarlas en misiles de corto, medio o largo alcance no significa que sus 60 cabezas nucleares cumplan estos requisitos, sino que las que desarrollen a partir de ahora podrían hacerlo. Las anteriores seguirían siendo exactamente igual de inutilizables dada la debilidad estratégica de las fuerzas armadas coreanas, que lo fían todo a una defensa numantina y a la fuerza balística a distancia. Su marina es insignificante y su fuerza aérea del siglo pasado: fuera de su península, Corea del Norte no puede actuar si no es con misiles, y por tanto no puede utilizar sus 60 bombas nucleares si no es siquiera capaz de hacerlas volar en aeronaves hasta sus objetivos sin que éstas sean derribadas antes.

Misiles Hwasong: alcance sin precisión

Surge aquí la otra pregunta básica: hasta dónde son capaces de volar actualmente los misiles de Kim Jong-Un. La respuesta depende del tipo, pero cada vez más lejos. Además de los clásicos misiles de defensa naval, la marca emblemática de la balística norcoreana responde al nombre de Hwasong.

La primera línea de ataque de Corea del Norte la conforman los misiles Hwasong-5, de los que el ejército asiático dispondría en un número de entre 150 y 200 y que ofrecen un alcance cercano a los 350 kilómetros. Esto no es suficiente para alcanzar las costas japonesas, aunque sí para golpear la práctica totalidad de Corea del Sur, incluidas ciudades como Seúl -25.6 millones de habitantes en su área metropolitana- o Daegu -2.5 millones-.

El misil más numeroso de la armada norcoreana es el Hwasong 6, que podría alcanzar la costa oeste de Japón

Sin embargo, el misil más numeroso en el arsenal norcoreano es la evolución de este, el Hwasong-6, con alrededor de 400 unidades disponibles y un rango de alcance máximo de 700 kilómetros, suficiente para alcanzar el extremo occidental de Japón -ciudades como Hiroshima, Nagasaki o Fukuoka-, aunque no Tokyo, Osaka ni la isla norte del país.

Para alcanzar la capital nipona, situada a poco más de 1.000 kilómetros de la costa oriental de Corea del Norte, el régimen de Kim Jong-Un tendría que montar sus cabezas sobre misiles Hwasong-7, que pueden alcanzar una autonomía de 1.600 kilómetros con guiado GPS y un margen de error en el objetivo cercano a los 200 metros. Este es uno de los principales misiles operativos de las fuerzas armadas norcoreanas, aunque se desconoce con exactitud el número de los que dispone. De su hermano mayor, el Hwasong-10, existen actualmente unas 50 copias, aunque los datos sobre sus pruebas son confusos.

Estados Unidos reconoce que el Hwasong-14, en trayectoria estándar y con sistema de precisión, podría alcanzar Los Ángeles

El comunicado con el que Corea del Norte amenazó en la madrugada de este miércoles a Estados Unidos con atacar a la isla de Guam, sin embargo, hacía referencia a una de las últimas innovaciones de la fuerza balística norcoreana: el Hwasong-12, al que las agencias oficiales confieren un alcance máximo de 6.000 kilómetros, más que suficientes para alcanzar la isla -3.200 km-. La siguiente evolución, el 14, podría llegar incluso a Hawaii, Alaska o la costa oeste norteamericana. Corea del Norte probó este misil por última vez el pasado 28 de julio y Estados Unidos reconoció que el aparato había volado durante 45 minutos, ascendido hasta los 3.700 kilómetros y recorrido una distancia de unos 1.000.

Esto, según reconocieron expertos internacionales, significa que con una trayectoria estándar el proyectil podría haber alcanzado ciudades estadounidenses como Los Ángeles, Denver o incluso Chicago. Para esto, no obstante, Corea del Norte debería contar con un sistema de guiado y precisión del que actualmente sólo dispone en su armamento de corto alcance, se duda que en el de medio y en ningún caso en el de largo. El análisis detallado del vídeo, además, denota que el misil no soportó la temperatura de reingreso a la atmósfera y que se desintegró antes de tocar tierra -agua, en este caso-. El arma con el que Pyongyang amenaza a Guam, por tanto, no es operativa a día de hoy, como tampoco se ha demostrado que el cohete espacial Taepodong-2 pueda ser utilizado actualmente con fines bélicos.

‘El fin de un régimen y la destrucción de un pueblo’

El riesgo se centra entonces en un posible ataque de proximidad dirigido contra Corea del Sur o Japón. Una temeridad que forzaría la reacción inmediata de Estados Unidos y obligaría a posicionarse definitivamente a potencias vecinas como China y Rusia, con enormes intereses en la región. La posibilidad de un conflicto a escala global en ese escenario es cierta, como cierto es que Pyongyang mantiene desde hace años 5.000 cañones apuntando directamente hacia Seúl, donde regularmente permanecen en alerta cerca de 30.000 tropas del ejército norteamericano.

El secretario de Defensa de la administración Trump, James Perro Loco Mattis, advirtió este miércoles de las consecuencias de que uno sólo de ellos se activase. Y lo hizo sin desmerecer la “furia y el fuego” a los que hizo referencia su presidente. “Corea del Norte debe dejar de aislarse y frenar su carrera nuclear”, advirtió antes de la traca final: “Deberían abandonar la consideración de cualquier acción que pueda desembocar en el fin de su régimen y en la destrucción de su pueblo”.