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La Argentina de Macri pierde peso

El presidente hace frente al peor momento de su gestión, debido a que el elevado endeudamiento le ha llevado a buscar la ayuda del FMI, pese al elevado rechazo que despierta la institución entre los argentinos, marcados por el recuerdo del 'corralito'

El presidente argentino Mario Macri

El presidente argentino, Mario Macri, en una intervención reciente. EFE

“No nos une el amor sino el espanto/ Será por eso que la quiero tanto”. Es lo que decía el escritor argentino Jorge Luis Borges sobre su ciudad natal, Buenos Aires. El espanto marcó a una generación de argentinos víctimas de la represión. Reconquistada la democracia, cobra fuerza el miedo a la crisis que acecha como un fantasma  escondido tras cada subida de precios, cada devaluación del peso, cada nuevo endeudamiento. Sobre todo, tras las siglas malditas, FMI. La Argentina de Macri, que acude al Fondo Monetario Internacional como un salvavidas, pierde peso y la fe de la clase media se desmorona.

Después de 12 años de kirchnerismo, Mauricio Macri llegó a la Presidencia en 2015 gracias al apoyo fundamentalmente de la clase media. La herencia recibida por Macri era una losa. La economía estaba hecha trizas por un déficit púbico elevado, alta inflación (30-40% pero oculta), servicios básicos subsidiados y por las restricciones del cepo cambiario limitaciones a la compra de dólares).

La tarea de Mauricio Macri (Tandil, 1959) estaba a la altura de su ambición. Hijo de un rico empresario, su meta en la vida era superar las expectativas paternas. Ganó gran popularidad como presidente del emblemático club de fútbol Boca Juniors (1995-2007), luego fue gobernador de la provincia de Buenos Aires (2007-2015)  y en 2015 cumplió su sueño de derrocar al kirchnerismo sin competir con un Kirchner.

Su misión era tan simple como cruzar las cataratas de Iguazú por un alambre a la vez que hacía un asado», dice ‘The Economist’

Según The Economist, Macri acometía un desafío titánico para enderezar la economía argentina. La revista utiliza un símil de carácter circense: “Su misión era tan simple como cruzar las cataratas de Iguazú por un alambre a la vez que hacía un asado”. En los primeros 18 meses parecía que no iba desencaminado: el crecimiento rondó el 3% anual, y estaba eliminando progresivamente algunas distorsiones introducidas en la etapa anterior. Algunas muy rápido, como el cepo cambiario, otras de forma gradual.

Gradualismo es como denominaron a su forma de aplicar las reformas, mucho más lenta que lo requerido por las instituciones internacionales pero más rápido de lo que la clase media puede afrontar. Las subidas de los servicios básicos (transporte, luz, agua) han dejado mermada la capacidad adquisitiva de muchos de sus votantes. Y solo acaba de comenzar el recorte. El Congreso acaba de echar atrás esta semana otro nuevo tarifazo.

El gobierno de Macri, neoliberal aunque difícil de etiquetar, no tenía una varita mágica sino que aprovechó los buenos vientos en la economía internacional, con bajos tipos de interés y un dólar asequible, para engrosar la deuda de Argentina. En dos años el endeudamiento externo asciende a 60.000 millones de dólares (un récord mundial).

Cuando el dólar sube de cotización, el pago de esa deuda y sus intereses asfixia la economía. Argentina ha sufrido esa presión alcista especialmente por sus números rojos (déficit público del 5%, déficit comercial de 8.500 millones de dólares en 2017 y una inflación heredada de Kirchner de un 25%). Ahora con la devaluación (un dólar equivale a 22,98 pesos y la moneda argentina pierde cada vez más valor), la inflación será mayor, los tipos ya están en el 40% (para evitar compra de dólares y fuga de capitales), de modo que la economía puede estancarse.

El diluvio que arrecia estos días en Buenos Aires retrata bien lo que sucede en esta Argentina que vuelve a acudir al FMI en busca de una línea de crédito, de unos 30.000 millones de dólares, según se calcula ya que se trata de un crédito stand-by. El tipo de interés sería aproximadamente de un 4%, mucho menor que en mercado, pero el FMI, pese a elogios recientes a los pasos dados por Macri, impondrá ajustes, y reformas del mercado laboral y de las pensiones.

Paradójicamente, pese a las lluvias de esta semana en la capital, en el campo argentino lo que preocupa es una sequía histórica, que ha afectado al 80% de los cultivos, sobre todo de soja y maíz, base de las exportaciones agrícolas.

El presidente justificó en una alocución la demanda al FMI, algo que en campaña prometió no hacer. Cristina Kirchner lo evitó durante su mandato. La Casa Blanca emitió una nota de apoyo a las políticas económicas reformistas de Macri. El ministro argentino de Finanzas, Luis Caputo, ha anunciado que el país también pidió ayuda financiera al Banco Mundial (BM), al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y al Banco de Desarrollo de América Latina-CAF.

Aún así el martes próximo pasará una nueva prueba al vencerse las Letras del Banco Central (Lebac) en pesos por unos 30.000 millones de dólares. Su alto rendimiento atrajo al capital extranjero que ahora huye del barco blanquiazul.

España, el país con mayor inversión en Argentina, también respaldó la iniciativa argentina ante el FMI. En 2017 el comercio entre España y Argentina creció más de un 20%, y rozó los 2.900 millones de euros. Las exportaciones aumentaron más del 50% y las importaciones un 3,7%.

Entre las empresas afincadas en Argentina, y por lo tanto expuestas a sufrir daños sobre todo por la depreciación del peso, están Telefónica, Santander (Santander Rio); BBVA (Banco Francés); Mapfre; Gas Natural Fenosa; Elecnor o Endesa. La filial de Telefónica se está cuestionando su salida a Bolsa, tras esta tormenta.

“Dadas las políticas adoptadas por Macri en estos dos años y medio para resolver los problemas heredados del kirchnerismo, no le quedaban muchas opciones más que acudir al FMI. Pero fue Macri quien se metió en ese callejón sin salida. El macrismo agravó problemas heredados del kirchnerismo como el déficit de divisas o el déficit fiscal. Ahora habrá un ajuste mayor y mayor malestar social. El peronismo y el kirchnerismo se están ilusionando con poder vencer a Macri en 2019”, explica Alejandro Rebossio, redactor jefe de economía de la revista argentina Noticias.

La ex presidente Cristina Fernández de Kirchner ha mantenido un perfil bajo, si bien en su cuenta de Twitter ha criticado la política económica del gobierno actual. Sus asesores le habrían aconsejado discreción y parece que eso favorece su popularidad.

Sin embargo, su hijo Máximo Kirchner, desde la bancada en el Congreso arremetió contra el presidente: “Que hable inglés no significa que entienda de política internacional”, en referencia a su falta de previsión ante la anunciada subida del dólar.

La oposición se unió para rechazar el alza de precios de servicios básicos en el Congreso, donde no tiene mayoría la alianza Cambiemos en la que se integra Propuesta Republicana de Macri y desde sus filas les reprocharon su demagogia. “Demagogia es ir a un debate presidencial y decir que no habrá tarifazo y luego hacerlo”, sentenció el líder de La Cámpora.

“La irresponsable postura de la oposición, que incluso quiere congelar las tarifas, agrava las cosas. Solo pensando en gobernar, el peronismo y sus aliados carecen de perspectiva futura, ya que lo único importante es la derrota del macrismo”, escribía recientemente Carlos Malamud, investigador del Real Instituto Elcano en un artículo titulado Entre el dólar y el peronismo. Malamud aconsejaba “un mayor esfuerzo didáctico para transmitir los objetivos de las políticas públicas”.

El apoyo a Macri había caído hasta un 35% esta semana, pero su imagen puede sufrir aún más. Por ello, el oficialismo ha lanzado una campaña con el emblema “Está pasando” para explicar los avances de estos dos años. «Años pasando por esta ruta destruida, miren ahora, una seda», dicen para mostrar su inversión en infraestructuras, por ejemplo. La oposición ha contraatacado contando la deriva de la economía bajo el mismo lema.

A principios de año su reelección en octubre de 2019 parecía un hecho. Ahora intenta evitar un default (impago) y que la situación se deteriore aún más en vísperas electorales. Por eso ha acudido al FMI. Mientras, la oposición se hace ilusiones de un renacimiento inesperado, y suena como recambio a Macri dentro de Propuesta Republicana (PRO) la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal.

Argentina, como recuerda el Financial Times, es un país peculiar. Como dice un viejo chiste hay en el mundo cuatro tipos de economías: desarrolladas, en desarrollo, la de Japón y la de Argentina. Hace 100 años era la décima economía del mundo, hoy ocupa el puesto 87. Ha estado en suspensión de pagos ocho veces y ha buscado programas de ayuda del FMI 20 veces en 60 años. La crisis de 2001 llevó a uno de cada cinco argentinos al paro.

Pronunciar FMI en Argentina es mentar a la bicha porque las siglas se asocian a las estrictas medidas impuestas al país tras el corralito. En diciembre de 2001 el gobierno de Fernando De la Rúa prohibió a los argentinos la libre disposición del dinero depositado en los bancos, lo que desencadenó protestas, derivó en la huida en helicóptero de De la Rúa, y con un rescate del FMI en condiciones draconianas.

No es de extrañar que un 75% de los argentinos estén en desacuerdo con acudir al FMI; de ellos, un 58% de votantes de Macri. La mayoría de los argentinos (un 57%) cree que el presidente no podrá afianzar su programa económico. Como si no pudiera soportar otro susto, De la Rúa ha sido hospitalizado esta semana con una dolencia cardíaca, de la que parece recuperarse.

La situación no se parece a la vivida con De la Rúa. Tendría que deteriorarse mucho la economía para llegar a eso», afirma Alejandro Rebossio

“La situación no se parece a la vivida con De la Rúa. Tendría que deteriorarse mucho la economía para llegar a lo que se vivió con el corralito. En esa época el tipo de cambio era fijo (no se podía devaluar), también había un endeudamiento enorme en dólares del sector privado y de particulares. El sistema colapsó porque casi todo el mundo tenía sus ahorros en dólares y a su vez los bancos los habían prestado y los particulares no  podían devolver los créditos. Ahora pocos tienen ahorros en dólares aquí. En lo que se parece la situación es en que la deuda es difícil de pagar y en que el peso está devaluado, aunque la magnitud es menor que entonces”, señala Rebossio, de la revista Noticias.

Sin embargo, en el imaginario colectivo hay palabras que el argentino asocia de forma automática: crisis, colapso, angustia, FMI, dólar. “No hay argentino que no crea que en algún momento llegará una crisis. Acá decimos que quien se quemó con leche ve una vaca y llora. Y cuando decimos crisis pensamos en pobreza, desempleo, hambre y descomposición social”, afirma el porteño Alejandro Bellotti, que tenía 27 años cuando estalló el corralito.

La palabra corralito para referirse al cierre bancario la utilizó por primera vez el periodista argentino Antonio Laje. Hizo el símil con el parque infantil en el que los bebés están a resguardo pero no pueden salir. El dinero de los argentinos quedó así durante un año.

El ‘corralito’ nos marcó a quienes lo vivimos. Jamás volvimos ni volveremos a confiar en nuestro sistema económico», dice Bellotti

“En 2001 yo estudiaba y trabajaba pero no tenía ahorros. Mi padre, sí. Cuando pesificaron los ahorros (siempre hemos desconfiado del peso), mi padre perdió todo. Todos los ahorros de su vida. Eso lo destruyó. Pasó por una depresión, luego sufrió cáncer, un infarto y ahora vive en un geriátrico. Aquello nos marcó a todos los que lo vivimos. Jamás volvimos ni volveremos a confiar en nuestro sistema económico”, añade Bellotti.

De forma intuitiva, sin atender a los argumentos económicos, concluye: “En la calle, la sensación es que volverá el corralito, más crisis y angustia, desazón. El aumento desmedido de los precios, la devaluación, el endeudamiento y ahora la búsqueda de ayuda en el FMI, todo junto provoca malestar y un mal humor social peligroso. Y un argentino cuando explota no va con un cartelito pintado a mano a protestar frente al Congreso”.

A pesar de este decepcionante panorama, a muchos argentinos aún les queda a salvo el sentido del humor. Los memes sobre Macri y el FMI han inundado las redes sociales. También le dedican canciones, adaptadas a la circunstancias, como Macri ciao (con la música de Bella ciao).

Incluso Alejandro Bellotti concluía su plática con una nota de humor negro: “Nosotros tenemos dos certezas: la primera es que todos moriremos antes o después. Eso lo sabe toda la humanidad. Hay otra certeza que a los argentinos nos espanta: algún día explotará todo”. Será por eso por lo que a Argentina la quieren tanto.

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